domingo, febrero 04, 2018

LA MÚSICA EN PALACIO



 A diferencia del planteamiento de los programas anteriores que estaban en la línea de la música que conmueve, que te sorprende o  te arrebata, o que en su expresión más sublime se pone al servicio de la adoración al Altísimo, al pensar en la relación entre las músicas y los palacios me vienen a la mente como dos sombras que me han empañado siempre el mundo de la música culta.

La primera es la de la sospecha de su cercanía o de sus connivencias con el poder.  No sé cómo lo sentís vosotros, pero cuando yo veo la música como adorno de los poderosos en esos conciertos u operas a los que ha ido siempre la crema y nata de la sociedad, o cuando tienes noticia de la veneración a la música de los nazis, o de los grandes zares, o de la gente rica de todos los tiempos, te entra como un escalofrío o una inquietante sospecha respecto a la propia música que les adorna.

La segunda sombra es la que tiene que ver con esa división que la Estética o la gran Cultura creó  entre “artes mayores” y “artes menores”  menospreciando el papel de la “decoración”. Y es que cuando la música se pone al servicio de un rey o de una corte, es lógico que no pase de mero artificio decorativo y el músico sea no más que un criado.  

No sé si recordáis o conocéis el famoso insulto que le propinó John Lennon a Paul McCartney en una de las canciones de su primer disco en solitario (el famoso Imagine) cuando en uno de los versos de una del tema titulado How do you sleep?  le suelta que “your sound is muzak in my ears”. Yo lo recuerdo de justo cuando salió el disco en 1971 porque me impresionó muchísimo. Descubrí entonces el concepto de la “muzak” es decir, de la música light o música decorativa, luego música “ambiente” hecha no para ensalzar el espíritu sino más bien para adormecerlo embelleciendo levemente  un lugar o una ocasión.

Pues bien, cuando quise acercarme a la música de Lully, de Marin Marais, de Couperin o de Rameau, es decir, de todos los grandes músicos de Versalles, me era imposible escucharla sin pensar en la vida dentro del gran palacio francés. Para adentrarse en esa música yo me compré un caja de 20 CDs editada con el título de 200 años de música en Versalles que tiene un poco de todo.

Escuchamos por ejemplo un fragmento de un Concierto de Lully hijo para la cena del Rey y mientras suena… pues…, lo normal, ….. miramos de reojo a las damas que se sientan a la mesa, a los suculentos guisados, a la espléndida cubertería, al gesto que tiene hoy el Rey, a la nueva vajilla que decora la mesa… etc. etc;  vaya, que prestamos atención a todo eso menos a la música.

CD5 nº19



La segunda pieza que he seleccionado para este programa fue compuesta en España por un italiano y la descubrí en un barco inglés que perseguía a un bucanero francés. Toda una muestra de europeísmo de la época: todos persiguiéndose a matar pero unidos por la música (!). La tocaban al violín y al cello, el capitán y el médico del barco. Con estos pocos datos ya sabrán a qué me refiero: a ese mágico momento de la película Master and Comander en que los dos protagonistas interpretan La Música Nocturna della Strada di Madrid. 

De las facilidades que nos ha dado internet para tirar del hilo y relacionar unas cosas con otras di prueba en el post 167 de mi blog SPYP en que me referí a esta pieza. Yo he estado un par de veces en Arenas de San Pedro, pero en ninguna de ellas me acerqué al Palacio que construyó allí Ventura Rodríguez para Luis Antonio de Borbón, hermano de Carlos III, quien según dice la wiki protegió a Luigi Bocherini. Es un edificio bastante feote dentro de una austeridad muy castellana, pero lo importante es pensar que ahí compuso o tocó Bocherini esta música para la corte del hermano del rey y eso es lo importante.  


Para ilustrar el asunto que tratamos hoy, también es muy importante, o cuando menos ejemplar, elegir la versión. La más escuchada en internet, casi dos millones de reproducciones, es sin duda la de Jordi Savall. Pero cualquier persona medianamente noble (entendiendo la inteligencia como el rasgo más actual de la nobleza) cualquier persona noble, digo, que haya escuchado las melonadas o lugares comunes que este músico ha dicho últimamente en la televisión francesa sobre la procedencia del independentismo catalán, supongo que ya lo habrá echado de su palacio. Para mí este mentecato violagambista no toca más en el mío, y menos la Música dedicada por Bocherini a Madrid. Jordi Savall es la perfecta muestra de que aún en el siglo XXI  los músicos pueden ser poco más que un criado y que su opinión en una materia tan seria e importante como la política está al nivel de un paria. Así que una vez que se ha destapado y quiere opinar como una persona importante, a la calle con él por muy virtuoso que sea con la viola de gamba.


