miércoles, febrero 28, 2007

138. JMPV







Antes de dar por cerrado el asunto del concurso de las seiscientas viviendas de Pradoviejo que ganó Toyo Ito (v LHDn 85 y LHDn129) es preciso comentar también, aunque sea de pasada (o aunque me vaya por las ramas) algunas de las propuestas perdedoras. Más que nada, porque los derrotados en los concursos de arquitectura suelen aceptar mal los fallos de los Jurados, y a la que pueden, colocan sus proyectos rechazados en la primera ocasión que les sale al paso. Por poner un ejemplo, y por si se me olvidó decirlo, el Ayuntamiento de Ciudad Real de Fernando Higueras (v LHDn125) fue un encargo inmediatamente posterior a su participación en el concurso del Ayuntamiento de Amsterdam…, ay, ay, ay, ay, así que le salió con cierto aire a Países Bajos… Otro ejemplo es el rascacielos que Zaera quería colocar en Triana, retal del concurso de la zona cero de Nueva York vestido de sevillana, y así sucesivamente. Hombre, ahora que lo pienso, la idea daría para una tesis doctoral. Ánimo, profesores de la Uni.

Aunque también hay que reconocer que tal y como se organizan y notician actualmente los concursos de arquitectura, algunos de los concursantes ya obtienen cierta compensación con la publicidad que les dan los periodistas. Que el periódico oficial, aunque sea local, te ponga durante varias semanas junto a Toyo Ito, Chipperfield, MRVD o Perrault, ya es premio más que suficiente para muchos. De todos modos, y por si acaso, siempre hay que estar atento a ver qué pasa con sus propuestas. Por eso fotografíe algunas, sobre todo las más atrevidas. Como la del arquitecto navarro logroñés Jesús Marino Pascual Vicente, por ejemplo.

La amistad y la convivencia ciudadana -decía en el LHDn17- no son buenos mimbres para la crítica de arquitectura, así que durante mucho tiempo me he abstenido de criticar a mis vecinos y colegas de profesión y he preferido que se pudieran ver reflejados en la crítica hacia otros arquitectos que van de figuras por el mundo. Pero eso no fue suficiente cautela. En primer lugar, los de dentro podían ser amigos de los de fuera, como en el caso que me costó la dirección de elhAll. Y en segundo lugar, algunos compañeros empezaron a decirme hace años que algunos arquitectos de dentro no me perdonaban el hecho de que no les elogiara a ellos de vez en cuando. Centrándonos en este segundo caso, yo nunca les quise creer, porque pensaba que mi silencio era suficientemente elocuente; pero tampoco pude entender nunca porqué Jesús Marino Pascual Vicente, a quien tenía por amigo, y de quien no había criticado más que algunos aspectos de su política colegial y nunca su obra arquitectónica, intentase en dos ocasiones, y con gran éxito, aniquilarme como crítico de arquitectura, es decir, en mi obra profesional. La primera está en la edición impresa de elhalln45, y en ella decía que le parecía muy mal que yo me “realizara” en la labor crítica; la segunda, publicada en elhAlln83 con el título de “Crónicas Marcianas” y con sus comparaciones imaginables, se puede leer también en la página del COAR en internet: http://www.coar.es/cultura/elhall_fr.htm.

Como el hombre de los cuatro nombres va de bueno y de majo por la vida (de boy scout decía otro), quiso hablar conmigo después publicar este último artículo, pero yo se lo dejé bien claro: primero una rectificación por escrito de la parte de insultos y descalificaciones personales en el mismo medio, y luego las cervezas. Pero como para eso hace falta ser algo más que lobato, la convivencia se rompió y, aunque como decía Canetti, ello me deja la lengua absuelta, no es mi intención ahondar la herida personal, sino más bien retomar el punto de partida: si Jesús Marino es para mi círculo de convivencia profesional alguien tan lejano como un arquitecto de Japón, y encima empieza a ir de figura, ya puedo hablar sin mayor cortapisa de sus edificios y proyectos. Por ejemplo, sobre su propuesta para el concurso de las seiscientas viviendas cuyas imágenes se muestran arriba.

La idea de cruzar los bloques arquitectónicos como si fueran tizas o madera en secaderos es muy costosa pero no es nueva. La tercera imagen que muestro aquí la he extraído de un impagable librito de editorial Stylos titulado “Arquitectura Contemporánea en Europa Oriental”, publicado justo antes de que se cayera el muro de Berlín, y es del “edificio de la administración para la sección de puentes y carreteras” en Tblisi, capital de Georgia, del año 1976 (el nombre de los arquitectos no tiene mayor interés reproducirlos). El edificio es tan estrambótico que el amigo Juan Freire lo sacaba hace unos días en su blog como ejemplo de locura arquitectónica en donde “la realidad supera a la imaginación” (foto 4). Hombre, por tratarse de un edificio destinado a oficinas para hacer puentes, en un país comunista (o sea, amordazado) y por estar ubicado en una ladera tan abrupta, aún le veo algún sentido. O por lo menos más lógica que la propuesta de Jesús para viviendas sociales mínimas, en un solar completamente llano, y en un país donde (al menos teóricamente) existe la posibilidad de hacer crítica de arquitectura. Aumentar la envolvente de un edificio y complicar sus estructuras para que los espacios liberados a cota cero se conviertan en lugares desolados (véase lo que pasa a nivel de calle en la foto 4) no es una idea muy brillante que digamos por mucho que luego los pinte de colorines a la moda holandesa. Claro que…, con lo atontada que está la administración y lo listos que suelen ser los jurados, hasta pudo haber colado… ¡O puede colar a la siguiente....! por lo que conviene darle difusión y estar atentos.

martes, febrero 27, 2007

137. CEMENTERIO DE SAPIGNIES






Un amigo de Barcelona que se va a París por unos meses y que parece harto de la batalla que tiene que librar cada día con los nacionalistas de su provincia, me pidió hace unos días por carta que le dijera de algún tesoro que pudiera tener yo por allí. La cultura de este amigo es tan vasta y tanto me ha enseñado él de París y del resto del mundo que su petición me pareció casi ofensiva. Pero además de culto este amigo es tan sabio que al final casi siempre tengo que darle la razón: es verdad que tengo por allí algún tesoro escondido.

Ya hace tiempo que quería dedicar un LHD a los campos de batalla, esos lugares sagrados, mayormente olvidados, donde miles de hombres dieron su energía, su sangre y su vida en el choque contra otros hombres dispuestos a la misma entrega. Fue otro amigo catalán, Joan Isart, el primero que me señaló la extraña radiación que poseen y emiten esos lugares, y lo hizo contándome su visita a Calatañazor: Juan, no dejes de ir allí, -me escribió en una carta-, porque mirando las piedras que rodean aquel lugar, aún podrás oír el ruido de los cascos de caballos y el batir de las espadas de las huestes de Almanzor. Fui, y era verdad. Volví conmocionado. Desde entonces he recorrido un buen número de campos de batalla: muchos en Francia, desde Verdún hasta el Marne; algunos muy famosos en Grecia; y los últimos, los de Gandesa, debajo de la sierra de la Fatarella, donde se batió el cobre un tío mío. Nada que ver la emoción vivida en este último lugar con los interesados relatos periodísticos y partidistas que se publican y venden como rosquillas en estos años. En esos olvidados campos de batalla se siente otra cosa: un respeto enorme hacia la lucha y hacia los hombres.

Es curioso que la pista hacia esos tesoros sobre los que hace tiempo quería escribir me la haya dado la reseña de un libro sobre André Le Notre, el jardinero del Luis XIV, titulado “Los Jardines del Rey Sol”, de Ian Thompson (Belacqua). Conocí a Le Notre en la visita que hice a los jardines de Vaux le Vicomte, y al mismo palacio donde Luis XIV se lo robó al chuleta de Fouquet. Por descontado pensé que mi amigo de Barcelona sabría mucho más que yo sobre Fouquet, sobre Luis XIV y sobre toda la jardinería francesa, pero el reseñista del libro de Thompson (un tal Rubén Amón que, por cierto, escribe bastante bien) se empeñaba en relacionar los jardines de Versalles, que luego le haría Le Notre al rey, con los campos de batalla. Versalles se iba haciendo cada vez más grande, -comenta Amón-, por la celebración de las victorias militares del monarca francés, y los proyectos requerían de tal cantidad de mano de obra, que el rey la obtuvo de la soldadesca. Más de 30.000 infantes trabajaron en los jardines, y según la cita del duque de Saint-Simon (que de todas todas suena exagerada), “murieron más de ellos en las obras, por las fatigas y las fiebres, que en cualquiera de las ofensivas bélicas”.

