martes, octubre 31, 2006




LHDn73: EL EXTRAÑO CASO DE LOS DEPOSITOS MUNICIPALES

Cuando investigando datos de arquitectura e historia de la ciudad, das de un modo accidental con un asunto turbio, próximo a lo delictivo, te entra un cierto temblor como si de repente tu tranquila lupa de paciente observador se hubiera convertido en la de un Sherlock Holmes. Es lo que me ha pasado con el desaparecido edificio de los Depósitos Municipales, un uso que parece encajar bastante bien con asuntos de misterio.
Recordemos su emplazamiento, justo a continuación de las Escuelas de Juanita Madroñero (v LHDn66) en esa calle nacida sobre el eje perpendicular a la Puerta del Revellín que, sin embargo, iba a morir enseguida al encontrarse con la diagonal del camino de Fuenmayor (hoy calle Sagastuy). Y recordemos su fisonomía: con el mismo esquema de pabellones y cuerpo central que el edificio de las Escuelas, a diferencia de la sobriedad de líneas de éste, los depósitos municipales se proyectaron con un poco más de alegría o movimiento en fachada y cubiertas, expresión de esa ciudad burguesa que empezaba a estar confiada en sí misma.
Si nos paramos a pensar en ese medio siglo que va desde el derribo de las murallas de la ciudad hasta la entrada del siglo XX, da la sensación de que la pequeña Logroño, incapaz de generar un ensanche burgués, se dedica a colocar extramuros todas los equipamientos de la nueva ciudad industrial, imposibles de situar en su casco histórico por más que derribaran los conventos. Justo al Este de la ciudad, se sitúan el Instituto Sagasta, el Hospital Provincial, El Cuartel de Caballería, y muy pronto, la Escuela de Artes y Oficios, el Colegio de la Enseñanza y el Servicio Doméstico. Y en el lado Oeste, además de las Escuelas de Juanita Madroñero y los Depósitos Municipales al que hoy prestamos especial atención, un frontón, El Gobierno Militar, el otro Cuartel de Infantería, la Guardia Civil, El Hospital Militar, La Beneficencia, la Cárcel, etc. Es impresionante ese gran esfuerzo urbano en equipamientos; un esfuerzo que va a vertebrar la ciudad durante casi todo el siglo siguiente.
Como tantos otros grandes edificios de finales de siglo en Logroño, el proyecto de los depósitos municipales lo realiza Luis Barrón en 1899. La aportación de Barrón es tan importante a esta ciudad, que parece increíble que no se haya escrito nada sobre este personaje y sobre su obra. Se sabe que fue profesor de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios y hay de él una fotografía en la que aparece tocando la guitarra y cantando junto a otros compañeros de la Escuela (sólo por eso ya me resulta tan simpático y familiar). La calle que se construyó sobre el viejo camino que salía hacia el Oeste de la ciudad se llama Luis Barrón, pero no se le dedicó a este arquitecto sino a un homónimo, mediocre y refitolero “poeta” de mediados del siglo XX, que publicaba sus versos en la revista La Rioja Industrial. Según consta en el buen almacén de datos sobre arquitectura y arquitectos publicado por Inmaculada Cerrillo con el título de la “Formación de la Ciudad Contemporánea, Logroño 1850-1936”, Luis Barrón murió en 1909.
Y aquí viene el misterio, porque en 1915, con la misma fachada que había dibujado Barrón hay en el Archivo Municipal un proyecto firmado por Quintín Bello destinado a Escuelas -que también recoge I. Cerrillo en su libro (p 84 y 85) y que hasta describe detalladamente (supongo que a la vista de la planta) como si se hubiera construido. Obviamente la planta difiere en las funciones, pero el alzado es calcado del de Barrón. He leído la memoria del proyecto de Quintín y no menciona para nada el proyecto de Barrón, y sin embargo habla largo y tendido de la idoneidad del lugar elegido para la construcción de “sus” escuelas, es decir, el de los depósitos. ¿No se construyeron los depósitos de Barrón cuando se proyectaron? ¿cómo es que las escuelas de Quintín llegaron hasta nuestros días como depósitos?
Hay un par de datos más que abundan en la diversidad de usos de este edificio pero que no resuelven los misterios planteados. En los años cuarenta, y ante la saturación de las Escuelas vecinas, algunos de los depósitos se adaptaron como aulas; y en el momento de la demolición, a finales de los ochenta, buena parte del cuerpo frontal del inmueble estaba utilizado como cuartel general de los Bomberos.
Del momento en que se construyó y del extraño caso del plagio de la fachada no tengo más información, así que dejo el caso para algún otro investigador que no haga ascos a ejercer de detective.

lunes, octubre 30, 2006

72. PERIODISMO, PELIGRO, PUBLICIDAD, PROBLEMA



En el LHD anterior sobre el historiador de la arquitectura William Curtis omití por cortesía (o por error) el nombre de la periodista que le presentaba como incisivo crítico; pero al día siguiente volvió a aparecer un “reportaje” de la misma periodista en el periódico de mayor difusión nacional, y se me acabó la cortesía (o me di cuenta del error). La periodista Anatxu Zabalbeascoa es un peligro para la arquitectura. No un peligro pequeño sino un gran peligro, un gran problema, porque publica mucho y lo hace en los medios de mayor difusión; así que quedarse callado ante ello, como se quedan callados todos los medios o instituciones de arquitectura de este país, es un error, un grave error.

El problema Anatxu puede enunciarse como la conjunción de dos fenómenos casi evidentes o perfectamente demostrables: uno, que no hay crítica de arquitectura, o que si la hay, automáticamente se le cierra el paso; y dos, que el periodismo moderno, en el mejor de los casos, no es otra cosa que publicidad encubierta (en el peor, ya se sabe, “formación de masas” manipulación del poder, etc).

La rapidez con que ha evolucionado España en los últimos treinta años no les ha permitido a muchos darse cuenta del enorme cambio que se ha producido en nuestro periodismo. El País fue el diario de la instauración de la democracia en España, su labor fue encomiable y la gratitud de cualquier ciudadano medianamente culto, demócrata o liberal hacia ese periódico/institución, incuestionable.

Pero esa deuda ya ha cancelado. Ahora El País es otra cosa y sólo por inercia, por pereza, como mal menor, (o porque a ellos no les haya cancelado la deuda personal), se puede entender que pensadores como Herman Tersch, Fernado Savater o Félix de Azúa sigan colaborando en sus páginas. Como demuestra Arcadi Espada en su blog un día sí y otro también, ahora El País está haciendo amarillismo, manipulación, tergiversación, trampa, etc, vicios del periodismo en general que no tendrían mayor relevancia en medios menores, pero que por hacerse precisamente desde esa cabecera prestigiosa está haciendo mucho mal al país y mucho mal al periodismo. Y es hora de decirlo y de cortar. Arcadi lo hizo, y hay que felicitarle por su valor ejemplar.

Pero vamos con la arquitectura, que este blog trata de eso. A diferencia del resto de periódicos nacionales que no tienen crítica de arquitectura EN ABSOLUTO, El País aún tiene algo que pudiera parecerse a crítica de arquitectura, y es que siendo Fernández-Galiano arquitecto y profesor de proyectos es muy difícil, por no decir imposible, que se sustraiga de hacer de vez en cuando una valoración negativa cuando ésta es evidente. Como advenedizo a otro género, o como máximo exponente del periodismo en arquitectura de los últimos treinta años en España, el noventa y cinco por ciento de la “crítica” de Galiano en El País no ha sido otra cosa que ese periodismo publicitario que alimenta sin solución de continuidad la escritura de la historia. Pero de vez en cuando, entre montañas de frases y adjetivos empalagosos y ambiguos pudiera encontrarse en algún artículo suyo el calificativo adecuado o perfecto (poético) para una obra de actualidad, -sea el caso, por ejemplo del recién inaugurado edificio Miralles y Tagliabue para Gas Natural en Barcelona (Babelia 28oct06 p21); o de vez en cuando (suele tener narices la cosa) también se le puede ver escribiendo contra el espectáculo de la arquitectura y el culto a la personalidad que no ha cesado de alimentar en el otro noventa y cinco por ciento de su producción.

Debido al poder e influencia que Galiano tiene en El País, ha cerrado las puertas a cualquier otra voz que no fuera la suya o la de los “suyos”, y para el trabajo más sucio de seguir alimentando la arquitectura del espectáculo, la publicidad, y el culto a los nombres, permitió (o quizás lanzó) hace ya más de diez años la figura de la periodista Anatxu Zabalbeascoa cuya modalidad de trabajo es la de “free-lance”, es decir, la venta esporádica de artículos, entrevistas y reportajes a un amplio abanico de revistas y periódicos. Artículos y reportajes sobre los que no cabe decir mejor elogio que tienen todos los méritos para figurar en ese tipo de páginas que algunos periódicos, en ciertos ataques de decencia, aún titulan como “Publirreportajes”. Por cierto, al cuadernillo turístico publicitario sobre Castilla La Mancha en el que salía el último reportaje de Anatxu, editado con dos grandes páginas-anuncio de la Junta de Gobierno de esa comunidad autónoma, El País lo llama “Extra”.

Codas locales:

1. Cuando Anatxu se convirtió en figura nacional del periodismo de arquitectura, empezó a ser invitada a Jurados de Concursos, Congresos y Conferencias de todo tipo. Fue así como la conocí, en una conferencia de arquitectura que dio a finales de los noventa en el Colegio de Arquitectos de La Rioja. A la salida, algunos arquitectos comentamos en voz baja y con la sorna y discreción habitual, que había sido como si un pasajero de avión les explicase a los pilotos de vuelo las técnicas de despegue, vuelo y aterrizaje.

2. A finales de 1999 el periódico La Rioja pactó con el Colegio de Arquitectos realizar en colaboración una página semanal de arquitectura. Gracias a la labor de estos siete años, ahora ya tenemos también “arquitectos de prestigio” riojanos. Las últimas “páginas de arquitectura” vienen siendo tan clara y ofensivamente publicitarias (no hay más que ver la de este último sábado) que ya que ellos parecen no tenerla, suelo sentir yo vergüenza ajena por mis antiguos colegas.





viernes, octubre 27, 2006


LHDn71: WILLIAM CURTIS

Yo soy un desmitificador, y por eso caigo tan mal a la gente. Voy de viaje a ver obras de arquitectos consagrados y noto siempre a mi alrededor un fervor religioso del que no puedo hacer otra cosa que mofarme diciendo improperios del santo. Todos me miran entonces como un si fuera un loco o un apestado.
Pero también tengo mis santos y mis mitos. Debe ser que es imposible vivir sin ellos. La diferencia es que, cuando alguien me los echa abajo, no sólo no me molesta, sino que lo celebro.
Ayer Félix de Azúa cerró la entrega de su blog (no debería llamarlo así después de lo que escribí aquí el miércoles 25, GIMNASIO DEL PENSAMIENTO, pero aceptemos la convención para no liarnos), ayer, decía, escribió Félix que no comprendía el silencio de Jünger sobre el Holocausto. Los seres anónimos que escriben cosas a continuación de sus textos contestaron que sí, que Jünger tenía algunas líneas en su diario dando cuenta de ello, que era un soldado y no un nazi, o que en su obra anterior a la guerra había suficientes indicios de su distancia con la locura del III Reich. Pero, aún así, Félix seguía teniendo razón porque ante la inmensidad de aquel horror todo lo que no sea grito sigue sonando a silencio. Cabe entender sin embargo que la posición de Jünger no era propicia al grito y que el dandysmo de sus escritos y aficiones pudieran ser también una respuesta cabal ante el horror.
Pero mientras pensaba estas cosas, leí la demoledora nota de Eduardo Gil Bera trayendo a colación unas implacables opiniones de Joseph Roth. Eduardo sí que es grande en esto de la desmitificación, -aunque últimamente cite mucho a Roth.
También ayer leí las extrañas declaraciones de William Curtis en una entrevista en El País. Venía a presentar una nueva edición de su retablo de las maravillas arquitectónicas del siglo XX, pero le presentaban como uno de los críticos más incisivos de los últimos años, así que, mientras hacía publicidad de sus santos dio en apalear a otros. Según parece, su libro no llega hasta Zaha Hadid, Rem Koolhaas, Jean Nouvel, Gehry o Peter Eisenman, pero ya entran Siza, Moneo y Navarro Baldeweg. La presentación era en Madrid y venía a vender, por si no había quedado claro.
Remiro ahora la página donde se publicó la entrevista y me percato que por encima del titular, y antes de la entradilla en la que se le presenta como incisivo crítico, hay un sobretitular previo que dice: William Curtis/Historiador de la arquitectura. Me lo han puesto fácil: no hay más que aplicar entonces lo escrito en el blog de ayer (LA PUERTA DE LA COLUMNA).
O se es crítico o se es historiador. No se puede ser lo uno y lo otro aunque al periodismo le dé igual. Y a Curtis.