Pongamos mejor el soundtrack de la peli que, va por millón y medio de visitas en internet, o sea, que casi le coge


Acabamos esta pequeña selección musical  en el Imperio Austro Húngaro, cuando la música quiere dejar de ser ornamento del palacio para construirse palacios para sí misma.


Cuando uno compara el salto que se da desde un Haydn vestido con librea en el palacio de los Esterhazy,  a la casa que se construyó para sí mismo en Viena en los últimos años de su vida nos damos perfecta cuenta de que esto que acabo de decir. Viene a representar el salto entre cualquiera de sus piezas de palacio y las sinfonías de Londres que le catapultaron a la condición de notable o noble de la música.



¿Cuál de las dos músicas prefieren? Casi  todo el mundo hemos conocido a Haydn por su aportación a las Sinfonías, verdaderos “palacios de la música”. Pero como hoy estamos hurgando en esa condición subalterna de la música respecto al poder que exhiben los palacios, mejor escuchar algo más sencillo. Algo que Haydn tocaría en la antecámara de alguna alcoba del palacio de los Esterhazy para ambientar la holgada vida de sus señoritos. Por ejemplo, una pieza primeriza como el cuarteto nº 2 del Opus 1.



Aquí el enlace al audio de la emisión en el programa Longitud de Onda de Radio Clásica de Radio Nacional de España.

jueves, enero 04, 2018

MUSICA Y TEMPLO



Cuarta colaboración con el programa Longitud de Onda de Radio Clásica de Radio Nacional de España. Guión previo.


En mi anterior aparición con este programa habíamos acabado afirmando que la cabaña era poco más o menos el templo que podíamos construirnos cada cual para aspirar a tener una vida espiritual en compañía de la música. Pero justamente ese aislamiento es el que pone en tela de juicio la propia búsqueda espiritual, la propia salvación que buscamos en el espíritu. Porque siendo cada uno de nosotros tan poca cosa, enseguida nos damos cuenta de que la única salvación posible, la única salvación con alguna garantía, es la salvación colectiva. La salvación espiritual colectiva. Y eso y no otra cosa es nuestro templo, o mejor dicho, nuestro templo ideal, la catedral gótica cristiana, porque ese y no otro es el templo al Espíritu construido  por toda la colectividad.

Pensando en términos musicales, podríamos  decir en justa correspondencia que la polifonía es ese tipo de música conformada colectivamente, con varias voces que se entremezclan como los artífices de una catedral.




NUPER ROSARUM FLORES,  Guilleaume Dufay

A Dufay le tengo un gran aprecio, porque buscando piezas fáciles para tocar en cuarteto con mi mujer y mis dos hijas, cayó en mis manos un cancionero de música del renacimiento y de ese modo descubrí la existencia y la música de compositores del siglo XV como Dufay, Jacob Obrecht,  John Dunstable o Josquin des Pres.

Unos pocos años después fui de viaje de estudios con mis alumnos a Florencia y preparando material para enseñarles la catedral de Santa María di Fiore me llevé una gratísima sorpresa: que fue el propio Dufay el que compuso en 1436 el motete para la finalización de sus obras, es decir, para la inauguración de la cúpula de Brunelleschi.

Acerca de este singular momento cabe una larga y profunda reflexión sobre la que he dejado por ahí algunos apuntes en mis blogs y en mis libros y hasta en una entrevista que me hicieron en el Jot Down: y es que con la finalización de la construcción de una catedral, Santa María de las Flores, bajo la batuta de un solo hombre, de  un artista genial, se da carpetazo a la historia de la construcción de catedrales como templos de construcción y salvación colectiva, y a partir de entonces el Hombre, el Artista, va a sustituir en protagonismo al Espíritu Colectivo.

Lo que dicho en términos musicales podía entenderse como el anuncio del final de la polifonía.

Con la elevación del Hombre a Artista o Creador, se inicia la larga agonía o muerte de Dios, un proceso de tres o cuatro siglos en el que el Cisma Protestante Centro Europeo y Británico tiene un papel central después del Humanismo Italiano y antes de la Ilustración francesa. Los oratorios musicales protestantes tuvieron un papel vertebral en el desarrollo de sus diversas ramas religiosas, a excepción, claro está, del siniestro calvinismo, donde la música fue inicialmente proscrita. Así que a la Catedral de Ginebra no iremos, no, ja ja ja.