Como mi amigo se va feliz al jardín francés para huir del actual campo de batalla español y me pide que le señale algún tesoro, al hilo de las vueltas que me dan los recuerdos me ha salido mentarle el que estuvimos buscando sin éxito en una preciosa mañana del mes de julio de hace cinco años:

Recorriendo los campos de batalla de la zona del Somme donde Ernst Jünger cayó gravemente herido en el mes de agosto de 1918, anduvimos parte de un camino entre las aldeas de Favreuil y Sapignies hasta llegar al pequeño cementerio alemán de este segundo pueblecito. Allí entre las tumbas, abrimos el libro Tempestades de Acero por la página 304 de la edición de Tusquets, y leí:

“Ni siquiera en aquella ocasión desesperada quedé abandonado; era observado por mis acompañantes, quienes pronto realizaron nuevos esfuerzos para salvarme. Junto a mí resonó la voz del cabo Hengstmann, un hombre alto y rubio, oriundo de la baja Sajonia.
-Mi alférez, voy a cargarlo sobre mis espaldas; ¡o nos abrimos paso, o quedaremos aquí tendidos!
Por desgracia no conseguimos abrirnos paso; eran demasiados los fusiles que estaban al acecho en las afueras de la aldea. Hengstmann comenzó con su carrera; yo rodeaba su cuello con mis brazos. Enseguida se inició un tiroteo; las detonaciones sonaban como en un polígono de tiro cuando se dispara contra un blanco situado a cien metros de distancia. A los pocos pasos un fino gorjeo metálico anunció una bala certera; Hengstmann cayó suavemente a tierra debajo de mí. Se derrumbó en silencio, pero sentí que la Muerte se apoderaba de él antes de que hubiese tocado el suelo. Me desasí de sus brazos, que aún me agarraban con fuerza, y vi que una bala le había atravesado el casco de acero y las sienes. Aquel valiente era hijo de de un maestro de escuela y había nacido en Setter, cerca de Hannover. Tan pronto como me fue posible caminar busqué a sus padres y les conté lo ocurrido.


Tras la emocionada lectura, Rosalía, Teresa, Elena y yo nos pusimos a buscar el nombre del cabo Hengstmann en alguna de las cruces del cementerio; pero no tuvimos suerte. En todo caso, nos fuimos bien seguros de que por allí había un tesoro. O allí, o en Favreuil.

lunes, febrero 26, 2007

136. MURO DEL CARMEN 1







Cada vez que vamos al Espolón desde Duquesa de la Victoria nos damos de bruces con esta curiosa esquina (foto 1), así que no es de extrañar que para los que vivimos en esta parte de la ciudad sea uno de nuestros edificios más familiares. Los sorprendentes balcones triangulares del chaflán sobre la entrada de las oficinas de planta baja parecen intentar alguna componenda entre las dos fachadas, pero el frente al Espolón es tan claro y potente (hasta rossiano nos pareció algún día…) que la imagen global del edificio resulta definitivamente fracturada.

Sin embargo, no siempre fue así. La historia de esta casa es tan larga y curiosa que merece una observación algo más detenida de la que ofrezco en la Guía de Arquitectura.

Cuando me puse a indagar sus datos alguien me advirtió que era una casa “capturada” –un concepto que para sí quisieran los organizadores de secciones de las Jornadas de Intervención en el Patrimonio. Por la noche, cuando las luces iluminan las habitaciones de la casa, el paseante se verá sorprendido de que los techos son de cuartones de madera, sistema constructivo que no encaja para nada con el aire años sesenta de las fachadas de ladrillo. Y es que, en efecto, la casa antigua sobrevive por dentro de la piel moderna. El proceso de captura se produjo en dos fases, y el momento intermedio se puede apreciar perfectamente en una fotografía aérea (foto 2) que, por lo que luego se verá, tiene que estar fechada entre 1956 y 1960.

Pero vayamos primero para atrás, hacia el origen de la misma. Hasta donde he podido saber, la casa se hizo con proyecto de nuestro querido arquitecto Francisco de Luis y Tomás en el año 1878 para el Marqués de Romeral, y como no podía ser de otro modo, el expediente carece de plantas, pero eso sí, ofrece muy bien dibujadas sus dos fachadas que, en aquel momento, tenían igual jerarquía. La esquina estaba pensada para unir la calle con la plaza y no para separarlas (foto 3). Hay una fotografía antigua muy bonita y conocida de la casa, que pego debajo de los planos de fachada en una sola imagen para economizar espacio (ya se sabe, el límite normal de blogspot para cada post es de cinco fotos).

Una esquina tan singular fue toda una tentación para un gran Banco, así que en 1928 se instaló en ella el Central con un emperifollado proyecto del arquitecto Isidro Benito, seguramente madrileño (foto 4).

En los años cuarenta, tras la construcción de los edificios del tramo del Gobierno Civil (ver LHDn5) según las arquerías pensadas muchos años antes por Luis Barrón y luego alargadas por Quintín Bello en plano de 1911 hasta el Muro del Carmen (v Cerrillo p 50), el resto del caserío se animó a lanzarse para adelante, y tras las casas de Cadarso y Fontán de 1952 y 54 en los números 9 y 10 (de las que por cierto, también hablaremos otro día), se animó la nuestra, es decir, la de la esquina. Y lo hizo con un proyecto de 1956 venido de Madrid (arquitecto Luis de Sala) sólo para la planta baja y la entreplanta, es decir, para el Banco Central.

El arquitecto municipal Luis González Gutiérrez puso dimes y diretes en sus informes preceptivos sobre las cota de los arcos, esto y lo otro, y curiosamente, al cabo de cuatro años aparece como autor (“por la privada”) de un proyecto de renovación de toda la fachada y la elevación de dos pisos por el lado del Muro del Carmen, y de tres pisos por el lado de Muro de la Mata, para una empresa constructora inmobiliaria llamada COMSA. Ahí es nada lo sólido que construía nuestro Francisco de Luis y lo que podían crecer las casas viejas (vincular con el LHDn88: Cuando las casas crecían).

Es decir, que la esquina fracturada que vemos al llegar de Duquesa de la Victoria al Espolón es de Luis González Gutiérrez, y los planos de su proyecto, los que muestro en la foto 5.

Creo recordar que los paramentos interiores de los balcones que dan al Espolón estuvieron durante un tiempo pintados de azulito, a la moda de los años sesenta, pero esa frivolidad ya se ha perdido. Como también se ha perdido el Banco Central: la actual planta baja ha sido remodelada recientemente para dar paso a una oficina gubernamental de cuya autoría no me he ocupado aún ni me apetece mucho, pues la entrada gris que le han puesto y los detalles de la puerta no me animan gran cosa.

Es curioso, pero parece que el destino quiere que los Bancos Centrales vayan siendo ocupados por instituciones públicas. En mi reciente visita a Madrid me vi desagradablemente sorprendido de que el poderoso Banco Central de la calle de Alcalá había desaparecido dejando su edificio a una institución oficial más o menos de segunda fila, el Instituto Cervantes.

¿Será que el Cervantes es ya tan poderoso como lo fue el Central y no me he dado cuenta?¿o será que la ciudad ya no vale nada y la gran arquitectura de representación pública les trae sin cuidado a los grandes bancos y a los ciudadanos?

viernes, febrero 23, 2007

135. ARCO 2007










Ayer cuando fui a buscar alguna de las fotos que hice de los Proyectos Finales de Carrera de la Escuela de Harvard con la intención de ilustrar los retorcimientos que los ordenadores le están haciendo a la arquitectura (es decir, para demostrar lo fácil que es manejar los ordenadores y lo difícil que es entender la arquitectura), me encontré, justo al lado de la que puse (v LHDn134), esta otra con la que abro el LHD de hoy, que es igual de extraterrestre, es decir, que podría perfectamente estar también en ARCO, pero que está hecha sin ordenador. Ello me llevó a pensar (recordar) de inmediato, que no sólo son los ordenadores los que están haciendo daño irremisiblemente a la arquitectura, sino que es la “así llamada” pintura, o el “así llamado” arte, el que desde hace mucho tiempo la está matando.

Yo voy a ARCO más o menos regularmente desde hace años, o más bien, desde que estoy en la Escuela de Arte, para ser precisos. Y si al principio pude ir con ese mismo espíritu con el que van todos los alumnos y profesores de arte de España, espíritu que tan acertada como divertidamente denuncia Alberto Adsuara (http://www.albertoadsuara.blogspot.com/) en el magnífico comentario de su blog “Por amor al arte” (escena propia de Un Mundo Exasperado de González Sáinz con estilo bernhardiano), enseguida cambié mi enfoque y empecé a ir como arquitecto, es decir, con el espíritu de un antropólogo que fuera a misa.

Ya en el Manual escribí mi postura sobre la relación entre arquitectura y pintura (v pag 171 y ss) así que no es cosa de repetirme aquí. Pero la cita de Félix de Azúa en la que me apoyaba, es impagable, y necesita repetirse cuantas veces haga falta: “tras una perfecta inversión de las jerarquías, fue la propia pintura la que pasó a dominar y determinar el espacio arquitectónico y a construirlo según sus propias leyes” (v Diccionario de las Artes, voz Cuadro).

En ARCO puede verse que la “pintura”, en tanto que fluido pigmentado aplicado sobre un soporte, va ocupando cada vez menos espacio en la “producción de nuevas imágenes”, siendo sustituida por una mezcolanza de otros procedimientos, a veces regresivos (materias, collages, efectos escultóricos, etc,) o las más de las veces, tecnológicos: fotografía, hologramas, computadores, videos etc.

Yo creo que, bien prevenido contra la religión del arte, es interesante echar de vez en cuando una ojeada al mercadeo de imágenes; sobre todo para un arquitecto, pues además de que la producción de formas es para él algo así como una gimnasia de su propio trabajo (Le Corbusier), también es normal que en el curso de su profesión se vea en la necesidad de incorporar algunas de ellas en sus espacios: para decorarlos, alterarlos, o significarlos.