jueves, octubre 26, 2006



LHDN70: LA PUERTA DE LA COLUMNA

Los historiadores siempre se han dado mucha importancia, así que les tengo ganas. Por ejemplo, me pregunto a qué historiador se le pudo ocurrir llamar Puerta de los Leones a la célebre entrada de Micenas.
Imaginemos que alguien ve una pintura de la Crucifixión de Jesucristo y da en llamarlo: “Cuadro de los dos ladrones crucificados”. Hombre, sólo se entendería por razones de solidaridad profesional. Pues algo parecido debió pasar en los que, a la hora de nombrar la puerta de Micenas, se fijaron en los animalitos del símbolo en vez de hacerlo en el motivo central. ¿Solidaridad biológica? ¡Ay! ¿Qué son más importantes, los descabezados bichos que custodian la columna o el objeto venerado? Cambiémosle de nombre, por favor. En el afuera y el adentro que marca la puerta, es elemental entender que los leones pertenecen al mundo exterior y que el tratamiento escultórico de un soporte vertical simboliza la civilización interior. Puerta de los Leones…., ay ay ay.
Además de historiadores también ha habido arquitectos como Zevi que despreciaron la columna como pieza y símbolo central de la arquitectura. Se habían propuesto vender el “espacio” como protagonista principal de la arquitectura y había que quitar de en medio a la columna. Sobre eso ya escribí algo en el Manual de Crítica de la Arquitectura (v p 146 y ss), así que no es cosa de repetirse.
Lo que sí quiero traer a colación de este significativo cambio de nombre que propongo para tan insigne monumento es que, a causa de la ignorancia que me había sumido la educación en arquitectura moderna que me dieron en la Escuela de Barcelona y en tanto libro malo y revista de arquitectura peor, no había nunca reparado en la singular introducción de la columna que habían hecho los arquitectos y carpinteros de mi ciudad en los portales de las casas burguesas de finales del XIX y comienzos del XX. Haciendo uso del mainel o del necesario tope de una doble puerta, consiguieron meter en un buen número de entradas una columna más o menos decorada, caprichosa o bonita. Pero columna al fin y al cabo. Como en Micenas.
Ya sé que descubrir cosas que otros hayan podido descubrir hace tiempo es de un pueril que espanta, pero qué le vamos a hacer. Estoy convencido de que la mayor parte de mi educación ha estado en manos de historiadores, así que de algún modo tengo que escapar de ella. Cambiando los nombres. Relacionando unas cosas con otras. Descubriendo lo que otros ya han descubierto pero que no han contado, o que yo no he encontrado. Etc.


Item más. La distancia entre historiadores y guías turísticos cada vez es menor. Ambas profesiones parecen coincidir (o competir) en un tono publicitario y en una enorme vagancia hacia las cuestiones simbólicas. En la bibliografía escrita por historiadores y arqueólogos que he rastreado en mi biblioteca y en google pueden leerse cosas como estas:

La monumentalidad se acentúa, quizá con procedimientos más elementales, en la escultura más famosa de Micenas, la Puerta de los Leones: dos leones encuadran un pilar sobre el que descansa un somero entablamento, todo ello en un espacio triangular sobre el dintel recto de la puerta ciclópea. Sobre el sentido concreto del tema, muchas son las discusiones. El pilar o columna posiblemente sea una simbolización divina, semejante a las que encontramos en Creta, y las figuras todas una protección para los pobladores del recinto (la diosa de las fieras simbolizada por la columna). Como quiera que sea, aunque las resonancias cretenses del tema son evidentes, la concepción del grupo no es cretense en absoluto. Monumentalidad y colosalísimo son las características que definen a los dos leones, el aplomo de los animales, su estatismo, la presencia, el estar ahí, es lo que predominantemente destaca, mezclado -debido a influencias orientales?- con el vigor y la fuerza, el poder que de todo el recinto y su muralla se desprende.

Esta placa relivaria, además de cubrir el hueco del triángulo de descarga que evita la ruptura del dintel, hace las veces de un monumental escudo a la entrada de la ciudad de Micenas. Las musculosas leonas están dispuestas al modo heráldico, a ambos lados de una columna elevada sobre unas banquetas, conocido símbolo parlante de la divinidad, esta vez como diosa de los animales. Es un ejemplo único de escultura de gran tamaño en todo el arte griego primitivo
La piedra del dintel pesa 18 toneladas y sobre ella hay un triángulo de descarga ingeniosamente tapado con la losa del famoso relieve de los leones adorando el altar sobre el que se alza la columna.

Sobre el dintel se colocó un arco de descarga formado por cuatro grandes bloques en forma de hilada horizontal a cada lado. Estos bloques son forman un voladizo. Sobresalen de los demás formando una vano triangular.Los artesanos micénicos fueron rebajando cuidadosamente el perfil del arco, encajando un tímpano triangular de un solo bloque de roca caliza que esculpieron con delicadeza. Los dos leones enfrentados que se encuentran en este tímpano dieron ligar al nombre por la que es conocida la puerta. El vano de la puerta era de unos tres metros por tres metros, prácticamente cuadrado, donde se encajaba una puerta, de madera con toda probabilidad, con doble batiente, quizá, con refuerzos de bronce. La puerta era asegurada por una serie de barras de refuerzo, en la cara interior de los marcos se observa los agujeros realizados para estas barras.


La denominada "Puerta de los Leones" es así conocida por el relieve triangular que la ornamenta. En él dos leones rampantes se sitúan con sus patas delanteras apoyadas en un soporte que sirve igualmente de base a una columna sagrada, de fuste troncocónico, que los separa. Las características de la columna nos hablan de la fuerte influencia cretense que refleja el relieve. Las cabezas de los leones, hoy perdidas, se labraron en bloques de piedra añadidos. Se piensa que, probablemente, este grupo escultórico está simbolizando el poder de una "Señora de las Fieras", que velaría por la seguridad del Palacio. Esa diosa, quizás, fuese la propia Atenea. En todo caso, la columna sagrada está simbolizando la majestad de una Gran Diosa Madre.

La Puerta de los Leones es una escultura que daba la bienvenida a todos aquellos que entraban a la ciudad egea de Micenas. Está ubicada en la puerta principal de la muralla, al este de la ciudad. Es útil remarcar en este momento que las antiguas ciudades micénicas se encontraban amuralladas para su protección.La escultura no sólo cumplía una función decorativa sino también estructural, era la encargada de evitar que todo el dintel que delimitaba la entrada se desplomara. Basicamente estamos hablando de una escultura triangular que presenta la figura de un león a cada uno de sus lados apoyados en una columna que los separa, de ella se conserva casi todo menos la cabeza de los leones. El relieve de la estructura tiene unas dimensiones de 3,90 por 3,30 metros.Muchos autores están de acuerdo en que la Puerta de los Leones es la primera gran escultura monumental de occidente.

La puerta de los Leones:Es de dimensiones pequeñas , los sillares de estructura adintelada con dos pilastras monolíticas a los lados sobre el que se coloca el dintel un poco arqueado, y sobre él se coloca el triángulo de descarga hueco con una función que permite proyectar las cargas a los lados e impedir que la pieza se viniese abajo, con un relieve simétrico de dos leones enfrentados con una columna sobre un altar, símbolo sagrado . Su ubicación está asociada a la realeza, alude a un recinto militar y real, lo leones son protecctores. es el primer caso de escultura ligada a la arquitectura.

La entrada de la ciudad de Micenas estaba enmarcada por la puerta de los Leones, en la que dos figuras de leones rampantes, de los que se han perdido las cabezas, flanquean una columna, objeto sagrado para micénicos y cretenses por relacionarse su origen al árbol sagrado y al túmulo vertical o menhir.

La Puerta de los Leones
La puerta de los leones es la gran entrada a la ciudad y es muy interesante porque es el único lugar donde hay arquitectura monumental. Está fechada aproximadamente en torno al 1250 a.C. (s. XIII). El vano está formado por un dintel de una sola piedra muy grande y unas jambas. La decoración es también una pieza constructiva, ya que es un triángulo de descarga.
Aparecen dos leones afrontados apoyando las patas delanteras sobre un pequeño podio de manera que están ligeramente levantados adaptándose a la forma del triángulo. Entre ellos hay una columna que parece que están adorando y que tiene un claro simbolismo. Además, tiene las mismas características de las columnas cretenses. En la parte superior, sobre el capitel aparece una decoración de roleos, recuerdo de las vigas que terminaban de forma redondeada. Es una decoración simétrica en torno al eje central que es la columna. Los leones se encuentran muy deteriorados, pero se ve un estudio de la anatomía. Es un altorrelieve. La decoración sólo da al exterior, al interior del triángulo está liso.
A Perseo le habrían sucedido los constructores de la "Puerta de los Leones", Trieste y Atreo. Observamos que la mencionada puerta está defendida por una sólida torre a su derecha, y a su izquierda por un muro perpendicular al de la puerta. En el triángulo abierto en el muro por encima del dintel, está colocado el alto relieve tallado en piedra de los dos leones que le dan nombre y que carecen de sus respectivas cabezas, se cree fueron de metal (pese a que los heráldicos animales bien pudieron ser grifos y no leones).


