lunes, septiembre 11, 2006

47. LAS CASAS DE HIJON




Es bastante vergonzoso que los arquitectos de Logroño no hayamos escrito apenas nada sobre nuestro primer “compañero”. La arquitectura es tan antigua como el hombre, pero a la hora de pensar en compañeros de profesión de una manera más o menos próxima, la familia de arquitectos riojanos no tiene más de siglo y medio de existencia. Y por los datos que tenemos, suministrados preferentemente por la historiadora Inmaculada Cerrillo, Maximiano Hijón es sin ninguna duda nuestro hermano mayor.

Nació en Logroño en 1817, obtuvo el título en 1846 y su registro personal consta en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con el número 300. Fue el primer arquitecto provincial y municipal de Logroño, aunque no se saben las fechas de su nombramiento y cese, pero este último no pasó de 1879 pues en ese año se nombró arquitecto municipal de la ciudad de Logroño a Francisco de Luis y Tomás, nuestro segundo “colega”. También fue Hijón arquitecto provincial de Navarra entre 1866 y 1868, residiendo durante esos años en Pamplona. Todo lo que sabíamos los arquitectos de él es que diseñó el pequeño ensanche oriental de Logroño, cuyo plano podemos ver en la Guía del COAR p83. Ya os puedo decir que en la guía en que vengo trabajando encontraremos bastantes cosas más de su mano y alguna que otra sorpresa, aunque no es de su obra de lo que quiero hablar en esta primera presentación sino de algo más personal, de sus casas.

Habida cuenta de la gran cantidad de derribos y transformaciones que se han producido en los últimos años en el Casco Antiguo de Logroño, casi es un milagro que aún podamos ver intacta la casa de Maximiano Hijón, sita en el número 5 de la calle Herrerías. Hemos rebuscado en el Archivo Municipal a ver si damos con el proyecto, pero aunque por ahora no ha habido suerte, es lógico suponer que se la hiciera él mismo.

Como es muy aburrido describir los elementos arquitectónicos que componen la fachada, y de momento es lo único a lo que he tenido acceso, os invito encarecidamente a visitarla también y a disfrutar de ese halo romántico que aún desprenden los miradores y la decoración que enmarca los balcones, o a compartir la complicidad de sus pilastras como signos propios de la arquitectura.
Metidos en romanticismos, Isabel Murillo me ha proporcionado en el Archivo Municipal algún dato más sobre la curiosa vida sentimental de nuestro colega, pues se casó con una sobrina y tras enviudar, se volvió a casar con la hermana pequeña de su primera esposa, doña Rosa Corona quien, tras sobrevivirle (Hijón murió en 1890), promovió edificios y hasta creó una fundación caritativa en su propia casa para asistir y educar a niños desvalidos (fundación que por cierto, aún presidía en 1935 otro compañero nuestro, Gonzalo Cadarso).

No se detiene ahí el aire romántico de esta nota pues según las pesquisas de la activa directora del Archivo Municipal, es muy probable que su tumba estuviera en un panteón -posteriormente usurpado por otra familia-, en el que una columna truncada pudiera simbolizar el final del arquitecto y de su arquitectura. Ni con una ni con la otra tenemos certezas históricas, pero es tan bonito enmarcar la vida de nuestro primer arquitecto entre estas dos casas, que casi prefiero que quede así, como leyenda.