Prueba de que aún es mejor el primer ejercicio que el segundo, lo pude ver este fin de semana pasado en Madrid.

1) en la exposición de la fundación COAM, descubrí que detrás de la siempre sorprendente arquitectura de Francisco Asís Cabrero (le hice una foto a su retrato para fijarle personalmente en la memoria), había un importante rastro pictórico.

2) en las obras de la ampliación del Museo de Prado, pude ver una vez más a mi “maestro” Moneo perdido ante el “arte”, incorporando en la puerta de su edificio (foto 3) a una “artista”, Cristina Iglesias, que como ya está por encima de Arco y de la Arquitectura, se exhibía en el Palacio de Cristal de el Retiro con textura similar a la de la puerta para Moneo pero en marrón (foto 4) a la que el folletito llamaba pomposa y estúpidamente “Espacio para Habitar”.

No es tan difícil desenmadejar el actual desorden jerárquico entre pintura, ordenadores y arquitectura. Con sólo sobornar a media docena de periodistas influyentes (descartando a Verdú, por supuesto, que ése es un converso al arte) está hecho. A ver si se enteran en los Colegios de Arquitectos y las Escuelas de Arquitectura.

(Dedicado a mi amigo Monchito, arquitecto, por las sonrisas de desdén que nos causó a algunos su sorprendente embeleso por el “arte”)

miércoles, febrero 21, 2007

134. DISEÑO RETORCIDO POR ORDENADOR






La prestigiosa editorial Gustavo Gili publica de vez en cuando algunos libros basura que son verdaderas joyas de coleccionista. La pieza más valiosa de mi librería es del año 1976 y se titula “Estilo y decoración internacional”. Su autor es un tal Wolfgang Schwarze, y las ilustraciones son como para causar delirio a un amante del kitsch. Algún día volveré sobre él. Lo que quería contar hoy es que el otro día en un VIPS me compré otra buena pieza para esta colección, también de la GG, titulada “Arquitectura y Revolución Digital”, firmada en este caso por un tal James Steele. El reclamo comercial consistía en poner que su precio era de 40 euros, pero que por 14 te lo podías llevar. Tapas duras, buen papel, un índice prometedor, Ghery, Morphosis, Coop Himmelb(l)au, etc. etc. muchas imágenes impactantes de arquitectura generadas por ordenador…, me lo llevo.

A primera vista, el texto parecía querer decir algo, pero en cuanto empecé a dudarlo me pasé a las notas y la bibliografía y eché en falta la ausencia de la más mínima referencia a uno de los pioneros del “verdadero” DISEÑO ASISTIDO POR ORDENADOR, esto es, Christopher Alexander.
Los que leímos sus primeros textos de los años setenta nos quedamos perplejos sólo de pensar que un ordenador pudiera dar “forma” a un “programa de necesidades” sustituyendo al ser humano en la creatividad arquitectónica. Es cierto que habría que ser muy meticuloso y preciso en la definición del programa, pero una vez hecho éste, el edificio saldría solo. El diseñador podría ser sustituido por un computador (como se llamaban entonces) o cuando menos, y mientras la máquina se fuera perfeccionando, “asistido”por ella.

Como es sabido, Alexander se cayó del caballo camino de Lima, y descubrió que hay un “modo intemporal de construir” en nuestros códigos genéticos y culturales, y que podría ser más interesante investigar sobre ello que en el “diseño por ordenador”. Y así nació “Un lenguaje de patrones”, etc. etc.

Pero mientras tanto, los programas de dibujo con ordenador fueron naciendo y desarrollándose bajo el mismo nombre de Computer Assistant Design, es decir, “Diseños Asistidos por Ordenador”, creando una terrible confusión que nadie parece estar dispuesto a aclarar.

No estoy al tanto de los significados, matices y diferencias que puede haber en el mundo anglosajón entre drawing y design, es decir, entre dibujo y diseño, pero en nuestro lenguaje hace ya mucho tiempo que no se confunden. Para la arquitectura, diseñar es sinónimo de proyectar, esto es, crear formas a partir de un programa de necesidades, y el dibujo no es sino su herramienta de trabajo.

Quien quiera seguir la correlación entre el proyecto arquitectónico y los sucesivos tipos de dibujo empleados en el mismo puede leer mi artículo “Dibujo y Proyecto”, publicado en elhalln87, hC25 que está en la red en la página http://www.coar.es/cultura/elhall_fr.htm

Sin embargo, los programas de dibujo con ordenador siguen llamándose CAD y las asignaturas que lo imparten en los programas de estudios se han habituado a llamarse “Diseño Asistido por Ordenador” y no parecen querer cambiar.

A poco que un estudiante empiece a manejar estos potentísimos programas de dibujo y de todos los otros espectaculares programas vectoriales o fotográficos asociables a ellos, como los 3D, 4D, Photoshop etc., su capacidad de generar imágenes con ellos suele ir muy por delante de su capacidad de entender los espacios, las relaciones con el contexto, el sentido del orden y sociabilidad que proporciona la geometría, etc. etc., es decir, muy por encima de su capacidad de diseño. Y como formar en estas disciplinas a un estudiante cuesta un gran esfuerzo, las tendencias de la enseñanza y de la arquitectura parecen ir detrás de las desbocadas posibilidades de las herramientas.

Hace un par de años tuve la ocasión de ver los Proyectos Finales de Carrera de la prestigiosa escuela de Harvard, y nos quedamos alucinados: las láminas de los aspirantes al título de arquitecto podrían perfectamente estar en ARCO.

El libro de James Steele titula o denomina “revolución” a este proceso, pero a juzgar por los resultados, en los que las arquitecturas se ven rotas, o retorciéndose de dolor, yo creo que el asunto tiene más que ver con una paliza o hasta con un crimen.

(La primera imagen es de un proyecto final de carrera del 2005 en Harvard; la segunda es de una ilustración del libro de Steele: una obra de Eric Owen Moss en California)


133. LOS MILITARES







Treinta años han bastado para olvidar que dos de los más importantes soportes sociológicos y representativos de la ciudad (de nuestra ciudad) fueron el Ejército y la Iglesia. Las estructuras de la segunda aún siguen en pie y hasta tienen un plano que ordena Logroño por parroquias, pero del primero no queda apenas ni rastro. Y lo que se ha olvidado también, es que muchas de nuestras calles, ahora ocupadas por el continuo trasiego de automóviles, fueron pensadas, usadas y celebradas, como espacios de desfiles militares y procesiones religiosas.

En esta narración a saltos de nuestra ciudad y antes de dejar atrás a Francisco de Luis y Tomás (v LHDn121), recordemos, el arquitecto que trabajó en la apertura del casco antiguo hacia su condición de ciudad burguesa (creación del eje de la calle Sagasta, ensanchamiento de Capitán Gallarza incluida la fallida propuesta de llevarla hasta la iglesia de Santiago, renovación de Portales, etc.), y antes de pasar a hablar de la ciudad de Luis Barrón, es preciso recordar que Francisco de Luis intervino también en la creación de uno de los dos grandes cuarteles que flanquearon la ciudad de Logroño durante un siglo.

Para situar estos cuarteles, desaparecidos en los setenta y los noventa del siglo pasado, sobre cuyos dos grandes solares, ay, se levantaron edificios pensados por el inefable Moneo, nada mejor que el plano de Luis Barrón de 1893, esa joya de nuestro atlas local (clickar sobre el propio plano si se quiere ver más grande). A la derecha, es decir, en el lado Este de la ciudad y un poco más al norte del primer “rosco” arquitectónico de Logroño (v LHD de ayer), puede verse un rectángulo perfecto. Es el Cuartel de Caballería, una manzana de geometría regular que daría las trazas para dos de las calles más importantes de la ciudad moderna: las actuales avenida de la Paz y avenida de Colón. A la izquierda del plano, es decir, en el lado Oeste de la ciudad, es fácil encontrar otro gran rectángulo con dos grandes patios interiores; es el Cuartel de Infantería, cuyo protagonismo futuro a la hora de confeccionar el desarrollo urbano va a ser mucho menos exitoso.

Según cuenta Inmaculada Cerrilo en su imprescindible tesis doctoral -ay, pero escrita inexorablemente en “estilo historia” (v LHDn126)-, los dos cuarteles fueron proyectados en la temprana fecha de 1854, es decir, seis años antes de que se derribasen las murallas, por el ingeniero militar Víctor Velázquez, pero tuvieron que pasar muchos años y vicisitudes para que se llegasen a construir.

Durante ese tiempo -es preciso y curioso mencionarlo también-, los ejércitos se acomodaron como pudieron en los viejos edificios conventuales (el otro soporte sociológico de la ciudad, recordemos), previamente saqueados y “desamortizados”. En la zona Este de la ciudad, el convento de San Francisco -cuyos restos se pueden ver en el plano de Barrón junto al río, aguas abajo del puente de piedra-, albergaba las tropas de Caballería; y en el de Valbuena, (fuera de la muralla, y que se ven en el plano de Barrón justo delante del nuevo Cuartel), y en de la Merced (dentro de la murallas pero junto a la puerta Oeste) se instalaron sucesivos cuerpos militares, bien de Infantería y también de Caballería, -estos últimos, porque el convento cuartel de San Francisco sufrió un incendio en 1869 y los caballos y caballeros se tuvieron que instalar junto a los infantes en la zona Oeste de la ciudad.
Bueno, pero a lo que vamos, en la construcción del Cuartel del Este, también llamado de Alfonso XII, participó nuestro Francisco de Luis y Tomás, al que teníamos hasta ahora por arquitecto de fachadas de casas y abridor de calles. La construcción comenzó en 1876, veintidós años después de que fuera pensado, y dice Cerrillo sin mostrar pruebas (es decir, planos) que “siguió de cerca” el proyecto de Velázquez. (Supongo que esos planos estarán en la cartoteca histórica del ejército en Madrid, ay ¡donde yo hice la mili!). (Disculpad tanto ay, o sea, tanto lamento, pero es que cada vez que hago historia me duelen un montón de cosas).