En este rastreo, sin embargo, he encontrado una pieza muy singular, la de la “arqueoastrónoma” y escultora Francisca Martin-Cano Abreu que no duda en quitar la columna a los hombres para dárselo a las diosas emparentando la columna de Micenas con el Pilar de Zaragoza y argumentar así que la adoración aragonesa del Pilar es anterior a la Virgen que se puso encima. El estudio es de una erudición que espanta pero el fondo es tan tonto que escandaliza: ¿qué pasa, que las diosas de la antigüedad son mejores que las de ahora? ¿no va siendo hora de decir que las columnas son logros de los hombres? O perdón, de las personas; o de los hombres y mujeres, si se quiere, porque…, nótese el detalle, el arduo trabajo de Francisca tiene por frontispicio nada más y nada menos que el titular ESTUDIOS DE GENERO. Vaya perlita para Adsuara… http://es.geocities.com/martincanot/fiestadelpilar.html y http://es.geocities.com/contraandrocentrismo/curri.htm

miércoles, octubre 25, 2006



LHDn69: GIMNASIO DEL PENSAMIENTO

Ya lo tengo: ya sé porqué escribo este blog, o mejor dicho, por qué escribirlo.
Tras dejar de enviar los LHDs como cartas a unos ochenta virtuales suscriptores y pasarme a un blog ignorado o ignoto, llevaba tiempo dándole vueltas a la pregunta pero no daba con una respuesta convincente. E incluso en estos últimos días había pensado dejarlo ante la idea de que los blogueros profesionales, es decir, los que cobran por escribir en los blogs, nos hacen una competencia desleal. Ponen el listón tan alto que le quitan a uno las ganas.
Pero mi hallazgo es más fuerte que esa idea de la competencia, y me da igual que les paguen, que reciban mil visitas, que les parasiten o que acaben por sustituir a los periódicos tradicionales.
Un blog es tan sólo un compromiso contigo mismo para tener una vida intelectual, es decir, para ejercitarte diaria y obligatoriamente en el pensamiento. O sea, en la escritura. Y si eliges un tema, como por ejemplo hago yo con la arquitectura, pues en el pensamiento sobre arquitectura.
La comunicación (eso que dicen los anuncios de Vocento que es tan importante, ja, ja, ja) es en el blog un asunto secundario o colateral. Para la comunicación están las cartas y el tu a tu. Desde luego no los periódicos ni la tele ¡y sobre todo si son los de Vocento! “¿Hay algo más importante que la comunicación? preguntan en sus anuncios; pues sí, hombre, sí, el pensamiento; y es que si te pones a comunicar sin pensar previamente, no eres más que un loro.
La gracia del blog está en que no sea comunicación sino pensamiento. No opinión, sino argumentación, relación, comparación, valoración, crítica, juicio. Es bueno que sea diario, pero no debe ser un diario, es decir, no una exhibición de lo íntimo, no un gran hermano colectivo.
Un buen blog es algo así como un gimnasio del pensamiento. Puede entrar cualquiera y ver cómo nos ejercitamos; pero como ese tipo de ejercicios gimnásticos tienen poco que ver con el espectáculo, con la obra de arte o con la comunicación, es de esperar que no fisgoneen mucho y que si toman ejemplo se pongan a trabajar ellos mismos en su propia musculatura cerebral. Ahora bien, como a ese gimnasio puede entrar cualquiera, tampoco es cuestión de hacer el tonto y de escribir cualquier cosa. No es un diario íntimo donde desahogarnos con nosotros mismos y con el futuro. No. No es eso. Es un gimnasio público, y aunque nadie nos haga caso hay que mantener las formas; por urbanidad y por respeto a la propia disciplina; por respeto al lugar.
Y hablando de lugares (que es lo mío), me he puesto a buscar uno que pudiera ilustrar esta forma de ver el blog, y rápidamente me ha venido a la mente el escritorio de San Jerónimo de Antonello da Messina que está en la Nacional Gallery de Londres pero que yo vi en una exposición en el Palacio Grassi de Venecia hace ya unos cuantos años. Lo usaron como portada del catálogo y como poster de la propia exposición así que lo compré y lo tuve puesto en clase durante un tiempo hasta que aguantaron las chinchetas. Me hacía gracia entonces como organización de un espacio semiprivado dentro de un templo público, pero desde ahora también lo asociaré a esa forma de ejercitarse en la escritura (o sea, en el pensamiento) en un lugar que es público y privado a la vez.

martes, octubre 24, 2006



LHDn68: FERNANDO AMAT

El lunes 8 de octubre hubo en nuestra Escuela inauguración solemne del nuevo curso y del nuevo nivel educativo en el que han puesto provisionalmente al diseño. Vino el presidente de la comunidad a hacerse fotos para la prensa y Fernando Amat a dar la conferencia. No sé si el primero saludó al segundo, creo que no (al menos yo no lo vi), pero desde luego no se quedó a escucharle. Amat estuvo simpático; aclaró de entrada que él era un “botiguer” (tendero) y no un profesional del diseño, y encandiló a la audiencia con la modernización y el lanzamiento que él y su hermano hicieron de Vinçon, la tienda familiar. El comercio en nuestra ciudad es uno de los sectores más conservadores, retrógrados, faltos de ideas y reacios a la innovación, así que el relato de su experiencia fue sumamente refrescante y hasta esperanzador. Tratando de ponerse al nivel del acto se enredó luego en frases redondas, fórmulas simplonas, deseos teóricos, pequeñas gracias visuales y mucho powerpoint, pero por suerte no se alargó mucho. En el vinillo que siguió a la ceremonia se corrió la voz de que Amat quería ir por la tarde a ver las nuevas bodegas de Calatrava y Gerhy, pero como buenos funcionarios de la enseñanza todos teníamos ya algún compromiso en la recámara para la disculpa. Fue entonces cuando me acordé de la silla que le había hecho Carlos Riart para su casa en la Pedrera y de la satisfacción que siempre me ha producido contemplar aquel objeto, así que pensé que era muy injusto por mi parte no corresponder.
Comimos con moscas en las Escalerillas, decisión arriesgadísima por mi parte porque ese restaurante ha traspasado ya los niveles medios de tolerancia a la mugre, pero Amat lo aguantó bien y hasta incluso le hizo gracia. (El problema es que en estos casos nunca sabes qué es tolerancia o qué es cortesía). Llegando a los postres le felicité como catalán por el nuevo producto estrella que va a relanzar la alicaída imagen de aquella región (y que esperamos que llegue pronto por aquí), es decir, Ciutadans, pero puso mala cara y dijo no saber nada. Lástima, -pensé-, se me había olvidado que era un “botiguer”.
Mientras él hacía fotos a la bodega de Ysios, yo me escandalicé un rato mirando cómo se está destruyendo con las dichosas bodegas (sean de diseño o no) el hermoso paisaje que rodea a Laguardia. Me acordé que hace no más de diez años, en una visita a aquella zona con José Angel González Sainz, se maravillaba éste de la limpieza del paisaje. Ya no es el mismo.
En Elciego la visita tuvo una doble historia porque mientras Amat hacía fotos y se entusiasmaba con los brillos y colorines de las olas de las chapas de titanio, yo me encontré sin saberlo con el show que se estaba preparando para la inauguración real del día siguiente. La ertzaintza tenía detenido a un tipo por hacer fotos al edificio desde demasiado cerca, tipos siniestros rastreaban las cunetas con perros policías, vallas de cañizo intentaban ocultar la vista del edificio a los curiosos, y los jardineros iban y venían de sus furgonetas a la bodega con tiestos y demás verderío provisional. Al final la ertzaintza nos aconsejó que fuéramos a un par de miradores que hay desde el pueblo, y aceptamos encantados la sugerencia.
En el primero de los ellos intentamos pegar la hebra preguntando a los vecinos por una espantosa explanación recién hecha junto a la carretera, pero la respuesta fue otra pregunta: ¿no serán Vds policías secretas, no? El mismo tipo se respondió a sí mismo diciendo que tanto le daba, pues si éramos secretas de verdad en ningún caso lo iba a saber y nos aclaró que la explanada en cuestión era una pista recién hecha para el aterrizaje de los helicópteros del rey. A Amat le hizo mucha gracia que nos confundieran con polis: “cuando se lo cuente a mis hijas se van a reír un montón”. Varias veces me preguntó qué opinaba yo del Gehry que estábamos viendo pero entonces, cosa poco habitual en mí, me salió también la vena de botiguer.
Cuando regresamos a Logroño hacía tan buena tarde que me dio pena dejarle solo en su hotel, así que llamé a Rosalía para dar un paseo y tomarnos juntos un helado. Visitamos ya de noche la Gran Vía que acababa de estrenar esas lucecitas del suelo con las que parece una pista de aterrizaje e hicimos unas risas y unos lamentos sobre su diseño. Para cumplir con el rito de todo anfitrión riojano le regalé tres botellas de vino, de las que dos se rompieron sobre el granito del Espolón por el mal cierre de la caja de cartón. Y finalmente, nos despedimos, claro está, deseándonos lo mejor.
Siempre me sorprende que los personajes importantes sean tan elementales cuando ejercen de turistas. Se ve que el turismo nos iguala a todos, y por lo bajo. Por eso, aunque la conferencia no estuvo mal y pasé una agradable tarde en su compañía, creo que voy a seguir recordando a Fernando Amat por la silla que le diseñó Carles Riart.

lunes, octubre 23, 2006



LHDn67 : PEÑAS ARRIBA

Han pasado tantos años que recuerdo muy poco de las novelas de Pereda. Recuerdo, eso sí, el orden en que las leí y la sensación de júbilo que me produjo aquella narrativa mitad costumbrista y mitad juicio moral de la primera de ellas, Don Gonzalo González de la Gonzalera. De la siguiente en pasar por mis manos, Peñas Arriba, tengo el recuerdo de que era como una bellísima descripción de la montaña santanderina hecha a la misma escala del modelo. Los ambientes urbanos y la historia de Sotileza, que leí a continuación, me entusiasmaron menos, y El Buey Suelto me pareció ya, incluso en aquellos juveniles años, cargada en exceso de moralina.
Tuve la suerte de disfrutar de Pereda antes de haber leído las descalificaciones literarias de los libros y los profesores más progres de entonces. Descalificaciones tan tópicas casi siempre que, vistas con cierta perspectiva, le reafirman a uno en la convicción de que nada hay tan rancio como la progresía.
Seguramente toda lectura tiene su tiempo, su momento u oportunidad, y es más que probable que ahora sería incapaz de acabar una sola de las cuatro obras mencionadas. Entre otras cosas porque estoy bastante de acuerdo con Alberto Adsuara en que ya no es tiempo de novelas (ver Necrofilia en www.albertoadsuara.blogspot.com, 10oct06). Aunque no sé, quizás no sea tiempo para nosotros, pero sí para otros.
El sábado pasado, sin embargo, al pasar (pasear) en moto por la estrecha carretera que va desde La Hermida hasta Puentemansa, y contemplar los pueblecitos situados en el lado de la solana (ver foto) me encontré con la agradable sorpresa de captar en un sólo golpe de vista toda la belleza y evocación de aquella lectura juvenil de Peñas Arriba. Tuve en ese momento la sensación de vivir un momento mágico -un minuto de cielo-, que pudiera expresarse como el deseo de quedarme allí para siempre por el hecho de que aquel lugar (o alguno muy semejante) había sido previamente para mí un lugar literario.
Suelo citar aquella frase de Borges en que decía aquello de “qué lindo habitar en una ciudad que ha sido cantada por un gran verso”; pero con ocasión de la contemplación de este lugar perdido entre las montañas, aquella cita se me quedó pequeña. He pensado a raíz de ello que el arte de la narración (o todo gran arte en general) no es más que una guía de cielos que tenemos por descubrir.

