miércoles, septiembre 06, 2006

44. CAGALERA





Es expresión castiza (y hasta a veces es verdad) que el miedo produce cagalera. Y es de común sabido que ésta suele tener por lo general un color... característico, entre beige y amarillento.

En el LHD 42, La Roja, vimos que, ante las presiones exteriores y la ausencia de una teoría arquitectónica o un modo de hacer contemporáneo, a los arquitectos nos entra tanto miedo a la hora de tomar decisiones en las fachadas de los edificios existentes que mejor dejarlos como están. Pero dado que muchas veces no queda más remedio que repintarlos, el miedo suele producir... cagalera.

No siempre, claro. Hay veces en que al arquitecto le sale por el color todo aquello que se había reprimido en las formas y entonces da en repintajear de un modo escandaloso la fachada. En nuestro Casco Antiguo tenemos unos cuantos ejemplos -que la discreción me impide mencionar- y con los que no puede ni el sol veraniego más ardiente. Las salidas de tono tuvieron su referencia en ciertos "maestros" de la postmodernidad (Stirling, Saenz de Oíza, etc) que en la vejez tuvieron viruelas, pero excepto en algunos casos aislados la cosa no fue a mayores.

Por el contrario, la cagalera parece ser contagiosa pues afecta a edificios muy distintos unos de otros. Recientemente se han dado en Logroño dos casos muy notorios sobre los que nadie parece haberse alarmado (al menos por escrito). Y eso que apestan.

Uno es el de Correos. Toneladas de periódicos se han escrito sobre las obras de remodelación que se vienen realizando en el mismo pero nadie ha reparado en el fétido olor del repintado. Tampoco ningún medio de comunicación ha mencionado jamás al director de las obras por lo que su identidad es tan misteriosa como la del propio creador del edificio original de quien nadie sabe nada en todo Logroño y sus archivos. (Por cierto, no os perdais la puerta de aluminio que le han puesto tras en enrejado. Es de antología).

El otro es el de la fachada de un edificio de viviendas en el Espolón (Miguel Villanueva 10) obra de Jose María Carreras en 1960, que hasta el año pasado mostraba los optimistas aires marineros de los sesenta. Por lo que he podido saber, el repintado es atribuíble a la ingeniería de Carlos Fort (donde me temo que debe de haber algún que otro compañero arquitecto agazapado), quienes han seguido el criterio que les había pedido la propiedad (al menos eso es lo que me han dicho). Pero por el color de algunas persianas podemos deducir que hay algunos vecinos (tercer y sexto piso) que han resistido a la infección intestinal. Hay que felicitarles.