Thomaskirsche de Leipzig

Nikolaskirsche de Leipzig

Para ilustrar ese papel que la música representa en el mundo luterano lo que voy a hacer es llevarles a Leipzig,  donde estuve con mis hijas y mi mujer en el verano del 2006 para entrar con devoción en la Thomaskirsche, el templo donde Bach era maestro de capilla (y donde  está enterrado como si fuera un obispo… ah ah, qué decepción), y a continuación ir a la cercana Nicholaskirsche de Leipzig donde se estrenó la Pasión según San Juan, para escuchar allí el Aria de este gran Oratorio en la que con las tres estremecedoras palabras EST IST OLBRACH (todo está consumado) parece anunciarse al mundo por segunda vez la muerte de Dios.



Después de escuchar piezas como esta uno se queda sin palabras y sin nada que decir. Pero en su propia construcción como religión o como Gran Relato, que decía Eugenio Trías, el cristianismo aúna  la muerte con la resurrección de Dios. La muerte como hecho cruel, real e incontestable. Y la resurrección como ilusión, metáfora o esperanza de vida y salvación de la muerte.

Nosotros seguimos  viviendo después de estas tres muertes de Dios e incluso del certificado de defunción rubricado por Nieztsche en el siglo XIX, pero durante todo este tiempo hemos seguido construyendo templos y componiendo músicas religiosas aunque ya nunca con el rango o carácter de la catedral gótica y de sus polifonías.

Y uno de esos pequeños templos musicales que hemos construido los hombres durante estos tres o cuatro siglos de la muerte a plazos de Dios es el órgano de iglesia, un instrumento musical que es como una catedral en miniatura y que, lógicamente es tocado por un solo hombre (un artista).

Cuando era estudiante de arquitectura en Barcelona solía ir a los conciertos de órgano que daban en la Catedral a pensar si no me había equivocado de carrera y estaría arruinando mi vida con esto de la arquitectura, porque lo que de verdad me hubiera gustado entonces era ser es ese tipo que se sentaba al teclado del órgano e inundaba de música toda la catedral.

Como os podéis imaginar, cada vez que entro a un templo siempre me detengo a admirar esas pequeñas pero magníficas catedrales de música que son los órganos. Y como me pilla cerca uno de ellos y lo tienen todos a mano abriendo el post que le dediqué a la iglesia de Briones en el blog edificios LHD, he pensado  poner allí un poco de música de órgano de un autor bastante más mundano que Bach y con un tema que por ser tan compartido por todo el mundo hasta  pudiera parecer vulgar. Es un tema que evoca la alegría, alegría seguramente ficticia, pero alegría al fin y al cabo: la alegría de la resurrección, la alegría de la ilusión de la vida tras saber que la verdad más incontestable y el más cierto de nuestros destinos es la muerte.  





Lo que quedó en la radio de este guión hablando en directo pueden oírlo clicando en este enlace.


viernes, diciembre 01, 2017

MÚSICA Y CASA



Tercera colaboración con el programa Longitud de Onda de Radio Clásica de Radio Nacional de España. Guión previo.

LA CASA Y LA MUSICA

Para pensar en la música y la casa voy a traer al recuerdo una de esas películas ya míticas que nos descubrió a muchos la figura de Saint Colombe: TODAS LAS MAÑANAS DEL MUNDO del director Alain Corneau en 1991. Y lo hago porque, como recordarán, la película arranca con “un bolo” de Saint Colombé en una casa, y por un motivo muy sorprendente para todos nosotros: tocar música en la alcoba de una casa para una persona que se estaba muriendo.

Les pleurs. M Saint Colombé. Jordi Savall



Morirse en casa y pedirle a un músico que venga a acompañarnos en ese trance con su música. Qué sugerente ¿verdad?  Pero claro, eso era en el siglo XVII.

Si vieron la película recordarán que el propio Saint Colombe tenía también una gran casa, una casa amplia y preciosa. Una casa con la que, viendo esa película, yo disfruté tanto como con la música.


Porque una cosa es una casa, y otra cosa un piso, o sea, un apilamiento de viviendas o una hilera de ellas, o incluso eso que llamamos “chalet”. Como arquitecto o como crítico de arquitectura vengo estudiando “casas” desde hace muchos años, y para empezar a entender sobre este asunto lo primero que tengo que decirles es que tienen que hacer  la distinción entre “arquitectura popular” y “arquitectura vernácula” porque aunque el fenómeno “casa” se da ya en la arquitectura popular formando esos conjuntos de casas que dieron lugar a nuestros preciosos los pueblos, la gran casa, la buena casa, el caserío, la masía o la casa solariega, pertenecen a ese otro mundo que llamamos la “arquitectura vernácula”.