(Nótese que no es lo mismo un cielo que un lugar de peregrinación. Lo digo para los que ya acuden en masa a la Cafetería Bar Iberia Salón Comedor de Madrid tras la obra de arte de Félix de Azúa en su blog del 20oct06, www.elboomeran.com).

viernes, octubre 20, 2006



LHDn66: LAS ESCUELAS DE DOÑA JUANITA MADROÑERO

Un triste aparcamiento “provisional” que ya lleva ahí más de quince años ocupa el lugar donde estuvieron las escuelas de Doña Juanita Madroñero, que apenas ya nadie recuerda y cuyo derribo se llevó a cabo en su momento sin pena ni gloria. Es curioso ver cómo algunos edificios mueren o se resisten a morir con mucho jaleo público y otros, acaso más significativos para la ciudad, desaparecen en silencio y sin mayor alharaca.
Por la dificultad que me ha supuesto encontrar algunos datos sobre este edificio, y tal vez por su discreción en morir, le he cogido un cariño especial y le he hecho merecedor de un recordatorio especial en este LHD.
No hay planos originales de su construcción en el Archivo Municipal de Logroño, pero sí un grueso expediente manuscrito de las recepciones de obras de los diferentes gremios firmadas por Maximiano Hijón, que dicho sea de paso, le está resultado de mucha utilidad al amigo Fede Soldevilla para documentar a los herreros y carpinteros que trabajaban por entonces en Logroño. El expediente lleva fecha de 1867, es decir, apenas cinco años después del derribo de las murallas de la ciudad y justo cuando se estaba pensando cómo organizar los espacios extramuros. Al ubicar respetuosamente su fachada en línea con la puerta del Revellín dando origen a la también desaparecida calle Depósitos, no es aventurado decir que gracias a esa Escuela se salvó del derribo ese pequeño trozo de muralla, tan vulnerable entonces pero tan significativo ahora como salida del Camino de Santiago y punto central del ritual de las fiestas de San Bernabé.
A falta de los planos del proyecto original, existe un levantamiento del “estado actual” hecho por Fermín Alamo en 1930 cuando realizó el proyecto de una elevación de dos pisos para viviendas de los maestros sobre las propias aulas de la escuela, proyecto que no se construyó, seguramente por las penurias de los años republicanos.
Pasada ya la guerra civil, el arquitecto municipal Luis González realizó en 1944 otro proyecto de elevación sobre el edificio existente para nuevas aulas, pero tampoco se llevó a cabo su construcción. Una foto, realizada por Casado y recogida en el libro “Logroño, un siglo en imágenes” (preparado con fondos del Archivo Municipal y editado por el propio Ayuntamiento) muestra que en 1961 el edificio seguía igual que en 1930 y que en 1867.
Contemporáneo estricto de los dos grandes equipamientos urbanos proyectados por Jacinto Arregui en esa misma década, es decir, la Beneficencia de 1864 y el Hospital de 1866, las Escuelas Municipales de doña Juanita Madroñero, -como ya se denominaban en 1944 seguramente en honor de alguna maestra singular-, tuvieron el mismo carácter arquitectónico que aquellos, es decir, el de un edificio compuesto en pabellones y sin demasiado aparato decorativo, pero con el rigor y orden de un servicio público.
Fue demolido a finales de los años ochenta sin otro motivo que el de su probable obsolescencia y sin más razón que las ganas de acabar de abrir un vacío urbano que, ocupado desde entonces por un destartalado parking en superficie, sigue a la espera de los inciertos designios del desarrollo del concurso de Valbuena.
Alguien dirá que aquel edificio de las Escuelas no valía gran cosa, pero mirando la foto de 1961 puede verse que de un modo u otro, se ha llevado, o está en vías de llevarse tras de sí, prácticamente todo lo que tenía a su alrededor. Y es que hay arquitecturas o edificios que no sólo valen por lo que son, sino por la forma en que ocupan un lugar. Cuando desaparecen nadie los echa en falta, pero a los pocos años uno ve como si toda la ciudad que lo envolvía hubiera desaparecido también por el agujero que se abrió con su demolición.


jueves, octubre 19, 2006

LHDn65: LA CIUDAD EN OBRAS

En los próximos días iré al COAR a ver la exposición de fotografías del concurso organizado en colaboración con ñfoto bajo el título LA CIUDAD EN OBRAS, y que por lo que leo y veo en la prensa de hoy, ha otorgado el premio no a una foto sino a un fotomontaje (???). Si algo interesante me motiva en la visita, lo comentaré aquí.
Pero desde la propia convocatoria del concurso ya me llamó la atención el título del mismo, pues bajo LA CIUDAD EN OBRAS, publiqué en el n 12 de la revista El Péndulo del Milenio, allá por el año 2001, un artículo que por su actualidad y sus previsiones me parece interesante releer, y que como es de difícil acceso, lo traigo a la red. Ya siento que sea más largo que lo que se estila en un blog, pero no creo que sea cosa de publicarlo por entregas. Sobre todo, porque luego escribí una segunda parte que seguramente traeré también aquí.
Decía así:

Seguro que ya se han dado cuenta Vds. de que estamos en obras. Si cogen el coche para salir de Logroño, ahí está otra vez levantada toda la circunvalación (y ya van tres veces por lo menos); si van al Ayuntamiento verán un gran agujero de tierra; si tratan de cruzar el Ebro tendrán que hacer malabarismos para evitar el Puente de Piedra cortado por uno de sus extremos; en la zona del Cuartel de Artillería todo está en obras desde hace años; hay varias calles cortadas peatonalizándose y las ya peatonalizadas tienen, un día sí y otro también, obras de reposición de las baldosas rotas a causa de los coches que aún pasan por ellas por muy peatonalizadas que estén; la vieja carretera a Madrid, que se había quedado como una calle urbana al desviar la N-111, la están rehaciendo como doble vía echando las tapias para atrás; seguramente su casa, o la de al lado, tiene un andamio en la fachada bajo el que da miedo pasar; seguramente también su calle, o la de al lado, estará levantada otra vez para meter el gas o cambiar el alcantarillado; el del piso de arriba está cambiando todos los azulejos y los albañiles no paran de picar las paredes desde hace una semana; la Concatedral está patas arriba desde hace meses, el campo de fútbol no se acaba nunca, y así sucesivamente.
Pero seguro también que Vds. se creen que esto de las obras es una molestia ocasional y que una vez acabadas las obras podremos volver a vivir la ciudad en paz. Seguro que se han hecho a la idea de que una vez que se acabe la presencia de camiones y barro y grúas y ruidos, las calles y circunvalaciones, la Concatedral y el Puente de Piedra, la casa del vecino y su propia calle, van a lucir con un largo y duradero esplendor donde vivir en paz el resto de sus días. Pues bien, nada más lejos de la verdad. Yo les digo que la paz no volverá nunca a la ciudad; yo les aseguro que de no cambiar mucho las cosas, las obras van a continuar en mayor número y cantidad y que las molestias se van a incrementar una y otra vez hasta alcanzar umbrales insospechados e insoportables. Y lo digo no como una apuesta o una chulería, no como una fe, un pronóstico, o una aventurada proposición, sino que lo digo con toda la fuerza y verdad de una razón: aquella que dice que el tinglado de obras de la ciudad, además de ser un gran negocio que da muchos millones de dividendos y hasta crea muchos miles de puestos de trabajo, tiene una cobertura ideológica prácticamente irrefutable que da también miles y miles de votos, a saber, que todas las obras se hacen para mejorar la ciudad, para aumentar su Calidad y abundar en el Progreso, para incrementar el Turismo y, en general, para el grandioso e imperecedero Futuro de la ciudad.
Pero vayamos por partes. La causa primera que mueve a las obras no son las propias obras, en el sentido de la dinámica y negocio que se genera con la construcción y destrucción de cosas sino que, como ha sido dicho y es sabido, es el mercado del suelo que subyace bajo los edificios de la ciudad el que mueve mayormente a las susodichas obras. La causa primera siempre es oculta pero a veces tenemos la suerte de que salga a la luz. El derribo ya consumado del Teatro Moderno, por ejemplo, lleva ofreciendo desde hace meses el espectáculo siempre hiriente pero edificante de la exhibición de la riqueza ante la miseria: el caserío que lo envuelve y los ojos que allí habitan siguen tan depauperados como siempre, pero el espléndido solar que anuncia el negocio de la construcción y de la explotación de los multicines que allí se erigirán, posee el inconfundible brillo del dinero (la causa primera) por mucha basura que los vecinos le echen encima. La imagen del viejo Teatro, que según sus derrotados defensores podía haberse puesto en marcha con poco más que una manita de pintura, se hubiera quedado anclada para siempre en el entorno y no hubiera participado, como ahora, del brillante Futuro del barrio.
En el borde noreste de la ciudad, allí donde se quedó estancado su crecimiento durante casi medio siglo y donde las primeras viviendas baratas del desarrollismo franquista se construyeron con las prisas y malos materiales de los buenos negocios, espera así mismo su turno el excelente solar de la plaza de Toros para ofrecerse a la ciudad con similar lustre y contraste. Después de la feria matea del 2000, aquella triste feria en que los aficionados se desentendieron del destino del edificio y del arte que allí se practica (pues no de otro modo puede entenderse la incalificable bronca al mejor torero que pasó por ella), el modesto coso de Fermín Alamo descuenta en silencio los días que le faltan para exhibir la belleza de un inmenso y provechoso solar ¡a dos minutos a pie del mismísimo Ayuntamiento de Logroño!.
Los ciudadanos no ven por lo general la belleza de los solares, por lo que es recomendable contemplarlos siempre en compañía de algún empresario de la construcción o de algún político que anhela ver su nombre ligado a la estupenda operación económica que en él se anuncia. Para educar esa mirada, nada más ejemplar que aquel solar llamado “de Lobete” o “de los pimientos”. Durante años y años todos vimos que ese solar no valía nada (no brillaba nada, o no valía un pimiento) porque era público y no cabía el negocio en él. Lo dejarían como parque, o pondrían unas Consejerías o qué se yo. Pero en cuanto entró un gobierno que cree que la Administración Pública es como un negocio y anunció que lo subastaba para el negocio de construir viviendas, el solar de Lobete brilló como una estrella supernova. Fue un flash breve pero ya inmemorial en la historia de la ciudad de Logroño.
Mucho más difícil es ver el potencial de negocio, y por tanto de generación de obras, de aquellos solares que todavía están construidos. Hace falta una educación especial de la vista y una iniciación. Debajo de la ciudad de calles, casas, árboles y escuelas que todos vemos, se esconde una verdadera mina de oro a ras de suelo. Y es el deseo humano de dar con ese oro el que en primera instancia sacude la ciudad como un terremoto levantándola en obras por uno y otro lado. Hay una ciudad física y una ciudad negocio. La primera es estática, la segunda dinámica. La ciudad física tiene su representación en las formas. La ciudad del negocio se materializa en las obras. Son dos mundos entremezclados no siempre compatibles en el que uno de ellos, eso es seguro, lleva todas las de ganar.
Pero hay más motores de obras que el del mercado oculto del suelo de la ciudad-negocio. Causas segundas o terceras, les podríamos llamar. Uno es la inmigración y el crecimiento demográfico y otro la movilidad humana en automóviles privados. Es curioso que en una cultura de la estadística con medios tan sofisticados de cálculo, nadie quiera hacer unos números sobre ambas materias. El número de inmigrantes admisible de una ciudad o la movilidad humana en automóviles privados no ha sido todavía calculado y da la sensación de que nadie quiere hacerlo porque ello supondría racionalizar las obras del crecimiento y del viario, y probablemente ello llevaría a disminuir el volumen de sus obras. Al no fijar las expectativas de población siempre se tiende a pensar que el crecimiento es ilimitado y que todo lo que se construye se ocupará (o por lo menos que se venderá). Al no fijar el límite de la movilidad en automóviles privados todas las obras se quedan pronto pequeñas para absorber los nuevos incrementos, por lo que siempre hay que ampliarlas. Los historiadores del futuro no saldrán nunca de su asombro ante el dato de que el Plan General de Logroño del año 1984 planteaba que la ciudad de Logroño, por sus modestas dimensiones, era una ciudad destinada a no tener coches ni a sufrir sus problemas (!!!). Con cálculos y visiones de este tipo no es de extrañar que la circunvalación esté siempre en obras de ampliación y mejora.
La mina de oro del mercado del suelo, y la no previsión del crecimiento demográfico y del flujo de automóviles son causas muy entendibles de ese nuevo modelo urbano que vengo en llamar “la ciudad en obras”. Las causas teleológicas que anunciaba al comienzo de este artículo dan cobertura ideológica y sirven como excusa para pedir al vecindario que disculpen las molestias. De esas no voy a hablar porque prefiero remitir al interesado a los excelentes artículos de Agustín García Calvo recogidos en el nunca más apropiado título de “Avisos para el derrumbe” en editorial Lucina. Para acabar de definir la ciudad en obras es preciso hablar también de lo más elemental, esto es, de la edad de las ciudades, de lo viejo y de lo nuevo, de renovarse o morir, pero es tema largo y de mucha enjundia así que mejor será dejarlo para una nueva entrega.