El segundo de los cuarteles, el del Oeste, Valbuena, Valcuerna, Infantería, Bailén, o como se quiera llamar, se empezó a construir en 1883, es decir, sólo siete años después del otro, y el proyecto lo realizó el capitán del cuerpo de ingenieros D. José Herreros de Tejada, que según cuenta Cerrillo, realizó su trabajo como “obsequio a la ciudad” (detalle militar y caballeresco donde los haya). Se inauguró en 1887, y poco después, en 1893, año del plano de Barrón, se demolieron los viejos conventos-cuarteles, y con sus piedras se empezaron a construir los pabellones de intendencia y los únicos restos que nos quedan de aquellas instalaciones castrenses: el palacete del Gobierno Militar y los dos pabelloncitos anexos.

Hace tiempo leí un artículo de Fernando Chueca Goitia en el que pronosticaba que alguna vez las ciudades añorarían sus desaparecidos cuarteles. Como todo arquitecto aficionado a la historia, Chueca era de naturaleza nostálgica. Pero los cuarteles no han desaparecido, no, sino que, ay, ay, ay, se han virtualizado: ¿o ya hemos olvidado también que esto de internet es un invento militar?


martes, febrero 20, 2007

132. LLUVIA DE ROSCOS EN MADRID








El pasado 30 de enero me quedé espantado cuando ví en una misma página publicitaria de varios diarios nacionales que sobre Madrid iban a caer unos cuantos edificios circulares firmados por grandes estudios de arquitectura ingleses: dos de Foster, uno de Richard Rogers y otro de Alejandro Zaera.

A falta de noticias o comentarios sobre tan sorprendente acontecimiento arquitectónico busqué en la red a ver si alguien sabía algo y di con la página escalAE que comentaba en el LHDn128 del jueves pasado, y en la que me pude enterar que estos cuatro primeros donuts o ensaimadas no eran sino la avanzadilla de una invasión de nada menos que 14 edificios circulares previstos en un plan realizado por Javier Frechilla y José Manuel López Peláez. Plan que, mira por dónde, resultó ganador de un concurso internacional de arquitectura en el que participaron 196 proyectos de 37 países diferentes. Ahí es nada.

Yo siempre había entendido que los dos grandes avances de la humanidad se produjeron cuando se descubrió el ángulo recto para la arquitectura y la ciudad, y el círculo y la rueda para la movilidad; y para explicar el que me compete, solía interpretar la enorme evolución que se da entre las plantas del poblado de Coaña (v foto) y el de Cortes de Navarra (v en Manual de Crítica, p 151 a 153).

Descubierto el ángulo recto para la agregación urbana, me pareció que la forma circular había quedado reservada para algunos casos extraordinarios en los que se viera involucrada toda la población, como por ejemplo los templos (Stonehenge, Panteón, San Pedro, etc.) o como ese espacio mítico tan español que se quiere cargar una ministra socialista en el que el hombre lidia con el toro y le da muerte. Edificios éstos que por su circularidad siempre han causado graves problemas urbanísticos en su relación con los demás (ese fue el razonamiento que se dio para tirar la vieja plaza de toros de Logroño…), pero que en general se han soportado por su carácter extraordinario.

Pero he aquí que en los planos de las ciudades han empezado a aparecer círculos por doquier en los cruces de calles y carreteras a causa de esa fiebre excelentemente denominada “rotondismo fundamentalista” por Luis Xumini (ver elhalln81); unos círculos planos que los políticos locales han dado en llenar de esculturas variopintas, y por los que, digo yo que los arquitectos habrán sentido envidia, lanzándose también a la reconquista de la forma circular para su arte.

Los antecedentes de esta empresa no son muy felices que digamos. Antes de abrazarse al emblemático “cubo”, Rafael Moneo intentó la circularidad en uno de sus primeros proyectos, mano a mano con Fernando Higueras, con el que lograron nada menos que el Premio Nacional de Arquitectura de 1961: el Centro de Restauraciones Artísticas de Madrid (mi referencia bibliográfica es el Nueva Forma n49 de feb 1970). Moneo abandonó el proyecto pero Higueras siguió con él, y el resultado fue tan dramático que los madrileños lo bautizaron como “la corona de espinas. Otro intento igual de lamentable fue el edificio del Tribunal Constitucional, también en Madrid, que se ganó el mote de “flan chino mandarino”. Y sin ánimo de ser exhaustivo, cabe recordar también que Saénz de Oíza, en el último y alocado tramo de su carrera arquitectónica hacia el estrellato de la historia, lo intentó otro par de veces con menor fortuna aún: la “cárcel del pueblo” de la M-30 (véase mi comentario en rev Arquitectura n 291/pronto lo pondré en el blog adjunto, Una Voz en un Lugar) y el “búnker” de las consejerías de Sevilla.

Tras esta serie de fracasos, la actual ofensiva tiene toda la pinta de ser un momento de esos que los periodistas califican de “histórico” y del que el presidente del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos Carlos Hernández Pezzi no parece haberse dado cuenta, tan entusiasmado como está con la asignatura de la Educación para la Ciudadanía (trataré el tema en un próximo LHD).

El “critico” Vicente Patón, sin embargo, ya ha bendecido el plan de Frechilla y López Peláez, en un artículo publicado el pasado sábado en el suplemento cultural del diario oficial nacional, que es toda una pieza de orfebrería literaria a mayor gloria del estilo del jefe, Fernández-Galiano.

Y los empresarios más audaces, que sin duda entienden de moda mucho más que los presidentes de arquitectos, se han dado cuenta ya de lo fuerte que va a pegar la arquitectura circular y se han lanzado a adoptarla en algunas de sus promociones más “vanguardistas”. Como ejemplo y última foto, traigo aquí la imagen de un hotel en Marina d´Or de los que anuncia la presentadora de "Mira quién baila".
La casa está que rueda. Seguiremos informando.


lunes, febrero 19, 2007

131: MOLINILLOS



Poco antes de llegar a Burdeos yendo por la autopista hay en su mediana una larguísima fila de farolas que tienen forma de Y griega, con la particularidad de que el ángulo de la V superior se va abriendo y cerrando paulatinamente. Si las miras fijamente (y evitas salirte de la autopista o darte con el coche de delante) el efecto visual viene a ser algo así como el aleteo de un gran pájaro que te acompañase en tu viaje. Semejante chorrada no podía ser sino obra de un arquitecto, un tal “Macintos” o algo así, según nos dijo el guía del viaje que hicimos a Pessac con el Colegio de Arquitectos Vasco Navarro en la primavera del 2001.

Me vinieron a la memoria esas farolas cuando hace unos meses ví que mi querida Gran Vía se estaba también “adornando” (y profusamente) con farolas en Y, pero sentí un cierto alivio cuando comprobé que, por lo menos, no aleteaban. En principio me pareció que simulaban la simple horquilla de un sufrido árbol logroñés, es decir, de esos que los podan dejando tan sólo el tronco y un par de ramas, pero un amigo me las comparó en una carta con los árboles de los ahorcados y les volvieron a salir fantasmas.

Ya empezaba a acostumbrarme a ellas y a olvidarme de los ahorcados cuando justo el día de San Valentín, se le ocurre decir al concejal del PSOE Vicente Urquía que son poco éticas porque en las mediciones del proyecto el arquitecto las bautizó como “Yolandas” en amoroso cumplido a su mujer. Maldita crítica la del socialista, además de equivocada, porque no es un problema ético, sino poético, y eso se agarra mucho más a la memoria. Ya no sé la de años que tendrán que pasar para no ver la Y de Yolanda repetida hasta la saciedad por toda la Gran Vía como si se tratara del ingenuo y pelmazo mensaje de amor de un adolescente. De todos modos ya hace falta ser canalla para pillar a alguien poniendo mensajes de amor a escondidas y usarlos como arma política arrojadiza. ¡Cómo están los socialistas!

La primera solución que se me ocurrió para arreglar el entuerto de Urquía fue acudir a los remedios de aquella concejala medio socialista de medio ambiente, ahora columnista feliz del diario oficial, la señora Salarrullana, quien seguramente les pondría un tiesto colgando en cada brazo.

Imaginándomelas tan cursis seguramente se me olvidarían las malas historias anteriores.
Pero cuando ya tenía esta nota medio escrita ha venido Rosalía en mi auxilio con una solución mucho más eficaz: al pasar esta mañana por allí me ha dicho que se parecían a esas horribles filas de molinillos de viento que “adornan” desde hace unos años las cresterías de nuestras montañas. No es que me encante la idea de que la Gran Vía se nos eche al monte, pero a fuerza de hacer comparaciones es posible que se vayan aminorando todas las malas referencias anteriores, esto es: la de la chorrada del francés, la de los árboles extremadamente podados, la de postes para ahorcados, la de las pintadas de un arquitecto enamorado, la de la indiscreción canallesca de un político socialista o la de una oportunidad de lucimiento para aquella famosa concejala de tiestos.