Como siempre me presentáis como autor de muchos blogs, hoy tengo que hablarles necesariamente de uno de ellos en el que voy coleccionando Casas Solariegas de la Rioja, y en el que ya llevo más de quinientas casas  catalogadas. Se titula así: CASAS SOLARIEGASDE LA RIOJA. Pongan eso en google y podrán verlas y disfrutar de su presencia. 

Casas del siglo XVII y XVIII e incluso del XIX, casas en las que, muchas veces pienso, seguro que hubo música. Con una tiorba, con un virginal, con una viola de gamba, un guitarra o un piano. Casas como la de Saint Colombé, en la cual se ensaya y se dan clases a las hijas. Casas que vibraban gracias a la música de sus propios moradores, o quizás, de algún invitado.

Música como la que he oído tantas veces en mi propia casa (bueno, aquí siento tener que decir piso… ) cuando mi hija Teresa venía del instituto por la tarde y se sentaba al piano a ensayar las lecciones del Conservatorio. Y tocaba esa música sencilla que en tantas y tantas casas habrán escuchado los abuelos o los padres y los hermanos y que tiene ese aire tan cándido que seguro que les emocionará oír una vez más  tanto como me emociona a  mí:

Vals en La menor de Frederic Chopin



La música en la casa es de natural sencilla, íntima. Primigenia quizás. Pero…

Vamos con la tercera parte de la película. La que más me impactó a mí (cosa que he contado en otro de mis blogs, el SPYP, un blog de variedades que tengo por ahí para ir dejando notas escritas, inicialmente sobre periodismo y política y luego sobre cine, música, libros etc.) Bueno en ese blog, en el número 637 del SPYP comenté el hecho singular de que Saint Colombé se construyera una cabaña en el jardín, abandonando su espléndida casa, para pasar días y noches  allí, en su cabaña, en soledad con la música.



Y aquí viene mi reflexión: hasta el siglo XX, ese vivir en íntima compañía con la música solo lo podía hacer un músico.

M. de Saint Colombe

Pero a partir del invento de los medios de reproducción lo puede hacer todo el mundo. Tener dentro de casa (o incluso piso) una cabaña para estar en comunión con la música.

Pues bien, aquí les voy a contar ahora algo que ni siquiera he contado en ninguno de  mis blogs: en el año 1995 la revista Archipiélago me encargó realizar una entrevista al filósofo Eugenio Trías, como sabrán, uno de los más grandes pensadores contemporáneos que ha dado este país y autor de uno de los libros más profundos sobre pensamiento y música que se hayan escrito en España: EL CANTO DE LAS SIRENAS editado en Galaxia Gutemberg del Círculo de Lectores, Barcelona 2007.



Trías me invitó a su casa para hacer la entrevista y al final de la misma y cuando le pregunté por sus aficiones, se levantó del sofá del salón donde respondía a mis preguntas y me abrió una habitación (una vieja alcoba) que tenía todas sus paredes llenas a rebosar de ordenadísimas estanterías con discos y CDs. Era su auténtica cabaña de la música. La misma que la de Saint Colombe.


Un lugar sagrado para escuchar música en la intimidad y pensar…, pensar y pensar en las relaciones entre la palabra y la música, entre el logos y el phonos, el espíritu y el sonido, que es de lo que trata su libro.

Siendo ya diciembre y próxima la navidad les propongo escuchar una pieza que el mismo Eugenio Trías menciona en el arranque del capítulo que le dedica a Juan Sebastián Bach: el comienzo de la segunda cantata del oratorio de navidad en el que, según Trías,  un coro de oboes (música de la tierra) dialoga en un magnífico efecto estereofónico con un coro de violines (música del cielo):



Curiosamente, en las páginas siguientes Trías habla de la poca adecuación de esta música para las salas de conciertos, y sin embargo, fíjense  bien,  es música que todos nosotros, gracias a los modernos aparatos de reproducción, podemos escuchar íntimamente en las cabañas de nuestras casas o incluso, en las cabañas de nuestras modestas viviendas o de nuestros tristes pisos apilados unos encima de otros. 