miércoles, octubre 18, 2006





LHDn64: THE LONG AND WINDING ROAD

Como se cantaba en aquella hermosa canción de los Beatles, el camino hasta IKEA ha sido (y es) largo y tortuoso.
Hace unos años, cuando se instaló IKEA en España y los decoradores empezaron a ir con sus clientes a comprar muebles y complementos en sus primeros establecimientos, un amigo me comentó que al fin habían triunfado las ideas más nobles de la Bauhaus y el proyecto más honesto del diseño moderno. Los objetos para amueblar y decorar los interiores de las casas podían ser baratos gracias a un buen diseño y a su producción industrial a gran escala. Y por si IKEA no fuera suficiente, otras cadenas algo más pequeñas pero igualmente competitivas, venían instalándose con cierto éxito en muchas de nuestras pequeñas ciudades: LA OCA, CASA, etc.
Para entonces, los arquitectos progres hacía tiempo que habían tirado la toalla. Los pecados de la arquitectura moderna habían sido tantos y tan graves que muchos de sus creyentes, aunque aún rezaran las jaculatorias de “ornamento es delito” y “menos es más”, e intentaran hacer algo de minimalismo para las fotos de las revistas, sintieron cierto alivio con la llegada de la postmodernidad o incluso se alborozaron y coquetearon con esa deconstrucción que les permitía poner los cubos desplomados. Y si el encargo daba para contar con ingenierías de fachada, pues hasta se podían permitir un toque high-tech como quien tira una cana al aire.
Por si ello fuera poco, en aquellos años de hundimientos comunistas, caídas de muros y reubicación de tendencias, en España vivimos el boom de un diseño frívolo y festivo que poco tenía que ver con las mejores intenciones de los pioneros modernos.
IKEA ha sido por lo tanto, una sorpresa inesperada; un canto de cisne; o acaso un ave fénix que ha levantado el vuelo para dar ánimos a quienes algún día pensaron que aquella modernidad larvada desde la Exposición Universal de 1851 y forjada finalmente en el crisol de la Primera Guerra Mundial era algo más que una pose, una moda o la niña bonita de una ideología.
Lamentablemente tengo que decir, sin embargo, que la frase con la que he iniciado esta nota no está inspirada en las vicisitudes de una gran idea por abrirse camino a lo largo de casi un siglo, sino en las ilustraciones para localizar y llegar hasta los establecimientos de IKEA que pueden verse en el catálogo de la temporada 2006 – 2007. Recorridos largos no sé, pero que son tortuosos es más que evidente. Si el diseño moderno ha triunfado al fin en los pequeños objetos de la casa, en los grandes temas de ordenación de los espacios de circulación, del paisaje urbano y de la simple orientación, hemos alcanzado a su vez, (y a la vez), los límites más ridículos del infradiseño.
He escrito un par de veces sobre la cuestión así que no es cosa de repetirme sino en todo caso de releer los argumentos: en elhall76 publiqué “Superestructuras de Infradiseño” que puede encontrarse en www.coar.es/cultura/elhall_fr.htm ; artículo que tuvo una interesantísima respuesta por parte de un experto en accidentes de tráfico y seguridad vial de Elche, Luis M. Xumini, y que puede también leerse en elhall81 de la misma web bajo el excelente título de El Rotondismo Fundamentalista. A solicitud del director de la revista Archipiélago aún di una vuelta más al tema alargando un poco el título del primer artículo: Superestructuras de infradiseño y otras miserias urbanas (Archipiélago n62).
Hubiera sido más bonito celebrar el nuevo catálogo de IKEA mostrando alguno de los productos estrella de la temporada. Pero los críticos tenemos la maldición de contar siempre lo que nos escandaliza.
De todos modos aún confío en que, después de haber cambiado tantas veces de dirección y sentido y haber girado en tanta rotonda (y si hay topes en la calzada ya ni te cuento), el lector supere todos los vértigos y mareos propios de tan sádico meneo y pueda disfrutar, más allá de la propia adquisición de los productos, del encuentro con una vieja idea al fin triunfante.

martes, octubre 17, 2006



LHDn63: SAN AGUSTIN 1

Qué sencillo le hubiera sido saludar, parar y preguntarme, que si quería saber algo sobre el edificio que estaba yo tan atentamente observando algo me podría él contar.
Fue el viernes 12 de mayo a eso de las dos del mediodía. No había apenas nadie en la calle peatonal San Agustín y llevaba yo un buen rato plantado en mitad de la calle tratando de hacer una foto para mi “guía” de Logroño de la curiosa casa que hace esquina con Capitán Gallarza, cuando vi que el Decano del COAR y presidente del PARTAL Domingo García-Pozuelo pasaba justo a mi lado mirando al suelo y acelerando el paso. No era la primera vez que Domingo hacía como que no me había visto para evitar el saludo. Desde que redactó aquel acuerdo infame que cerró la séptima época de elhall ya me lo había hecho una vez en el paso de peatones de Vara de Rey, debajo de la casa del Torero, y otra en el propio Colegio de Arquitectos. Por eso, cuando el 30 de mayo escribí en positivo el LHDn19: SALUDOS, aunque no lo mencioné, ya tenía presente su lado negativo: los no-saludos.
Pero dejemos a un lado la anécdota para entrar en la investigación. La casa de San Agustín 1 me había llamado la atención por la curiosa mezcla en fachada de elementos de la arquitectura de empaque de los cuarenta y algún que otro eco racionalista y regionalista. Por afinidad con algunos elementos de esta forma de diseñar llegué a pensar que podría ser de José María Carreras, pero al encontrar el expediente original en el Archivo Municipal de Logroño, descubrí que era de Agapito del Valle, en 1945, para Marcelino Arrieta. En el primer contraste entre el proyecto y el edificio construido me llamó la atención que los ojos de buey que hay antes de la última ventana junto a San Agustín 3 no estuvieran en el proyecto original.
Todo se aclaró cuando siguiendo los avatares arquitectónicos del inmueble, descubrí que en 1990 José Ignacio Rodríguez y Domingo García-Pozuelo firmaron una rehabilitación completa de la casa para Logroño Promociones SA, en la que se añadían esos ojos de buey como ventanas de habitación de una de las oficinas que habían sacado donde antes hubiera viviendas. Un cambio de uso radical y un hueco muy especial.
Pero el proyecto de Domingo y José Ignacio contenía mucha más información porque la rehabilitación se hacía, no sobre la fachada original, sino sobre una alteración posterior, la de los famosos Almacenes San Bernabé, que al parecer no les gustaba mucho. Esto es lo que decían en la memoria (cito textualmente): “La intervención se centra en lo siguiente: por una parte la restauración de la fachada proyectada por el Arquitecto Don Agapito del Valle, y la recuperación de la parte ocultada por una intervención que en la entreplanta, dio un carácter de funcionalismo torpe, bajo el signo de una modernidad mal entendida, a toda la parte baja del edificio”. De los dos arquitectos que firman el proyecto, y a la vista de otros escritos, ya imaginamos quien redactó la memoria.
Para completar la investigación sólo me quedaba saber quién podría ser el arquitecto del “funcionalismo torpe” y la “modernidad mal entendida”, así que pedí el expediente de la reforma de la entreplanta para la ampliación de la tienda de la planta baja, y cuál no sería mi sorpresa cuando descubrí que era ¡del mismo “don” Agapito del Valle!, en 1966, para los Hijos de Marcelino Arrieta, esta vez firmada al alimón con su hijo Félix del Valle, quien posteriormente sería compañero de despacho de José Ignacio.
La historia es tan jugosa, y las deducciones que pueden hacerse sobre la miseria teórica, documental, argumental y profesional del presidente del PARTAL tan evidentes, que es preferible que las haga ya el lector a partir de los datos que aquí le doy.
Y así yo me vuelvo a la anécdota y a pensar en miserias más humanas y profundas, es decir, en lo tontos que somos en provincias, cuando no aprovechamos las posibilidades de aclarar, en esos habituales encuentros callejeros que las pequeñas ciudades nos proporcionan, buena parte de nuestras diferencias personales.
(Para quien quisiera profundizar en la historia, le puedo pasar digitalizada toda la documentación gráfica de la misma).

lunes, octubre 16, 2006



LHDn62: GUIAS CRUZIALES

Algunos arquitectos más o menos amigos o próximos que esperan que el año que viene se edite la Guía de Arquitectura de Logroño en la que he venido trabajando pacientemente durante los dos últimos años; y hasta el propio Colegio de Arquitectos que me la encargó y luego trató de que la abandonara, se van a llevar la sorpresa de que bien a la par, o incluso antes de que mi libro esté editado, van a poder tener en sus manos otra Guía de Arquitectura de Logroño o incluso dos.
De la primera de ellas pudieron tener noticia cuando a una Comisión de Cultura del COAR llegó la solicitud de ayuda de un historiador de Bilbao, Gorka Pérez de la Peña, pidiendo sugerencias y colaboración para elaborar listas de los posibles edificios más “interesantes” de la ciudad. Ignoro si alguien en el COAR le proporcionó la colaboración pedida, pero lo que sí es cierto es que paralelamente se le concedió una subvención para realizar un estudio sobre la obra de Rafael de Fontán (ver LHDn5)
Pero como las fuentes de datos no son muchas, enseguida empecé a tener noticia de la forma de trabajar de Gorka y finalmente ha sido inevitable coincidir personalmente con él en el Archivo Municipal de Logroño. Sus posiciones y las mías son tan distintas, que tan sólo la coincidencia en el mismo título de nuestros trabajos –Guía de Arquitectura-, pudiera inducir a algún inepto al error de confundirlas o compararlas.
A la vez que a Gorka, he tenido la suerte de conocer a su promotor editorial, el Director del Grupo Publicitario “Cruzial”, Ignacio González-Riancho Colongues, un hombre comunicativo y con las ideas muy claras en el campo del negocio y el marketing, por lo que no me queda duda alguna de que nuestros trabajos no tienen otra cosa en común que el título.
Por otra parte, en este verano del 2006 me llamó José Miguel León poco más o menos que disculpándose porque había recibido un encargo del Docomomo para elaborar un listado de los mejores edificios del siglo XX en La Rioja, y me pedía colaboración en cuanto a datos. Josemi tiene una larga tradición de recopilador, catalogador y seleccionador de nuestra arquitectura más notoria, y así lo demuestran las fichas que elaboró para el COAR hace ya más de treinta años, por lo que poco le iba yo a dar que no conociera de los edificios “interesantes” que a él le ocupan. De todos modos, la semana en que estuvimos de viaje en Milán (mayo del 2006), dejé en sus manos todo, absolutamente todo, el material que yo tenía elaborado. Cuando me lo devolvió intentó hacerme una crítica de mi forma de trabajar (incluso con algunos picajosos comentarios cargados de celos personales) pero no pasó a más porque enseguida se dio cuenta de que su crítica iba por un lado y mi trabajo por otro. Como desde entonces no he vuelto a hablar con Josemi, pues en las últimas veces que hemos coincidido siempre le he visto en la corte del COAR, no tengo ni idea de si el Docomomo editará esa “selección” dentro de algún libraco gordo a nivel nacional o si lo hará de una forma aislada como “Guía de Arquitectura Moderna de Logroño”.
Supongo que tanta Guía en tan poco tiempo nos va abrumar. Quizás sea un síntoma de que en arquitectura debemos estar tan desnortados que seguramente no necesitamos de una, sino de dos o tres guías. La de Josemi ya vendrá bendecida por el propio prestigio de su promotor, y a fe que el COAR se unirá al séquito. La de Gorka pertenecerá a una colección comercial, en la ya están editadas las de Santander y Bilbao (y en preparación también está la de Valladolid), y cuyo título pica muy alto: “Guías Cruziales”.
Para evitar los “cruzes” yo he empezado a buscar un título distinto para mi trabajo, aunque no sé si daré con él. Me sabe mal que me pisen el de “Guía”, pero quizás tenga que renunciar a guíar a nadie en materia de arquitectura. De todos modos, lo de “cruzial” nunca se me hubiera ocurrido.