Espero que al menos den luz. Que es para lo que se plantan los molinillos esos.

viernes, febrero 16, 2007

130. EN DIAGONAL




Al hilo del LHDn108 un amable lector navarro me contaba el otro día por mail que en la construcción de un chalet de su zona había visto colocar un aplacado de piedra imitando a sillería y siguiendo la directriz inclinada de una escalera lateral en fachada, por lo que se preguntaba si la rareza que yo contaba sobre las bodegas Paternina se estaba convirtiendo en una moda.

Lo lógico por mi parte hubiera sido preguntarle si se había fijado en la marca del vino que bebían los albañiles, no fuera a ser Paternina y así descubriéramos sus efectos diagonalizadores en la percepción.

Pero me vino a la memoria que en mi visita al edificio de La Maternidad en la calle O´Donell de Madrid (verdadero hito del “estilo raya”, por cierto), obra de nuestro afamado arquitecto Rafael Moneo, me llamó mucho la atención que el pavimento de los pasillos estuviera colocado en diagonal respecto a la ortogonalidad general del edificio (ver foto de arriba). El efecto me parece muy perverso, pues además de volver locos a los albañiles y hacer perder mucho material en recortes y esquinas, todos los usuarios de los malditos pasillos de ese hospital andarán siempre escorados por culpa de las guías del pavimento.

Las diagonales de Moneo siempre me llevan a mal traer, porque siendo yo un principiante en composición arquitectónica y él mi profesor se me ocurrió meter una pequeña diagonal en la planta de una casa de Rafael Masó que nos había propuesto remodelar como ejercicio de curso, y me la fulminó con la mirada (con toda la razón del mundo, por supuesto) y dos palabras: “tenga Vd. mucho cuidado con las diagonales, -me dijo más o menos-; en una casa de Masó no tienen ningún sentido.”
Moneo, como es sabido, crucificó a mi ciudad con dos diagonales en la fachada de su Ayuntamiento, pero en este caso creo que la causa debió ser más bien un ataque de ego de artista que no una sobredosis de Paternina.

En la Maternidad de Madrid, sin embargo, habrá que investigar si el Paternina fue cosa de los albañiles o del director de obra.


jueves, febrero 15, 2007

129. TOYO ITO EN LOGROÑO








"El proyecto propone una distribución intencionadamente diversa a la geometría habitual utilizada en desarrollos similares de la ciudad de Logroño. La especial situación de Pradoviejo, localizado en el extremo occidental del territorio delimitado por el PGOU, invita a imaginar una solución singular, capaz de concluir un territorio consolidado y a su vez configurarse como una apertura a las zonas agrarias, tan características del paisaje de Logroño y su entorno próximo.
De alguna manera puede entenderse como un ESPACIO URBANO DE TRANSITO, de transición entre la interioridad de la ciudad y su exterioridad compuesta por la naturaleza antropizada.
Se ha procurado SER SENSIBLE A LAS ESTRUCTURAS DEL PAISAJE EXISTENTE atendiendo con especial interés a la orientación, a las preexistencias y a la memoria del sitio –Río Bajero-, a la posibilidad de vistas como prolongación de los horizontes de la parcela, pero también a su proximidad con el tejido consolidado, a su lateralidad con la vía rodada de alta velocidad, a su vecindad con los edificios de carácter administrativo y comercial que le rodean, casi todos con una considerable presencia volumétrica y dispar valor arquitectónico: En definitiva se ha intentado atender a casi todas las estructuras ambientales que definiesen o pudieran influir en la configuración del nuevo lugar, de la nueva propuesta.
Por tanto la condición de garantizar una INTEGRACION ARQUITECTONICA y conseguir una DEFINICION DE UN PAISAJE ALTERNATIVO, CONTEMPORANEO, MODERNO, SINGULAR E INTENCIONADAMENTE ARRIESGADO, nos ha sugerido pensar en un sistema orgánico como estrategia adecuada para la ordenación de los volúmenes edificados que ocupan en solar.
Se ha utilizado una pauta “metafórica” basada en el comportamiento de los cromosomas en el fluido del núcleo celular y su capacidad para establecer, para agruparse en cadenas de ADN. De la misma manera, nuestros volúmenes confían en su capacidad para establecer vínculos entre ellos mismos, formando un espacio fluido y flexible. El espacio resultante se espera que funcione con la máxima eficacia, en tanto conseguir establecer relaciones de habitabilidad para las personas que disfrute de la propuesta. Y en último caso consigan aportar las necesarias condiciones de IDENTIDAD, -como ocurre con las cadenas de ADN aludida- que requiere cualquier estructura de VIVIENDA DIGNA.
Se ha confiado en bloques lineales de acusada longitud y con leves inflexiones en su geometría curva. Están dispuestos de la manera más óptima que garantice la mejor orientación de las viviendas, el acceso de éstas a las mejores vistas y sobre todo la apertura de amplios espacios interiores en la urbanización interior, que enlacen de forma natura con el entorno inmediato."


Esta es la memoria del arquitecto Toyo Ito que acompaña a la propuesta ganadora del concurso de las seiscientas viviendas de Pradoviejo promovidas por el Ayuntamiento de Logroño, y que puede verse junto con el resto de proyectos durante el mes de febrero en las oficinas municipales de vivienda. Me he tomado la molestia de reproducirla porque creo que se trata de un documento muy interesante para avalar mi tesis de la pérdida de cordura de la arquitectura contemporánea y de la desorientación más absoluta de nuestra cultura urbana.

Además de las muchas incorreciones sintácticas, la falta de lógica o causalidad entre el planteamiento y la solución es síntoma de un elevado nivel de ausencia de raciocinio. Igual que acaba en cromosomas podía haberlo hecho en espermatozoides (y hubiera sido más divertido). Pero es que hasta el planteamiento hace aguas porque hay que ser muy tonto para no darse cuenta de que el límite o borde de la ciudad que presuntamente justifica la propuesta, es un dato meramente circunstancial: dentro de diez años, el límite estará más allá.

Y no quiero ya entrar en los sintagmas y expresiones que salpican todo el texto. Parecen sacadas de un discurso de nuestro presidente de gobierno. Son de un oquedad que espanta. Pero tal y como se va viendo, desenmascarar ese tipo de discurso es tarea mucho más fatigosa que lo que estoy dispuesto a hacer “de gratis”.

Así que cierro esta nota con dos pequeñas observaciones mucho más elementales que por si solas desbaratan el proyecto. Unos bloques de viviendas con el fondo edificable de una habitación no es que sean “arriesgados” sino que son “papel de fumar”. Y dos: a poco que se fije uno en la posición de los “cromosomas” se dará cuenta de que eso de “la mejor orientación” es un cuento chino (... o japonés). Eso sí, por lo menos sirve para demostrar que en esta ciudad se ha perdido el Norte.


miércoles, febrero 14, 2007

128. OTROS BLOGS


Llevo desde hace tiempo investigando la existencia de otros blogs de arquitectura para ver por dónde van los tiros, o para contaros como está el patio o, en fin, para poder tener referencias de lo que hacen los demás; pero cada vez que me meto a buscar información y trato de poner un poco de orden acabo mareado. Unas páginas te llevan a otras, los pantallazos se suceden con todo tipo de tópicos y banalidades, y enseguida te da la sensación de que estás perdiendo el tiempo. No sé si os ha pasado lo mismo o si habéis tenido más suerte. De ser lo segundo os agradecería que me dierais las direcciones de vuestros logros para compartir los pocos peces que pueda haber en esta... iba a decir “red”, pero me parece más apropiado poner “maraña”.

Buscando blogs yo tenía la ilusión de encontrarme con otras voces críticas igualmente proscritas en los habituales medios de comunicación. La red y blogspot me han dado la oportunidad de decir y comunicar libremente lo que pienso sobre la arquitectura, es decir, sobre mi profesión y sobre mi lugar, así que era de suponer que otros arquitectos lo hubieran descubierto antes que yo. Por desgracia no es eso lo que hay. La crítica está bajo mínimos hasta en internet y lo único que he encontrado en la red es más y más información de lo mismo y de lo de siempre.

Voy a hacer un silogismo rápido para curarme en salud: si la información es poder, y el poder es corrupción, leña a la información. Sin contemplaciones.

Una vez curado en salud, he de admitir que para hacer crítica hay que informarse, y que como la información de los “medios” está siempre “mediatizada” por los “poderes mediáticos”, la ventaja de la información que podamos encontrar en la red es que pudiera ser más libre. No sé, vosotros mismos.