En este enlace la versión audio del programa. 

viernes, noviembre 03, 2017

MÚSICA Y ESPACIOS URBANOS



(Segunda colaboración con el programa Longitud de Onda de Radio Clásica, por invitación de Yolanda Criado y Fernando Blázquez).

Frente a la costumbre de escuchar la música de una manera autónoma o aislada de contexto, la idea que trato de perseguir con esta pequeña serie de apariciones en radio es poner en conexión la música con los lugares (y si es posible hasta con los momentos concretos en que se produce). Así pues si en mi primera colaboración ese esquema nos llevó a unas campas de montaña, a los campos de cultivo o a los campos de batalla, la idea para hoy sería hablar de algunas músicas que tienen que ver con la ciudad, es decir, con sus calles, sus plazas o algunos de sus rincones

1) Ahora bien, cuando hablamos de espacios urbanos hay que andar con cuidado y tener presente la gran diferencia que existe entre un tipo de ciudad de calles y plazas, donde hubo un tipo de música muy concreta que nació y caracterizó esos lugares; y una ciudad emergente, nueva, reciente, que es la ciudad de las rotondas, bloques y grandes autovías (pongamos para entendernos, Valdebebas, los Paus, Seseña, Valdeluz de Guadalajara, las ciudades de adosados etc.) donde aquella música ya no tiene sentido.

Por hablar de lo que yo hago en materia de análisis de la ciudad, tendría que contarles que tengo en marcha un monumental trabajo de disección, catalogación y sobre todo diferenciación entre un tipo de ciudad y el otro, en el que uso mi propia ciudad, o sea, Logroño, como laboratorio o material de estudio. La idea de este trabajo al que llamo genéricamente Guía de Arquitectura de Logroño, es valorar, por un lado, esa forma antigua de hacer ciudad mediante calles y casas dentro de una escala humana, en las que los ciudadanos se representan en sus fachadas, salen a los balcones, van de compras en sus tiendas y se encuentran por las aceras; y por otro lado, denunciar esa otra forma de hacer ciudad desescalada, basada única y exclusivamente en los planes urbanísticos y las operaciones inmobiliarias cuyo resultado son esas desoladas calles-autovías donde van cayendo bloques y bloques entre enormes espacios verdes, centros comerciales y rotondas. Muchas rotondas. Rotondas por todas partes en lugar de plazas. (Y donde los ciudadanos se encuentran acaso por internet...). 

Y mira por dónde que la música, un determinado tipo de música, viene ahora en mi ayuda para que se entienda mejor la diferencia entre esas dos ciudades tan distintas.

Ya sé que no es fácil de entender en poco tiempo el tajo que existe entre esos dos tipos de ciudades (porque es una idea personal en elaboración que necesita de mucho desarrollo), pero ahora viene la sorpresa....: y es que de vez en cuando, no sé si ustedes han tenido la suerte de vivirlo, en esas calles de la ciudad tradicional se produce algo así como un acontecimiento mágico, que no es otro que la irrupción de la música, de una música eminentemente urbana, una música pensada fundamentalmente para la calle que es la música de las bandas municipales de viento y percusión.  

Normalmente la música de bandas está hecha para las procesiones y los desfiles, sin olvidar entre estos últimos aquellos “desfiles militares”  que serían la continuación de la música de los campos de batalla que veíamos en el anterior programa, cuando entraban o salían los ejércitos de la ciudad. Pero las procesiones o los desfiles, por esperados, me parecen mucho menos emotivos que la música de los pasacalles que se produce así como por sorpresa, y que es un anuncio de la fiesta o de una dimensión en que la ciudad se transforma por entero.

Como músico, tuve la suerte de tocar en la Banda Municipal de Logroño con mi tuba y también yo disfruté como un enano sorprendiendo a la gente con los compases de un pasodoble o un pasacalle (que a veces los confundo) llevando al Alcalde y a toda la corporación municipal detrás. A ver, imagínense que van por la calle de cualquier ciudad compras o que están trabajando en su oficina y que de repente notan que se para el tráfico y la vida habitual de la calle, y les llega a sus oídos esta música….



No por favor. No miren el vídeo. No es un concierto lo que quiero que escuchen sino a una banda que pasa por las calles haciendo esa música. Música del maestro Jaime Teixidor. Muy a gusto les hubiera puesto Valencia, de José Padilla Sánchez, que podría ser mi pieza favorita, porque... ¿quién no se emociona al escuchar Valencia? -especialmente si la oyes en las calles de Valencia, claro, como he tenido la suerte de escucharla yo. Lo que pasa es que el pasodoble Valencia  tiene un arranque un poco grandilocuente y como de concierto, y por eso he preferido ponerles  la pieza de Teixidor que nos hace entrar antes en calor.