viernes, octubre 13, 2006



LHDn61 ARQUITECTURA Y METAFISICA

He aquí dos grandes palabras, dos conceptos prestigiosos, dos ocupaciones nobles donde las haya. Y por desgracia, dos polos de mi vida entre los que he oscilado (y me electrocutado) más de una vez. Con dieciocho años y la oquedad de la religión encima yo hubiera querido dedicarme a la metafísica, pero no sé muy bien cómo, me vi metido en arquitectura. Eso sí, gracias a que cursé arquitectura en años de mucha huelga, dediqué la mayor parte de la carrera a leer Aristóteles, Kant, Kierkegaard o Nietzsche. Quince años más tarde, cuando la arquitectura se me hizo banal, volví a la metafísica por la vía de la ontología, y me pasé unos años levitando. Pero el encanto como se vino se fue, y empecé a andar con un pie en cada lado o en ninguno de los dos.
El caso es que hace unos meses, en la librería de la Trienale de Milán vi un libro que se titulaba Ciudad Metafísica y el corazón me dio un vuelco. Su autora se llamaba Donata Pizzi y el contenido era un estudio sobre pueblos italianos de nueva fundación entre 1920 y 1945 en la propia Italia y en sus colonias, Libia y Eritrea (algo parecido a los poblados del Plan Nacional de Regiones Devastadas del franquismo de Del Amo y compañía). Estudio sí, pero como cualquier curioso bibliófilo de arquitectura se puede imaginar, la parte más sobresaliente del libro eran las fotografías. No recuerdo bien, pero creo que todas eran en blanco y negro, mostraban paisajes urbanos vacíos o desolados, ruinas de paredes blancas, ventanas negras y sin carpintería como las que dibujaban los rossianos, etc.
El uso de metafísica como adjetivo me llevó en otra librería más generalista (creo fue la del Museo de Brera) a consultar las monografías de Giorgio de Chirico, artista conocido por ser el inventor de la “pintura metafísica”. No me entusiasmaron gran cosa sus cuadros, pero en alguno de sus numerosísimos autorretratos le encontré cierto parecido con Oscar Tusquets. O al revés.
Finalmente, ya de vuelta de Milán, releí un artículo de Tomás Llorens sobre De Chirico (AViva5 p32) en el que se intentaba demostrar que el pintor metafísico no era uno de los grandes maestros del siglo XX y que en realidad su obra debería de situarse “en los márgenes”.
Ya es pena, me dije, que la metafísica se convierta en adjetivo, pero que encima se la ponga en los márgenes, es patético. Por si fuera poco, en su blog de 9oct06 y a raíz de un artículo de José Luis Pardo, Félix de Azúa describía con su habitual coña que al igual que otros antaño prestigiosos compartimentos de la filosofía, la metafísica está en horas bajas y que las disciplinas triunfantes son la política y la estética, bien a la par o fundidas en una sola.
Yo nunca me he atrevido a escribir públicamente de metafísica pero desde hace tiempo no paro de poner por escrito (aunque sea a escondidas en esta página de blog) que la arquitectura ha perdido el norte. Así que ahora me pregunto si no será porque no encuentra su metafísica. Como el libro de los poblados fascistas no era más que un álbum de fotos estetizantes, y de Chirico un tipo al margen, habrá que esperar a nuevas conjunciones entre la arquitectura y la metafísica.

miércoles, octubre 11, 2006



LHDn60 DON´T COME KNOCKING

Es verdad que ya vemos la realidad a través de los ojos de la pintura, o por decirlo de un modo más general, a través del arte. Hasta yo mismo, que soy bastante “arteo”, cuando veo un urinario digo, “un Duchamp”, o ante cierto verde con rojo digo, “un Rothko”. Lo nuevo para mí es usar el cine para interpretar la realidad: por ejemplo, cada vez más ciudades las veo ya como Blade Runner. El año pasado, cuando empezamos a relamernos de gusto tras la visita a los fantásticos interiores de la Biblioteca de Berlin, acabé preguntándome si nuestro entusiasmo era debido a la maestría espacial de Scharoum o a aquel blanco y negro de Wenders en Cielo sobre Berlín. Me parece muy peligroso ver la realidad con los ojos de un cinéfilo: te puedes volver tan pesado como los artículos de Bernardo Sánchez.
El caso es que el otro día fui a ver Don´t Come Knocking (que nuestros distribuidores españoles nos han traducido como “Llamando a las puertas del cielo” para ver si aprendemos inglés de una vez), y salí deshecho de pasión arquitectónica. Los paisajes urbanos de la América profunda en Nevada y Montana son duros (yo no había vuelto a Montana desde aquellos relatos de Rock Springs y Great Falls de Richard Ford), pero la cámara de Wenders los convierte continuamente en cuadros de Edward Hopper. El truco consiste en quitar los coches de las calles (eso le gustaría a Milán Kundera): hasta los paisajes más desolados son maravillosos cuando no hay coches por medio; o mejor dicho, cuando sólo hay un bellísimo coche que los recorre.
En materia espacial la película de Wenders es completamente falsa. En las carreteras americanas, por muy remotas que sean y aunque crucen los espacios más abiertos, no hay forma de parar en las cunetas. Los norteamericanos son en eso fieles herederos de la tacañería inglesa, que jamás regala un metro cuadrado entre las carreteras y las propiedades valladas. Para un fotógrafo digital (o sea, compulsivo) es insufrible viajar en coche por América porque cada vez que ves un paisaje y quieres fotografiarlo, te has de aguantar las ganas porque es imposible parar. Quizás sea ese el truco de Wenders: que con el permiso correspondiente para rodar, obtiene lo que el viajero enamorado de los paisajes americanos quisiera fotografiar; con coches y sin coches.
Por lo demás, la película es estupenda. Hay tema, actores (qué grande Sam Shepard), música excelente y ese tipo de narración pausado que me trae recuerdos de mi entusiasmo juvenil por el cine de Antonioni. Y hay también un detalle sonoro que me provoca una especie de profunda nostalgia. En casi todas las pequeñas ciudades de la América profunda siempre se escuchan los silbatos del ferrocarril. En este punto, la película de Wenders es absolutamente fiel a la realidad. Pero como en Don´t Come Knocking se oyen los trenes pero no se ven, para que esta crónica quede más bonita le pongo la foto de unas locomotoras que hice en un paso a nivel situado en el mismísimo centro de Reno, Nevada.


martes, octubre 10, 2006



LHD n59 JORNADAS DEL PATRIMONIO 2006

Uno de los mejores alicientes de los primeros días del otoño es encontrarte en la calle con gente que te cuenta sus viajes de verano. Lo mejor es dar con los viajeros según llegan pues te sueltan sus impresiones tal cual las sienten, sin mayor elaboración. Normalmente se nota si ya llevan varios días en casa después del viaje, pues a fuerza de contárselo a unos y a otros, las impresiones empiezan a cobrar consistencia por sí mismas: se hacen más literarias y tópicas y van perdiendo su frescura inicial. Cuando eso pasa lo mejor es no dejar que te cuenten el viaje, sino hacer preguntas. A poco que camines por esta ciudad, y con las buenas tardes que está haciendo en estos primeros días de octubre, te puedes pasar horas escuchando las más variadas noticias de todos los rincones del mundo y sacar un buen partido de ello.
Carlos Muntión me ha contado que ha estado en La Alhambra y que a pesar de las miles de personas que había dentro, le gustó. Se enteró de que dentro de poco la van a cerrar por obras durante varios años y quiso anticiparse al lifting. Tan contento estaba de su viaje que no le importó mucho que le dijera que la Alhambra que hemos llegado a ver no era ni la nazarí, ni la de Washington Irving, sino la que interpretó el arquitecto Leopoldo Torres Balbás (de quien, por cierto, se ha editado recientemente una monografía laudatoria y acrítica, es decir, de mero interés documental: Alfonso Muñoz Cosme, ed Junta de Andalucía). Los edificios museificados son como viejas partituras que varían según quien las interprete y según como se organice el concierto. Las próximas obras nos depararán una nueva Alhambra. No es mala técnica comercial: habrá que volver a oírla. De todos modos, lo que más le gustó a Muntión de su viaje fueron las casas-cuevas de Guadix. Las encontró muy arregladitas y acogedoras.
Mónica Yoldi, que ha estado en Japón, me ha contado que allí odian las cosas de segunda mano; así que cuando un edificio histórico envejece, lo derriban completamente y lo reconstruyen con la máxima fidelidad. Más que una interpretación, lo que hacen los japoneses con la arquitectura es como una remasterización. También me ha dicho que los equipos que trabajan en limpieza se emplean tan a fondo que parece que les vaya en ello la vida. Y además van perfectamente protegidos (guantes, botas, mascarillas, etc) para no contagiarse de lo que limpian ni para contaminar nada con su limpieza.
El que más tiempo me ha tenido en la calle contándome su viaje ha sido Javier Solozábal y es que venía nada menos que de recorrer toda la China por la ruta de la seda. Me ha contado que es cierto que los chinos son muy hacendosos y que sus ciudades crecen a un ritmo incluso superior a Logroño, pero que la gente no se desplaza masivamente en bici como yo me imaginaba. Ni tampoco en coche: cuando los chinos tengan coches -me ha asegurado-, sus ciudades se colapsarán. La solución momentánea a la movilidad es el telefonino. Todo chino, desde el pastor de ovejas hasta el vendedor ambulante, tiene un móvil para -eso es lo curioso- que no se mueva mucho. Se ve que el Estado, medio se los regala y que debe ser tirado llamar. Le pregunté por los restos urbanos del pasado, pero me dijo que excepto la Ciudad Prohibida y la Gran Muralla, allí no hay pasado (lo arrasó la revolución cultural), sólo hay futuro. Así que no hay problemas de interpretación ni de remasterización. Es por ello que Foster y Koolhaas están encantados construyendo en Pekín (esto no me lo contó Javier, sino que es de mi reciente cosecha de titulares y entrevistas en periódicos; la foto que ameniza hoy el blog es del aeropuerto que Foster construye para los Juegos del 2008).
Creo que este otoño no tocan las Jornadas de Intervención en el Patrimonio bianuales organizadas por el COAR (tampoco iba a ir), pero yo ya me he hecho unas jornadas particulares con tres o cuatro encuentros en la calle. Y más baratas, más amenas, y tanto o más interesantes.