Para abrir boca comentaré algunas páginas:

1. Buscando información sobre los donuts que están cayendo en Madrid (habrá un LHD sobre el caso) he encontrado una web de arquitectura que tiene un cierto interés. Tiene un nombre, o más bien, un juego de nombres bastante lioso: scalae, enlaces ae, AE arquitectura Cd´E BCN, ARQA, ARQAE etc, pero para entendernos, todo parece girar en torno a un arquitecto llamado Félix Arranz que parece haber montado una serie de plataformas de información de arquitectura a través de las “nuevas tecnologías”, internet, videos, cd´s con programas de radio sobre arquitectura y hasta “pliegos” en papel sobre la obra de los arquitectos-figuras. Cuando veo su “santoral” me echo a temblar: Moneos, Mangados, Boñigas, Muñones, Mansillas,... ¿os suenan de algo? Hay hasta un video de “nuestro” Nachito Quemada, ay ay ay, pero la página inicial de información del blog puede ser útil: http://enlacebcn.blogspot.com/

2. Juan Freire es un gallego que escribe cosas un tanto raras sobre biología, arquitectura y pensamiento cibernético, con constantes referencias al mundo anglosajón, pero que de vez en cuando aporta materiales interesantes. Por ejemplo, hace unos días encontré en su página un enlace con fotografías de paradas de autobuses rusas que era una delicia. Algún día que no tenga nada más urgente o interesante las pondré aquí porque desde hace años yo también colecciono paradas de autobuses. A lo que iba, el apellido Freire me era muy familiar porque en el viaje fin de carrera conocí a un arquitecto gallego que se apellidaba así, y pensé que podía ser el mismo. Me iba a animar a preguntárselo por mail cuando en uno de sus post leí que era biólogo. Os doy la dirección de su página por si podéis sacarle más partido que yo: http://nomada.blogs.com/jfreire/arquitectura/index.html pero como os digo, hay que tener bastante paciencia para conectar con sus alambicados comentarios.

3. Los sudamericanos se mueven mucho más que nosotros por la red y hasta tienen algunas páginas con índices de blogs de arquitectura, pero todo lo que he abierto hasta ahora me ha echado para atrás. No tengo mucha experiencia en “hacer las américas” pero me pega que ahora son ellos los que andan “haciendo las españas” descubriendo a nuestras estrellas. Y para ese viaje no hacen falta alforjas.

4. Este otro índice de blogs está en la página “soloarquitectura”, que es muy genérica y no explica quién la promueve (y ya digo, que yo sin nombres no me fío). Lo curioso es que en ella ¡sale el LHD!: http://www.soloarquitectura.com/favoritos/blogsarquitectura.html Yendo para atrás a la página de inicio veréis que también trae muuucha… “información…”, ay, y… poooca crítica. O mejor dicho, nada de crítica.


martes, febrero 13, 2007

SALUD Y ARQUITECTURA



Miedo me da acercarme por el renovado Hospital San Pedro para hacer una primera valoración arquitectónica, y por supuesto, tampoco me atrae como usuario o como acompañante de usuario. La imagen que ofrece a lo lejos es la de un enorme bloque forrado de chapa, como si se tratara de industria química o una “rehabilitada escuela de magisterio”. En las fotografías aéreas que ha ofrecido la prensa hasta ahora, aparece como un conglomerado amorfo de diferentes edificios sin ningún orden geométrico o de circulaciones. Así pues, dilataré todo lo que pueda un comentario de los edificios del gigante sanitario de Logroño hecho desde la visita personal.

Pero quieras que no, con las noticias y comentarios que uno puede leer en la prensa oficial (ya no tiene sentido llamarla local) y las habladurías que te llegan por aquí y por allá, hay contenido más que suficiente para un primer LHD.

Vengo diciendo desde hace años que la salud de la arquitectura (la arquitectura en general) está bajo mínimos, -o que la arquitectura está en la UVI-, pero no había reparado en que la arquitectura sanitaria, no es ya que esté en la UVI, sino que está en coma; pues como bien es sabido, desde hace un tiempo no está en manos de “médicos” (léase, arquitectos) sino de “expertos”, altamente especializados y tecnificados venidos generalmente de Madrid, quienes, por seguir con la metáfora, son los únicos que saben enchufar las consultas a los quirófanos.

Los tres grandes hospitales de la ciudad fueron hechos también por arquitectos de fuera, pero no precisamente por “expertos”. Jacinto Arregui vino de la provincia de al lado (Vitoria) para hacer el primer Hospital, el “provincial” (h 1866) y otros tantos importantes edificios públicos (la Bene, la desaparecida plaza de Toros al final de Duquesa de la Victoria o el viejo mercado de San Blas), quedándose durante un tiempo como arquitecto provincial (…mucha provincia). Pero lo suyo no era “provincianismo,” sino Arquitectura con mayúsculas, es decir, esa que hace ciudad desde la consideración y relevancia de la función pública del edificio.

En los cincuenta se construyeron los otros dos hospitales, más o menos a la vez. El San Millán lo hizo el madrileño Fernando García Mercadal, y a pesar de la limpieza de líneas, su fachada original tuvo el empaque de un edificio público (ver foto). Luego vendrían las reformas y los añadidos destrozando su imagen inicial, pero esa es otra historia. Como otra historia es la que contó José Miguel León en Elhall 42, referida a que el también madrileño Luis Lacasa había proyectado en 1930 un hospital para el mismo emplazamiento que no se llegó a construir. Un hospital que, aunque de aire“muy racionalista”, buscaba también orden geométrico en sus fachadas.

El tercer hospital, el San Pedro, dedicado a enfermedades del pulmón, se emplazó en las afueras, y a pesar de que por ello hubiera podido proyectarse con un poco menos de rigidez, la simetría y la condición de edificio público prevalecieron en su imagen hasta que… también le empezaron a caer encima reformas y ampliaciones. No hay datos en el Archivo Municipal de la autoría del primitivo edificio y tampoco tengo a mano una foto en mis archivos; y ya es pena, porque es la pieza básica y original del nuevo conglomerado hospitalario.

Menos mal que Rubén San Pedro salvó la honrilla local haciendo la tristemente desaparecida Clínica Velázquez (véase el artículo de Javier Dulín en Elhall 30), que si no, es que no rascamos ni una. Y luego vendría la triste historia de los Centros de Salud… ay, también con "expertos" de Madrid.

Pero dejemos a un lado los grandes acontecimientos, pues como he dicho, no voy a hincar el diente a ese monstruo en que se ha convertido el San Pedro, y vayamos a lo que me ha movido a redactar esta nota: la nostalgia por dos pequeños detalles saludables de la vieja arquitectura sanitaria logroñesa que, según parece, se han perdido o se van a perder irremediablemente con la nueva arquitectura de los expertos hospitalarios.

El primero es el del sistema de nidos que tan estupendamente funcionaba en la sección de maternidad del San Millán. Las enfermeras y los médicos podían atender a los recién nacidos en unas pequeñas habitaciones intermedias llamadas "nidos", mediante el sencillo mecanismo del giro de las cunas situadas junto a la pared. Bueno, pues me han contado que el supertecnológico San Pedro eso ha desaparecido y con ello, todas sus ventajas asistenciales.

El segundo detalle lo mencionaba el cardiólogo José Luis Dulín, padre de nuestro compañero Javier, en una reciente entrevista en la prensa oficial (La Rioja, 5fb07 p4). Preguntado por su recuerdo más vivo del viejo hospital San Pedro, es curioso que en vez de hacer mención a alguna historia de su profesión señalara directamente a un elemento arquitectónico: los balcones de las habitaciones. Ese era su "recuerdo más vivo" de su largo paso por el hospital (!). Una referencia así le lleva a cualquier arquitecto al recuerdo de las grandes terrazas del sanatorio de Paimio de Alvar Aalto, así que no digo más.

Si en lo sencillo pasa esto ¿qué no pasará en lo grande...?

Lo dicho: ya que la arquitectura no goza de buena salud, a ver si tenemos suerte con la nuestra y evitamos por mucho tiempo visitar la nueva arquitectura sanitaria riojana.

¡Salud y arquitectura!

lunes, febrero 12, 2007

126. EL ESTILO HISTORIA


Esta vez no traigo al LHD un estilo arquitectónico más, no. Los asiduos a esta página, o a mi obra escrita en general, habrán notado mi propensión a dar nombre a nuevos estilos de arquitectura, como el “estilo disimulo” (LHD n20), el “estilo raya” (hC n25 de elhAll n87), el “estilo parecido” (LHD n114) o el estilo “marca personal” (por escribir); aunque la pieza más completa sobre la materia la escribí en una columna de elhAll n68 titulada precisamente ESTILOS/2 (el “/2” me ha dejado intrigado porque parece aludir a que antes había escrito otra cosa, pero ya no me acuerdo qué era o dónde puede estar).

Para evitar que el “estilo historia” sea confundido con uno de ellos, quisiera insistir desde el comienzo de esta columna que NO ES UN ESTILO DE ARQUITECTURA sino que se trata de un ESTILO DE ESCRITURA ACERCA DE LA ARQUITECTURA, es de decir, de un modo de pensar la arquitectura, enseñarla, o comunicarla (ponerla en común).

Un modo de pensar la arquitectura, dicho sea como juicio, valoración o tesis, que hace un daño tremendo a la arquitectura. (Eso se argumentará en otra ocasión).