2) Y hablando de concierto, vamos con el segundo gran tema de la música urbana, de la gran música de bandas de viento y percusión, que es la creación de un lugar especial para su ubicación: el kiosko de música.

Pero atención nuevamente. Lo importante para mí de los kioskos de música no son tanto los conciertos o la calidad de las piezas musicales para bandas, como la idea de poner la música en el mismísimo centro de la plaza más importante de la ciudad. Hay kioskos en parques o en alamedas, pero lo que a mí me emociona de algunos kioskos, por ejemplo el de la plaza del Castillo de Pamplona, es que estén justo en el centro de la plaza más céntrica o más importante de la ciudad, porque aunque no haya concierto, ese pequeño edificio es ya como un monumento perenne a la música. En esos kioskos se daban conciertos, claro y hasta se daba incluso baile (¡baile en la calle! aquel patrón de Alexander del que les hablé en este mismo blog) pero ya digo, sobre todo se entroniza a la música.


Así pues, pensando en el más grande compositor de todos los tiempos y en el kiosko más bonito que he visto en mi vida (!)…, voy a proponerles escuchar en... el kiosko de la plaza de la Paz de Haro, pequeña ciudad de La Rioja que les invito a visitar si no la conocen, una pieza para banda de Beethoven que seguro que les va a alegrar la mañana.

(de 0 al minutos 2:10)




3) No quisiera dejar este tema de la música y los espacios urbanos sin hacer referencia a una de mis debilidades musicales: la de los músicos callejeros, esa gente que sale a la calle a pedir unas monedas con su arte, o simplemente a probarse a sí mismos como músicos. Gente ante la que siempre me paro y con la que muchas veces disfruto más del lugar que han sabido escoger para hacerse oír en el bullicio urbano, que de su propia calidad o repertorio musical. Yo he tocado mucho en la calle con una banda de dixieland, pero creo que mi mejor recuerdo es haberlo hecho con mi hija pequeña en Viena interpretando con un saxo tenor y un saxo alto varios dúos de Mozart para clarinete justo delante de su casa, la casa de Mozart.


Aunque por hacer mención a la historia de la Arquitectura y a una anécdota más jugosa, igualmente emotivo fue tocar esos duos de Mozart en la Michael Platz debajo de la famosa casa de Adolf Loos, donde una señora muy elegante se paró para darle un billete a mi hija con una tarjeta suya en la que ponía que era nada menos que... ¡la Presidenta dela Asociación de Mujeres Músicas de Viena!



Les dejo pues con uno de esos duetos, obviamente al clarinete, porque no he encontrado ninguna versión interpretados al saxofón. Una música que seguramente les dará mucho gusto escuchar en la calle:





Si prefieren la versión radio, ya está en red el podcast del programa que se emitió el jueves 2 de noviembre del 2017.


viernes, octubre 06, 2017

MÚSICA Y ESPACIOS ABIERTOS


Campas de Arraba en el Monte Gorbea

En el número 50 del LHD (hace de eso ya once años) prometía a mis lectores algunos relatos o reflexiones sobre mis experiencias musicales en relación con la arquitectura, pero fue pasando el tiempo, los lhds y... otros blogs. y el asunto se fue quedando en el tintero. Y así, cuando menos me lo esperaba, o sea, al comienzo de este primer curso de jubilado en el que mi programa de actividades estaba bastante abierto, va y me llaman de Radio Clásica de Radio Nacional de España a ver si quiero colaborar unos minutejos al mes con un programa llamado LONGITUD DE ONDA.

Atendiendo a mi natural desconfianza con la prensa y los medios de comunicación (y a que ya vale de aprovecharse del tiempo libre de los jubilados...) el cuerpo me pedía decir que no; pero..., atendiendo a mi deuda con el LHD y con las satisfacciones que me han dado la música y la arquitectura, ay, no me podía negar.  Al fin y al cabo, Yolanda Criado y Fernando Blázquez, que así se llaman los conductores de ese programa, me regalaban el pretexto para repasar más o menos ordenadamente algunas de mis muchas vivencias musicales en relación con los lugares en que se produjeron así como a repensar sobre la mutua influencia entre arquitectura y música.