lunes, octubre 09, 2006



LHDn58 PENELA

Si antes me invento lo de las ticsturas, antes cae por aquí un arquitecto enseñándonos su muestrario. Véase Alfonso Penela. Estaba muy liado en el trabajo, dijo, pero le invitaron a Logroño y…, eso no se podía dejar pasar. Claro que no, hombre, ¿para qué tienes esas fotos tan monas de tus edificios si no es para enseñar? La gente, sin embargo, lo entendió como un cumplido. Hay que ver qué cortés es la gente.
La conferencia se titulaba “Proyectar el Vacío” pero como es normal, no respondió a semejante oferta filosófica. El vacío, enseñaban en el bachiller, era algo que se hacía en una especie de esfera hueca hecha de dos partes, y aunque nunca se conseguía del todo, con hacer el vacío lo suficientemente bien ni dos caballos tirando de cada cáscara de la esfera conseguían abrirla. Así de poderoso era aquel vacío. En un breve momento de la conferencia, Penela hizo cierta alusión a algún vacío pero ni de lejos tenía aquella intensidad. Lo suyo eran metáforas leves de esas que dan un toquecito poético a la arquitectura en las revistas y las reuniones bien.
Pero no fueron las ticsturas caprichosas (véase en la foto, por ejemplo, como chirrían el sencillo orden estructural del techo y la sencillez geométrica del espacio del polideportivo con la ticstura de la fachada) ni la enorme distancia entre las metaforillas y los retos teóricos lo que más me llamó la atención, pues eso suele ser bastante habitual en los arquitectos que aspiran a ver publicadas sus obras y tener su puntito de luz en el firmamento de la Historia. Me sorprendió, que a pesar del habitual balbuceo con que los arquitectos nos expresamos en público, contaba su obra de una manera ordenada, efectista –sacando la imagen adecuada en el momento oportuno-, y con un tono ameno y nada soberbio (años luz de Mangado, Rojo o Consuegra, por poner a los tres últimos autores que han tenido aquí un bolo).
Ya se estaba ganando por ello mi afecto cuando a la tercera o cuarta obra me di cuenta que el truco consistía en contar que para cada edificio que había levantado siempre había hecho algún pequeño inventillo constructivo, preferentemente en “la piel”. Ese desviar la atención de lo general hacia el detalle material es un buen ardid, porque hace parecer artesano a quien nunca lo es ni lo podrá ser, y con eso se gana siempre uno el favor del público. La arquitectura puede incorporar invenciones o anécdotas, pero no debería aceptarse nunca que fuera contada desde ellas. Se acabó mi afecto.
Y lo mismo hizo con las posibles referencias: nada que ver con una corriente, un estilo, una poética, o una adscripción teórica. Cuando mencionó a Siza, fue porque puso una ventana en una casa para mirar el césped, algo en lo que por lo visto reparó alguna vez el maestro del Concepto, Concepto (ver LHDn6). Y cuando mentó a Niemeyer (¡ay! ¡con lo que acabamos de ver en Brasil!) fue para decir que él también quería curvar el hormigón para estar a la altura de las… sensuales curvas brasileñas.
Después de exponer una operación urbanística en una ladera de Vigo más o menos sensata (a excepción de una espantosa pieza central que pretendía singularizarla), acabó su conferencia con un elemental análisis de los problemas de Vigo (tan elemental que lo ha hecho hasta el turista más despistado que haya caído por allí antes de pasarse bajo el hotel Bahía a ponerse ciego de ostras y ribeiro), para meterse de lleno en el fango “conceptual” con dos propuestas así denominadas por él mismo, es decir, “conceptuales”, pero que en realidad no tenían nada de conceptual y sí mucho de deseo de hacer cosas grandes en su ciudad.
En fin, un bolo entretenido y en oferta de una pieza más de nuestro glorioso panorama arquitectónico nacional.

sábado, octubre 07, 2006

JABLES / NITECUEN

JABLES / NITECUEN

De los viajes de verano o de libros poco visitados, Félix de Azúa trae siempre para su blog un buen número de palabras locales o de vocablos inusuales, que algunos leemos con la vieja curiosidad que tenían aquellos que aceptaban ver las diapositivas de los viajes de otros.

En los post que Eduardo Gil Bera cuelga de vez en cuando en el blog de Azúa, los mismos curiosos lectores encontramos, por el contrario, palabros de nueva factura que el escritor inventa con singular desparpajo.

Son como dos vías distintas y complementarias de reparación de un lenguaje que los periodistas y otros aficionados a escribir vaciamos constantemente por el centro.

viernes, octubre 06, 2006


LHDn57 CAFE BRETON
¿Quién se iba a imaginar que la fiesta pudiera acabar así? Las fiestas, las verdaderas fiestas, son impredecibles; y de ahí su gracia. Sólo hay que dejarse llevar.
Empezó la cosa con una conferencia en el COAR del arquitecto Alfonso Penela de Vigo con motivo de (¡anda ya!) el “día mundial de la arquitectura”. Tiempo habrá de hablar de Alfonso Penela, asunto que ahora es poco importante, -un arquitecto majete que hace cositas en provincias para engancharse al estrellato. Otro día será.
Había esta noche cosas mucho más importantes de que hablar, saludos que atender y posibles conversaciones que rechazar. El final del verano es duro. El otoño se nos echa encima con un montón de asuntos pendientes que van a marcar la ruta de los fríos meses que se avecinan. Y hay que desbrozar.
Discretamente dejamos el Colegio de Arquitectos y nos fuimos a la calle Laurel para hablar tranquilamente de los viajes del verano y de las ecuaciones que nos plantea el año. Todo en buena armonía. Un saludo aquí y otro allá. Un compañero que se une y otros que pasan saludando (o besando incluso/ novedad de las arquitectas) o sin saludar.
Pero a la hora del último café, o de la última copa, la inercia nos llevó al Bretón. Durante los últimos años ha sido el café de referencia cultural en Logroño. Sin ir más lejos, ayer mismo, miércoles 4, después de la cena mensual con los amigos etnógrafos, sociólogos y agricultores de Logroño, fuimos allí y nos tomamos un descafeinado y un orujo, como cualquier otro día del año. Pero hoy jueves 5 de octubre cuando, una vez más, los perezosos pasos de la indecisión nos llevaron a ese bar, nos encontramos con una extraña fiesta (¿aquelarre?) en la que se celebraba la muerte de tan singular punto de encuentro.
Gente variopinta. Jaleo. Copas gratis y una música a todo volumen muy bien escogida. Un funeral en toda regla. Mientras algo moría, la gente bailaba, bebía y se abrazaba como si eso no fuera con ellos. O como si la propia muerte fuera motivo de alegre celebración.
Había allí amigos de hace veinte o veinticinco años. Alumnas que parecían olvidar que habían sido alumnas. Camareros improvisados. Cócteles que se bebían sin parar. Nosotros, los arquitectos, fuimos por pura casualidad, pero nos dijeron que muchos de los que allí estaban habían sido convocado por el selecto sistema de los SMS. Logroño estaba perdiendo el café más amable de los últimos veintidós años, el café de nuestra pequeña y triste vida cultural: donde se daban los premios de poesía, donde se presentaban libros de editoriales minoritarias, donde…, ay, celebramos las mejores (las únicas) tertulias de arquitectura, etc., y nadie hablaba de eso.
El alcohol llegó a destapar, incluso, conflictos extraños –porque la vida artística y provinciana está llena de ellos-, pero el sopor de las tres de la mañana acabó por disolverlos o por aplazarlos.
A última hora llegaron unos cuantos fotógrafos de la prensa (seguramente convocados por los móviles ó los jefes). Hicieron fotos previsibles de la tonta alegría colectiva, pero se perdieron el momento decisivo: ese en el que, cuando ya todo el mundo se había ido, media docena de parroquianos abandonábamos el bar enzarzados en pastosos recuerdos y ajenos al sentido del momento.
Los bares se mueren de una forma muy rara.
RIP Café Bretón.

jueves, octubre 05, 2006

LAS RUINAS MAS BELLAS DEL MUNDO



Los muros de adobe y de tapial son tan delicados que parece que se fueran a erosionar con la mirada. Como en el caso de las flores, es de suponer que la gracia de la arquitectura de adobe o tapial está en su carácter efímero. Al ver hacer tapial, pareciera que los hombres están jugando con barro, no construyendo. Cuando los edificios hechos con arcilla sin cocer están en uso, necesitan de un cuidado constante, como si fueran una planta. Y en el momento de la ruina, parece como si la arquitectura se estuviese disolviendo en las montañas y en el suelo que las rodean. No hay ruina más bella que la del adobe o el tapial: antes de que el abandono o la mugre se adueñe de sus muros, la lluvia y el viento devuelven el polvo de arcilla a los campos. 

En un viaje colectivo de arquitectura celebrado en junio de 1999 fuimos a uno de los paraísos de tapial más a mano: los valles del sur del Atlas. Y volvimos encantados, claro está (buena ocasión para releer el reportaje posterior al viaje: Elhall 47-48). Pero inmersos en la machacona cultura del patrimonio, la conservación y rehabilitación, el desconcierto más absoluto nos asaltaba en cuanto nos preguntábamos qué se podría hacer con todas aquellas ruinas.

Algo parecido le debió suceder al arquitecto valenciano Vicent Soriano Alfaro cuando las visitó por primera vez, a comienzos de los noventa; sólo que él intentó dar respuesta. Como era profesor en la Escuela de Valencia, organizó un par de talleres con estudiantes de arquitectura para estudiarlas con mayor calma, catalogarlas, medirlas y dibujarlas.

Fruto de sus estudios, talleres, contactos, idas y venidas, es el libro "Arquitectura de Tierra en el Sur de Marruecos" que le ha editado la colección Arquithemas de la Caja de Arquitectos. Es un trabajo excesivamente grueso como para dedicarle una lectura detenida, pero ojeando aquí y allá, se aprecia un aire muy fresco en la narración del acercamiento a esta arquitectura tan singular, y… un encorsetamiento algo más rancio a la hora de hacer catalogaciones tipológicas y sugerencias restauradoras.

Como todo arquitecto de nuestro tiempo Vicent Soriano no se conforma con contemplar, sino que quiere aprender (a la vez que enseñar) y quisiera intervenir. Respecto a lo primero, me gustaría decir que no es suficiente con medir, dibujar y catalogar (por cierto, en el libro se echa en falta una mejor localización de las obras), sino que es preciso teorizar. Y eso ya está hecho: no hay más que leer los patrones referidos a la construcción en Un Lenguaje de Patrones de Christopher Alexander, y ahí está todo: muros gruesos, paredes blandas, ladrillos y baldosines blandos, tapias de jardín, luz filtrada, etc. etc. (véase si se quiere mi Manual de Crítica de la Arquitectura, pag 121).

Respecto a lo segundo, la referencia a esa kashba rehabilitada como hotel por un otro entusiasta español, me parece no sólo dudosa, sino antinatura. Y de ahí las palabras iniciales de esta nota.

Frente a las ruinas clásicas de nuestras gloriosas arquitecturas en piedra, tan sólidas ellas, y por lo tanto tan reconvertibles en gadgets turísticos, las ruinas del tapial son infinitamente más auténticas. 