El “estilo historia” es el modo de pensar y de escribir que, según parece, se enseña y aprende en las facultades de historia: porque la gran mayoría de los libros o artículos sobre arquitectura escritos por historiadores poseen ese estilo inconfundible. Un estilo que básicamente consiste en:

1) Adscribir la obra de arquitectura, o al arquitecto que la hizo, a algún estilo arquitectónico previamente definido, relacionándolos, si es posible, con alguna otra obra, autor, o estilo anterior.
2) Describir la pieza de arquitectura en cuestión a partir de los elementos decorativos de la fachada, a poder ser con los términos más rebuscados o especializados, a fin de darse importancia.
3) Hablar siempre maravillas de la obra que se comenta y evitar en lo posible juicios negativos, o en su caso, hacerlo de la manera menos comprometida posible, para evitar perder los méritos sociales y académicos que pudiera dar el trabajo.

Además de esos tres principios fundamentales hay otros muchos tics, latiguillos, modos de citar, etc, que serían objeto de una tesis algo más fatigosa (pero divertida), a la que animo encarecidamente a cualquier estudiante de filología.

La producción de nuestro egregio Instituto de Estudios Riojanos en materia de arquitectura es un perfecto muestrario para el investigador literario del estilo historia, aunque por suerte (para la arquitectura) no es muy abundante. Lo peligroso de esa producción, corta, digo, pero ejemplar, es el contagio que pudiera producir en otros observadores, pensadores y escritores ajenos a las facultades de historia y a los institutos de investigaciones sobre la historia. No voy a dar ejemplos para no ofender a algunos amigos, pero los pocos arquitectos locales que se han animado a escribir sobre arquitectura, han caído (hemos caído, podría decir también) más de una vez en escribir de esa forma estereotipada de “buscar estilos para todo, describir de forma aburrida y dedicarse a hacer alabanzas”.

Dicho esto, se entenderá mejor la coña que me traigo desde hace años con la búsqueda de estilo para la obra de los arquitectos contemporáneos, es decir, de una época que, por principio, se declaró “sin estilo” (véase al respecto el viejo artículo “Arquitectos e Ingenieros” que hoy mismo he colgado en el blog paralelo: Una Voz en un Lugar.)

Pues bien, como en los últimos días más de uno me ha preguntado mi opinión sobre la recientemente regalada “Guía de Arquitectura Urbana de Logroño” escrita por María Teresa Alvarez Clavijo y Gorka Pérez de la Peña Oleaga, editada por Brico Depot, distribuida por La Rioja, y bendecida genéricamente por el alcalde y muy puntualmente por el Decano del Colegio de Arquitectos de La Rioja; y me parece muy poco elegante hacer un juicio de valor sobre ella cuando en breve va a salir a la calle la mía, lo único que puedo decir es que está escrita en “estilo historia”. Y todo lo más, en uno de los estilos historia más historia que jamás haya podido leer yo nunca.

En los próximos meses, si acaso, espero que entre los practicantes (profesionales o advenedizos) del estilo historia haya un bonito debate sobre las incontables variantes del eclecticismo que se dieron en nuestra ciudad, el prematuro agotamiento del modernismo, el increíble triunfo del art decó, los innumerables matices de lo moderno, la modernidad y sus relecturas críticas, vanguardísticas o como “Movimiento”, y por qué no, sobre la “notabilísima obra orgánica” de Roberto Benés, o sobre la “relectura sugestiva de las vanguardias históricas” de la obra de José Miguel León. Debate moderado por el Decano del COAR y el Director del Instituto de Estudios Riojanos, a poder ser. Para que el “estilo historia” vaya ganando… más… altura. Y más adeptos.

viernes, febrero 09, 2007

125. CIUDAD REAL



“El nuevo Ayuntamiento de Ciudad Real es obra del arquitecto moderno don Fernando Higueras Díaz. Preside la Plaza Mayor de esta ciudad manchega, cuya factura es -era-, de gran sencillez y modestia, y la cual había quedado milagrosamente a salvo del proceso de depredación urbana que ha destruido el centro de la ciudad. Para justificar este irremediable olvido, se ha construido el edificio municipal en cuestión, que da a la plaza un aire flamenco muy acorde con estas latitudes. Claro es que, como la vulgar arquitectura manchega de la plaza supone una agresión al buen gusto y un pobre marco a tan esforzado empeño, el Ayuntamiento ha tomado la loable decisión de ordenar las fachadas de la Plaza Mayor de manera que éstas imiten la de la sede municipal. Así, cuando dentro de unos pocos años todos los edificios hayan sido renovados, las buenas gentes de Ciudad Real podrán darse una vuelta por Brujas sin salir de su ciudad. Original y encomiable procedimiento de entrar en el Mercado Común, que evita las farragosas y siempre ingratas negociaciones entre expertos. El señor Higueras se hace así merecedor de la gratitud manchega por la -suponemos- generosa y desinteresada donación que a su favor hace del sagrado derecho de propiedad intelectual”.

Esto escribía con fino sentido del humor en el número 20 de la revista Boden un tal Alvaro Hernández y lo publicaba, “compartiéndolo plenamente”, la revista 2C Construcción de la Ciudad en su número 13, de mayo de 1979, con el siguiente comentario:

“Resulta particularmente aleccionador el destino de esa “gran estrella” de la arquitectura española contemporánea como es Fernando Higueras. La espectacularidad como sustituto del rigor, el desaforado personalismo y la ignorancia del carácter de la arquitectura en relación al significado colectivo de la ciudad, caracterizaron a muchas arquitecturas de los años 60 y principios de los 70. Estas mismas premisas coherentemente llevadas hasta sus límites, han implicado finalmente a Higueras en empresas como este Ayuntamiento de Ciudad Real”.

En julio de 1980 estuve en el escenario del crimen e hice la foto que muestro arriba, en la que se puede apreciar el edificio del nuevo Ayuntamiento al fondo, y a la izquierda, la nueva fachada gótico flamenca de la casa propuesta como pauta o modelo para las demás.

Con la perspectiva de veinticinco años y con todo lo que he podido leer sobre arquitectura, me sorprende que textos tan elementales como el Alvaro Hernández estén mucho más frescos en mi memoria que toda la pedantería literato-arquitectónica que he tenido que tragar. Y por eso lo reproduzco y lo traigo aquí: porque se conserva tan bien como el tipo aquel del neolítico que apareció en el glaciar de Innsbruck.

Lo que ha envejecido de una manera brutal, sin embargo, es el comentario editorial de los arquitectos de 2C (como no lo firma nadie es de suponer que fuese de Salvador Tarragó o de Carles Martí). Higueras no era un rancio fenómeno de la arquitectura de los artistas forjados en el franquismo, como parece desprenderse del texto, sino un adelantado a su tiempo: “la espectacularidad como sustituto del rigor, el desaforado personalismo y la ignorancia del carácter de la arquitectura en relación al significado colectivo de la ciudad” son la mejor definición posible del programa triunfante de la arquitectura de los últimos veinticinco años, ejemplificado y divulgado una y otra vez por todas y cada una de las revistas de arquitectura, fuesen éstas de empresas privadas o de colectivos institucionales (¡ay!).

De haber habido muchos más Alvaros Hernández y muchos menos arquitectos bobos, es posible que la crítica de la arquitectura hubiera llevado a ésta por otros derroteros. Pero la sentencia de la historia es ya inapelable.

Voy a tener que rascarme mucho la memoria para poder ofrecer otra ocasión en que una revista de arquitectura recoja en sus páginas un comentario tan simpático como el de Alvaro Hernández –el héroe del LHD de hoy.

jueves, febrero 08, 2007

124. PATRÓN CUADRADITOS








Si para refundar la arquitectura es necesario seguir rescribiendo El Modo Intemporal de Construir de Chistopher Alexander (eso que intenté en primera instancia con el “Manual”), para refundar la ornamentación sería muy útil, si no imprescindible, volver a escribir una versión actualizada del olvidado libro de Alois Riegl, “Problemas de Estilo”.

Publicado por vez primera en 1893, Riegl nos legó un magnífico tratado sobre el origen y evolución de los motivos ornamentales, los temas vegetales más comunes, los enlaces en pámpano, los arabescos y los estilos geométrico y heráldico; cruzado todo ello con los tradicionales estilos históricos y sus localizaciones geográficas. El resultado, a primera vista, es bastante desordenado y confuso, pero eso no resta originalidad y belleza a la obra. Lo que sí se echa en falta, sin embargo, es un par de capítulos más, que por la fecha en que fue escrito, obviamente Riegl no pudo estudiar ni redactar. Me refiero al ornamento modernista y al ornamento moderno.

Muchos y variados libros de fotografías han hecho recopilación de los primeros, pues la libertad y expresividad de la línea art nouveau tiene un mercado fotográfico asegurado. Del ornamento moderno, sin embargo, apenas se ha publicado nada, pues en cuanto Loos hizo la tontada de emparentarlo con el delito, y los más tontos que Loos (que ni leyeron lo que decía Loos para interpretarlo debidamente) se quedaron con la copla, se abolió todo ornamento en la arquitectura culta (incluso el moderno) y cualquier preocupación teórica por él.