El proyecto abarca nueve programas a emitir los primeros jueves de mes, para los cuales tengo enviar previamente un pequeño guión con dos o tres cortes musicales a modo de ilustración. Establecido un pequeño boceto de los títulos de los nueve programas, la semana pasada les remití el guión del primero de ellos al que puse por título MÚSICA Y ESPACIOS ABIERTOS. Los directores de Longitud de Onda me habían pedido que escribiera un texto que se pudiera leer como si no estuviera escrito (!!!) es decir, en un estilo coloquial o algo así. Yo siempre he tratado de escribir huyendo de florituras literarias pero lo de escribir para leer y que no se note que se lee, ja ja ja, me parece como un poco fraude. Pero en fin, sea lo que fuere o lo que salga luego en los programas de radio (miedo me da que encima se guarden en podcast), yo ya he empezado mi trabajo y como su auténtica coartada o verdadero objetivo es el de compartirlo con los lectores del LHD, aquí los voy a ir poniendo. Este es mi primer guión:



MÚSICA Y ESPACIOS ABIERTOS

"Aunque ustedes me han invitado a su programa para poner en relación la música con la arquitectura, voy a empezar mi modesta colaboración tratando de evocar la música allí donde no ha puesto la mano el hombre, allí donde no hay arquitectura. Música y no-arquitectura, podríamos decir; o por expresarlo de otro modo, con un titular más positivo: música y espacios abiertos.

Y es que al decirlo de esta última manera -música y espacios abiertos- me viene a la memoria una de las experiencias musicales más intensas de mi vida. Una experiencia que de algún modo me gustaría compartir con los oyentes de este programa. Para que vean si fue intensa, no tengo más que decirles que sucedió hace casi cuarenta años y la recuerdo perfectamente. Iba yo de excursión al Monte Gorbea con mi mujer, en el año 1978, cuando al pasar por las campas (creo que se llaman de Arraba / ver foto en el encabezamiento del post), oí la música de un extraño y solitario instrumento que me dejó completamente turbado. No llegamos a ver al instrumentista pero alguien con quién nos cruzamos nos dijo que se trataba de un alboca. El hecho de no ver al músico seguramente añadió algo de misterio a aquella experiencia musical, pero sin duda fue la grandeza y belleza de las campas del Gorbea lo que sirvió de soporte a dicha experiencia. De haber oído el agudo tañido de la alboca en una calle, en un escenario, o aún peor, en un programa de la televisión, es seguro que no me hubiera producido semejante impacto. Para entonces ya habría escuchado yo la Pastoral de Beethoven o la Primavera de Vivaldi, esas famosas obras para grandes orquestas (de espacios cerrados) que tratan de evocar los espacios abiertos de la naturaleza, así el contrapunto entre una cosa y la otra se me antoja extraordinario. No es cuestión de elegir entre lo uno y lo otro, pero sí de sugerir que la grandeza de cualquier escenario de la naturaleza puede hacer de la más humilde música popular de un instrumento monódico algo comparable a las más grandes obras de la música.

Muchos años después, cuando me hice músico y aprendí a tocar la dulzaina, la llevé al monte en muchas ocasiones para que alguien pudiera sentir aquello que había experimentado yo en aquella excursión al Gorbea.

Tocando en la cima del Pico del Aguila cerca de Logroño

Y así, descubrí también que la propia naturaleza podía colaborar con mi música. Al tocar entre las peñas del macizo de Codés o en las más cercanas de la sierra de Cantabria pude sentir y vibrar con la ampliación de sus ecos. O al tocar un día la dulzaina con mis hijas mientras esperábamos a cruzar el Canal de la Mancha, pude escuchar también la aportación del ruido del mar a modo de bajo continuo. Las campas bucólicas no eran los únicos escenarios posibles de la música de los espacios abiertos. Había muchos otros lugares hermosos que podían servir de soporte musical. 

De hecho, el lugar más entrañable que recuerdo en cuanto a música y naturaleza es el soto del río de mi pequeño pueblo, Anguciana, en La Rioja, porque a aquel lugar no era necesario llevar instrumento musical alguno. Siendo yo un niño, mi padre me llevó un día al soto, justo al amanecer, para que oyera la extraordinaria sinfonía de los cantos de los pájaros en primavera....