Por ello, en vez de declaraciones UNESCO de Patrimonio de la Humanidad, se merecen más bien el título de "las ruinas más bellas del mundo". Y puestos a animar a la visita y fomentar su turismo deberían venderse como en otros tiempos la Torre de Pisa: corra a verlas antes de que se caigan. O también: tenga en cuenta que con sólo mirarlas (y ya no digamos visitarlas) se caen.

miércoles, octubre 04, 2006


LHDn55 Pritzker a Rocha, miércoles 4 oct 06

No tengo noticia de las revistas que puedan publicar las Asociaciones de Arquitectos de los Estados de Brasil y que nos pudieran dar otro enfoque del panorama de la crítica de arquitectura en ese país. Así que en esta nota me ceñiré a comentar algo sobre la única revista de arquitectura que en nuestro reciente viaje encontré en los quioscos de prensa: "aU, arquitectura & urbanismo". Es una revista creada en 1985 que arrancó con una periodicidad irregular, pero que pronto se convirtió en bimensual. He tenido la suerte de que en este mes de septiembre del 2006 editaban su número 150, por lo que a modo de autohomenaje y publicidad publicaban en las últimas páginas de este ejemplar las portadas y los contenidos de todos y cada uno de los números publicados. Y aunque no sea concluyente, eso ya da una idea de los temas que han divulgado y los autores que han escrito sobre arquitectura en esta revista durante los últimos veinte años. Y cómo no, ahí está ocupando un puesto principal el amigo Roberto Segre, al que dediqué el anterior número del LHD. Sin ir más lejos, Segre escribe en el número 150 un largo artículo acerca del arquitecto argentino Mario Roberto Alvarez, sobre el que algún día habrá que volver si es que organizamos un viaje a Buenos Aires. Y eso que las fotos no son como para entusiasmar. Lo curioso es que en la bibliografía que cita hay un estudio sobre Alvarez publicado en la UPC nada menos que por Helio Piñón… (¿qué habrá encontrado Helio en los masivos edificios de oficinas de este arquitecto?). Perdón, que me extravío.La revista la compré por mera curiosidad y porque salía en portada y en un reportaje interior, la intervención en un edificio histórico en Salvador de Bahía que acabábamos de ver por fuera (pues su aspecto no nos invitó a más): el museo Rodin en el simpar Corredor da Vitoria. Pero sin lugar a duda, lo que más me llamó la atención fue la foto que he extraído para confeccionar esta nota. Es la de una escuela estatal recién acabada en Sao Paulo por el nuevo Pritzker brasileño, el paulista Pedro Mendes da Rocha, quien con semejante premio parece querer decir al mundo que Brasil está, como cualquier otro país galardonado, en lo más alto de la cultura arquitectónica.Los colorines del edificio, las formas esquemáticas, y el minimalismo de sus texturas ofrecen un contraste tan trágico con el paisaje de favelas que lo envuelve, que la frase de Roberto Segre que citaba al final del LHD anterior cobra todo su sentido: la arquitectura tiene "vida propia" y baja del cielo de vez en cuando (y bendecida por los Pritzker) para mejorar la ingrata cotidianeidad de la población. En el pie de foto se dice que "a escola busca requalificar o espaço urbano"La pena es que los niños que irán a esa escuela son los de la favela de alrededor, y seguro que no sabrán respetar como es debido la pureza de los colores y sus limpios paramentos. No estaría de más que dentro de cuatro o cinco años, alguien hiciera un reportaje fotográfico de esa escuela para ver si la arquitectura ha tenido efectos salvíficos sobre el entorno o la ingrata cotidianeidad ha tomado la arquitectura al asalto. Apuesto por lo segundo. Y en el doble sentido: en el del juego y en del deseo.

lunes, octubre 02, 2006



LHD n54 ROBERTO SEGRE martes, 3 oct 06

Para contar cual es el estado de salud de la arquitectura en Brasil, los viajeros logroñeses que hemos ido recientemente a tres de sus ciudades (Salvador de Bahía, Río de Janeiro y Brasilia) hemos traído una ingente cantidad de fotografías que pronto pondremos en común entre nosotros, y que con el tiempo iremos ofreciendo a los amigos. Pero el estado de salud de la arquitectura de un país puede medirse de un modo diferente al de las imágenes de edificios y calles: el nivel de cultura urbana de un país tiene mucho que ver con su producción editorial y la calidad de sus críticos más afamados.
De ese modo y sin salir prácticamente de casa, con sólo leer el artículo que El País publicaba en el Babelia el 30 de septiembre del 2006, titulado "Política y Arquitectura en Brasil" y firmado por Roberto Segre, ya se puede dar uno cuenta de la patética situación que vive la arquitectura en el viejo imperio portugués.
En el dossier que hice para el viaje ya hice un rastreo de lo poco y malo que hay escrito sobre arquitectura brasileña: el libro de la Gustavo Gili sobre Niemeyer, de José Maria Botey da autentica grima; los artículos que han ofrecido durante estos últimos quince años las revistas de Galiano no pasan de cuatro tópicos y las consabidas letanías del santoral en la línea del libraco del argentino Ramón Gutierrez, Arquitectura y Urbanismo en Iberoamérica; y lo de Roberto Segre ¡ay! lo de Roberto Segre, el gran catedrático de Río de Janeiro, con pedigree italiano y honores cubanos, es para echarse a llorar.
Antes del viaje pedí por correspondencia la Guía de Arquitectura Contemporánea que Roberto Segre había publicado, y cuando me llegó a casa, tuve esa sensación de timo tan propia de las compras por catálogo. Pero para cursi y miope, el artículo que publicó Segre en Arquitectura Viva 87 (11 dic 2002) con motivo de la llegada de Lula al poder y la celebración en Brasilia. Era tan incensario, meapilas y baboso que en el dossier lo puse junto a la pag 14 del diario El País de 8 jun 06, en la que se daba la noticia del asalto de los Sin Tierra a Brasilia. ¡Qué vergüenza da leer crítica de arquitectura desde el poder de las tribunas de la universidad, la gran prensa y los despachos oficiales!
Si el nivel de arquitectura de un país se reconoce por la calidad de los críticos oficiales y la producción editorial, Brasil está en estos momentos más cerca de Egipto (donde no hay forma de encontrar un mapa de El Cairo) que de España -que tampoco es para echar cohetes. En las grandes librerías de la ciudad apenas hay otra cosa que el típico libro de fotos de obras de Niemeyer, y en la librería del prestigioso Centro Cultural del Banco de Brasil, dos o tres cosillas insustanciales más. Así que si se quiere encontrar algo, hay que ir obligatoriamente a alguna de las librerías Travessa. Y no son gran cosa. En cuanto a Guías, hay una de Río en cuatro volúmenes editada en el año 2000 por Casa da Palavra que está bastante bien, pero ya están agotados tres de sus volúmenes y sólo pude hacerme con el estupendo episodio del Art Decó. Del impresionante fenómeno de las invasiones y el favelismo no hay nada de nada, como si no existiera; todo lo más algún libro estetizante de fotos en blanco y negro. Yo quería hacerme con algún atlas urbano que explicase los planes de Brasil, pero eso era como pedir peras al olmo. Así que me tuve que conformar con un libro de fotografías de "Río desde el Cielo", bastante bueno por cierto, en el que, por traer un buen número de fotografías aéreas antiguas, te puedes hacer una idea de la evolución urbanística de las áreas más conocidas de Río y de los impresionantes desmontes del Morro do Castelo y el Morro do San Antonio que me imagino que servirían para los rellenos del primer aeropuerto y los paseos de Flamengo a Botafogo.
Como en Brasilia aún hay menos cosas (¡aún!) fui a la facultad de Arquitectura, pero ni tan siquiera hay un departamento de publicaciones.
De todos modos, a poco que prestes atención, en los textos más tontos siempre hay algo de verdad. Así concluye Roberto Segre su artículo en El País: "Afortunadamente, en el confuso y contradictorio panorama político brasileño, la arquitectura y el urbanismo logran mantener una vida propia y mejorar la ingrata cotidianeidad de la población". ¡Madre mía! Lo último no es muy cierto, pero qué extraordinario diagnóstico contiene esa frase final: la arquitectura y el urbanismo de Brasil están en el cielo -como los santos y las orixás-, viviendo su vida propia (y hasta internacional), e iluminando la misería de sus ciudades sin mancillarse.
Pobre Brasil.

LHDn53 VIAJES COLECTIVOS DE ARQUITECTURA




Entre estas dos borrosas, pero alegres fotografías, hay una gran historia que contar. La de la izquierda fue tomada en el Estadio Olímpico de Berlín por alguien que no recuerdo un 21 de septiembre de 1995 en el curso del primer viaje internacional de arquitectura que organicé para el COAR. La segunda es un cariñoso y apresurado fotomontaje que Enrique Aranzubía consiguió a duras penas que le hicieran en las cataratas de Iguazú otro 21 de septiembre, esta vez del 2006, en el curso del último viaje de arquitectura, y que por carecer esta vez del apoyo del COAR, acabó por llamarse de un modo espontáneo Grupo CORRAL. Por medio hay otras muchas, muchísimas fotos y experiencias de felices visitas de arquitectura en viajes que organicé para el COAR: a Suecia (junio de 1996), Finlandia (junio de 1998), Marruecos (junio de 1999), Turín (junio del 2000, en colaboración con Jesús López Araquistain), Hamburgo y Copenhague (Semana Santa del 2001), Cuba (Semana Santa del 2002), Suiza (septiembre del 2002), Nápoles (septiembre del 2003), California (Semana Santa del 2004) y Egipto (Semana Santa del 2005); y también en algunos otros viajes menores en los que colaboré con los medios del COAR, a las Bastidas Francesas (mayo del 95), al Guggenheim en obras (abril del 96) o a Pamplona (abril del 2004).Antes de cada uno de estos viajes he llevado a cabo una exhaustiva preparación realizando extensos dossieres para los viajeros (algunos de los cuales, no todos, están depositados en la biblioteca del COAR) y después de los viajes se han hecho puestas en común de las fotografías (en casi todos) y hasta exposiciones colectivas, como la de Ver Berlín, o la del viaje Suecia, amén de puntuales comentarios en Elhall. Además del enriquecimiento cultural y arquitectónico que han podido suponer para cada viajero, todos estos viajes nos han servido para establecer lazos de convivencia entre compañeros de un orden muy superior al que se establece, por ejemplo, con las cenas colegiales, y con un coste muy inferior para el COAR. Y han permitido también que familiares y amigos se unieran a nuestro colectivo ensanchándolo con su presencia y sus diferentes puntos de vista. He de decir, sin embargo, que no es fácil viajar con arquitectos. Todos nosotros, por formación (o deformación) profesional somos gente creativa y con iniciativa propia, y muy dados a organizar y dirigir, así que en todas y cada una de estas singladuras he tenido que encauzar diferentes y a veces contrapuestas iniciativas o proposiciones surgidas en el incierto devenir de los propios días de viaje. No es cómodo conducir a un grupo de generales, pues acostumbrados a ser los primeros en nuestros pequeños ejércitos, no gustamos de ir en pelotón. Y tampoco es fácil lidiar con guías locales pelmas, chamarileros o graciosillos que acostumbrados a grupos de turistas heterogéneos y aborregados, no aciertan a ver las singulares características de nuestro grupo. Entre unos y otros no siempre me ha sido sencillo llevar a buen puerto los viajes, y dado mi carácter pasional no pocas veces he perdido los nervios o la más elemental cortesía con los compañeros de viaje. Pero los viajes no los hace el organizador, sino los viajeros. Como ya sabéis, mi único cobro por organizar los Viajes Colectivos de Arquitectura ha sido la gratuidad que las agencias, hoteles y compañías aéreas dan (y no siempre, o no sin tasas) al guía de los grupos. Así que yo también estoy agradecido a todos y cada uno de los viajeros de todos y cada uno de todos los viajes mencionados.
Por todo lo bueno que los viajes han podido traer a nuestro colectivo de arquitectos y por todas las dificultades que conlleva organizar y dirigir los viajes, en el de este año a Brasil me he sentido especialmente dolido por la falta de apoyo de la Junta de Gobierno del Colegio de Arquitectos. Aunque a cambio, tengo que decirlo también, me he sentido doblemente agradecido a los compañeros y amigos que han participado en él. Ha sido un viaje muy especial y muy difícil, con gente que se apuntaba y desapuntaba, cambios de planes y hasta la quiebra de la compañía aérea que nos iba a llevar. Si felizmente ha salido bien, ha sido en buena parte por el cariño que tiene para nuestro grupo la habitual agente de viajes con la que trabajamos, Isabel Tobalina, que ha luchado más que yo porque hiciéramos este viaje a Brasil, fuera como fuese. Todo ello, como decía al empezar es una gran historia. Una historia en la que, en estos momentos, me es muy difícil decir si ya se ha acabado o si tendrá más capítulos. Por si acaso, yo ya la dejo medio esbozada en este pequeño LHD, el 53.