Después de contarles todo esto ya se pueden imaginar que se me hace imposible ponerles aquí una pieza musical que les pueda trasladar a ustedes a las campas, a las peñas de las montañas o al amanecer en el soto de un río; pero..., para que por lo menos sirva de ilustración de esto que les cuento, para que le concedan a los espacios abiertos la cualidad de incomparable escenario musical les voy a poner un pequeño fragmento de música de alboca que he encontrado en un youtube cuyo autor también ha querido permanecer en el anonimato (o firmando como albokeroe.com), permitiendo expresamente cualquier reutilización. Este es el enlace: https://youtu.be/rkP7NkqfvkU (Parar al llegar al 2:55)



-------------------------------


Subiendo de Marrakesch hacia Ouazarzate

No todo en el campo son bellos paisajes, pajarillos y pastoreo bucólico. Antes de la mecanización, el campo (o digamos el agro para entendernos mejor) ha sido lugar de duro trabajo para millones de hombres y mujeres a lo largo de la historia. Y mi segunda gran experiencia musical en espacios abiertos tiene que ver con ello. Me ocurrió en un viaje por Marruecos en el año 1999. Íbamos en autobús desde Marrakesch hacia Ouazarzate y al pasar por un puerto de los montes del Atlas hicimos una parada técnica para tomar algún refresco e ir al water. Era un barzucho donde apenas había nadie y al parar el motor del autobús se respiraba la típica paz de las montañas. El caso es que en cuanto se acallaron las voces de los viajeros entrando al bar, me llegó a los oídos un lejano pero estridente sonido que parecía de un coro de voces femeninas, y me quedé clavado junto al autobús. ¿Qué era eso? Me pregunté. Aguzamos el oído y la vista y descubrimos que se trataba del cántico de un grupo de mujeres que estaban segando hierba o cereal al otro lado del valle.

Poblado de la zona Tizi-n-Tichka bajando hacia Ouazarzate

Cánticos de ánimo y alegría para compensar el duro trabajo de la siega bajo el sol del Atlas. Recuerdo que la emoción que me produjo aquella música casi hizo que se me cayeran las lágrimas. Años después con el invento google puse en el buscador y en todas sus variantes “cánticos de la siega en Marruecos” por ver si podía revivir aquella emoción pero nunca tuve suerte. Lo más parecido que encontré fue un vídeo de cánticos de siega en las montañas de Ecuador. Y bueno, por asociación musical, también pensé en los blues más arcaicos de los esclavos negros en las plantaciones de algodón del sur norteamericano.

Cuando le conté esta experiencia a un amigo mío que sabe de música mil veces más que yo, me recomendó escuchar la recopilación que hizo García Matos del folclore español en los años cincuenta en la que seguramente habrá cantos de siega. Pero como con todo eso del folclore nos podríamos perder, para evocar ese espacio entre montañas, esa pequeña terraza de cereal donde se produjo aquella música maravillosa de un coro de mujeres, he preferido traer aquí a un coro de voces femeninas que siempre hemos escuchado en disco o escenarios pero que seguramente surgieron en espacios similares. Un fragmento del grupo EL MISTERIO DE LAS VOCES BULGARAS.

https://youtu.be/mrcgDhpS3uo desde el 0:24 al 2:58


Seguramente los oyentes o personas más entendidas sabrán encontrar músicas íntimamente ligadas a los espacios abiertos más originales que lo que he podido extraer yo de mi modesta vida musical, pero bueno, me encantaría que de esta asociación saliera un repertorio con más enjundia de lo que yo he sido capaz.

The March of the Cameron Men, trincheras de la Primera Guerra Mundial

Por acabar este pequeño apunte, me gustaría también mencionar una música en espacios abiertos que afortunadamente... no he tenido la desgracia de escuchar en su auténtico sentido, pero que debió ser muy frecuente en la larga historia de las guerras europeas: la música de los campos de batalla, la música de los tambores de los ejércitos de Napoleón, por ejemplo, o la que evocaba recientemente Félix de Azúa en un artículo en El País, la música de los gaiteros escoceses precediendo a sus tropas en famosas batallas como la de Culloden, o, como en el caso que les traigo aquí, en las desoladas trincheras de la Primera Guerra Mundial al que pertenece esta pequeña marcha de un minuto de los Cameron Men. Música que precede a la muerte, al fracaso o al triunfo, música terrible que nosotros escuchamos como cualquier cosa pero que el cespacio abierto de la batalla tenía que cobrar un sentido bien diferente.


Música y espacios abiertos, músicas casi siempre monódicas, agudas y estridentes, seguramente no muy cultas y desarrolladas, pero siempre emotivas e impactantes por la grandeza del soporte o la circunstancia en que se produce.

-----------------------

Ups, veinticuatro horas después veo que ya está colgado el podcast de la emisión radiofónica realizada el jueves 5 de octubre. Vive dios que no quiero escucharlo. Pero ustedes son muy libres.