La velocidad con que se produjeron los hechos y el desfase entre los pioneros y los epígonos de esa mudanza, ha producido también no poca confusión historiográfica, pero lo que está parece claro es que los tres puntos en que se produjo el salto y hasta la mezcla entre los motivos ornamentales modernistas y los motivos geométricos más elementales bien pudieran ser Mackintosh en Glasgow, los secessionistas vieneses (de entre los que me quedo con Hoffmann) y Wright en Chicago (este último sin adherencias modernistas). El motivo ornamental que les une a los tres es el cuadradito. Los de Mackintosh y Hoffman son tan famosos que para ilustrar esta nota he escogido dos piezas decorativas menos conocidas de Wright: la decoración de una taza y la reja de la casa Winslow.
Una de las exposiciones de arquitectura que recuerdo con más cariño de mi época de estudiante, fue la que organizó el Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña y Baleares titulada precisamente “Quadrat Hoffman”, cuyo cartel todavía guardo (lo pongo arriba como tercera foto). Quadrat Hoffman fue un título perfecto para entender aquella pasión plástica por el cuadrado.

La desaparición del cuadrado como ornamento fue sustituida (a otra escala) por el uso de la ventana cuadrada como único motivo “ornamental”. Pudiera verse así la famosa fachada de Loos en la St Michael Platz. La ventana cuadrada como único motivo compositivo (u ornamental) la recuperaron los rossianos en los setenta como leit motiv de su arquitectura, y como explico en el Manual (p 204), acabó en un tic de moda (Oíza, Campo Baeza, etc).

En los últimos años el término “patrón” aparece con cierta frecuencia en las revistas de arquitectura y de decoración, palabra que por estar traducida del inglés “pattern” parece hacer menos daño a las mentes progre-modernas que la de “ornamento”. Bienvenida sea. La uso por lo tanto como título para adaptarme a los tiempos y no dañar a los débiles de espíritu que sólo saben seguir las modas. Patrón cuadradito. Me gusta.

Si la decoración desapareció con el cuadrado como motivo ornamental, pudiera ser interesante retomarlo para que vuelva a la arquitectura (el retorno por la vía de los barroquismos es exagerado y contraproducente). Esta misma semana he puesto a mis alumnos un ejercicio de ornamentación con cuadraditos. Si hacen algo majo, quizás los traiga por aquí.

miércoles, febrero 07, 2007

123. ÁRBOLES INOPORTUNOS







El verano pasado en Berlín fuimos a ver la famosa fábrica que Peter Behrens construyó en 1909 para la AEG y nos encontramos con que tres inoportunos árboles nos impedían disfrutar de la presencia urbana de aquel gran templo del maquinismo moderno. Fastidiados por el contratiempo, aprovechamos la visita para contemplar con más detenimiento la fachada lateral, y buscar la entrada a la fábrica, asunto este último que se me había pasado por alto la primera vez que la vi en el viaje de 1995, cuando seguramente los árboles no estaban tan crecidos y la contemplación de la fachada principal a la calle aún era posible.

La desazonadora presencia de esos tres arbolillos me conectó de inmediato con ciertos asuntos pendientes que tenemos en mi ciudad, y me dije que de allí tenía que salir una reflexión LHD.

El respeto por los árboles urbanos se ha convertido desde hace unas décadas en un tema tabú. No hay tala urbana que no sea rápidamente contestada por la ciudadanía y capitalizada por el partido de turno en la oposición. Es decir, no hay tala urbana. Y cuando la hay, se ha de hacer con nocturnidad y alevosía, como la de los viejos cedros de El Espolón. El pecado de no tocar un árbol urbano fue introducido por los “ecologistas” mucho antes de que las feministas o los gays establecieran las nuevas costumbres de lo políticamente correcto. Los dictados de la moral urbana ya no se dictan desde los púlpitos o la sabiduría ilustrada, sino que son cosa de unos colectivos así llamados “alternativos”. Los políticos que hacen leyes y establecen costumbres están tan entretenidos en su lucha particular por la alternancia en el poder que parecen haber abandonado esta parcela de poder, y es más, hasta les debe de parecer bien que la ejerza esta gente.

En la ciudad, un árbol no es un asunto de ecología, sino un tema de arquitectura. Y como los árboles crecen y las ciudades se transforman, la idoneidad de su implantación o desaparición ha de hacerse desde el análisis arquitectónico y no desde el fundamentalismo proteccionista de ecologistas de pacotilla o desde la ligereza de lo políticamente correcto.

Que yo recuerde, el célebre episodio que hizo caer sobre esta ciudad el tabú de que “los árboles no se tocan” fue el intento de tala de los cedros de la plaza del Mercado cuando se hizo su última pavimentación (aquella que comenté en el LHDn79). Es curioso recordar la guerra que se armó por intentar poner fin a aquellos cuatro árboles y que nadie dijera ni una sola palabra sobre el diseño del pavimento. Aquellos cuatro viejos cedros, plantados sobre una ordenación de jardinería anterior, fueron finalmente “respetados” y se quedaron como unos pasmarotes en medio de la “ordenación” del nuevo pavimento. Tres de ellos se han muerto en los pocos años que van desde aquella remodelación a nuestros días, y el cuarto está el pobre que da pena verlo. Pero hasta que no se caiga parece tener colgado el cartel de “intocable” y yo añadiría que el de… ¡ridículo!

Delante de tres equipamientos urbanos de Logroño que seguramente se retranquearon sobre la alineación oficial para dar mayor empaque a sus fachadas sobre la propia calle, se plantaron hace muchos años, siguiendo alguna moda de jardinería temporal, otros tantos cedros o abetos que con el tiempo crecieron y ocultaron sus fachadas. Cuando la ciudad se hacía con equipamientos de fachadas bien compuestas, podía ser irrelevante que algunas de ellas se ocultara detrás de una cortina vegetal, pero el deterioro urbano que va desde aquellos momentos en que la arquitectura se representaba en la calle hasta estos tiempos en que toda nuestra arquitectura se ha vuelto banal y anodina, hace más que nunca necesaria la presencia de esos edificios en la escena urbana.

Traigo aquí tres de los más urgentes ejemplos y pido para ellos la limpieza que se merecen: el Hospital Militar, la Escuela de Artes y Oficios y el Convento de Misioneros. Y de paso (por pedir que no quede), que talen también en Berlín los tres miserables desgraciados árboles que ocultan la AEG de Behrens.

martes, febrero 06, 2007

122. ADIÓS AL COAR



Colegio Oficial de Arquitectos de La Rioja
Junta de Gobierno
Logroño

Decano y miembros de La Junta de Gobierno del COAR:

He esperado hasta el último momento de mi trabajo en la Guía de Arquitectura de Logroño algún gesto por vuestra parte que me indujera a volver al origen del encargo que la puso en marcha, pero ha sido en vano. Una vez concluida esta labor creo mi deber dar cumplida respuesta a vuestro acuerdo 05110/4.1/23.05.05 con registro de salida 3.650 de fecha 26 mayo 2005 que, por si no lo recordáis (y no es mi intención haceros perder tiempo buscando en los libros de actas), dice textualmente así (lo transcribo con la misma puntuación, aunque esté mal redactado, y me permito tan sólo corregir algunas erratas y acentos (Arqutectura, Araquistían etc):

“Tras la consulta realizada a través de la vocal de cultura de la Junta de Gobierno Sra Ibañez, da cuenta que D. Juan Diez del Corral ha manifestado verbalmente, su renuncia al compromiso adquirido con el COAR para la elaboración de la “Guía de Arquitectura de Logroño”. Teniendo en cuenta que su propuesta fue presentada bajo su dirección, junto a los arquitectos colaboradores D. José Miguel León Pablo, D. Jesús Ramos Martínez y D. Jesús López-Araquistáin y tras debatir el tema, se acuerda: Solicitar al Sr. Diez del Corral que confirme por escrito su renuncia al compromiso adquirido con el COAR para la elaboración de la “Guía de Arquitectura de Logroño, y dar traslado de este acuerdo a los arquitectos colaboradores”.

No supe nunca qué información verbal le llegó a la Sra. Ibañez para mover a la Junta a tomar aquel acuerdo, pero era natural que tras el anterior -vergonzoso e ignominioso- acuerdo 05104/2.1 de 16.02.05 sobre el “contenido de elhall” mis relaciones personales con todos y cada uno de los miembros de la Junta de Gobierno que lo firmasteis estuvieran bastante deterioradas, y que mi estado de moral respecto al trabajo de la Guía hubiera sufrido alguna merma. No hay que olvidar tampoco en todo este proceso que por aquellos meses la editorial Biblioteca Nueva os hizo entrega de la edición de mi libro Manual de Crítica de la Arquitectura, que a pesar de haberlo coeditado con el dinero de todos los arquitectos no os dignasteis ni siquiera a presentarlo públicamente a la ciudad.

Cuando recibí vuestra solicitud de renuncia a mi trabajo, lo comenté con José Miguel León y éste llamó a los dos miembros de la Junta que pudieran ser más cercanos a mi persona, esto es, Pablo Larrañeta y Noemí Grijalba, y los cuatro tuvimos un encuentro informal en la terraza de la cafetería Crema de la calle Calvo Sotelo, en la que yo les pedí a éstos que me dejaran trabajar en paz y que diésemos tiempo al tiempo.

A la vuelta del verano del 2005 fuí requerido por la Junta de Gobierno del COAR (no recuerdo si por carta o mediante la Comisión de Cultura) para que mostrara la marcha de la Guía y me encontré que en la Sala de Reuniones del Colegio no comparecieron más que los mencionados Pablo Larrañeta y Noemí Grijalba. Gustosamente les mostré mi trabajo y me fui con la sensación de haberles sorprendido, e incluso abrumado, con la cantidad de documentación que estaba manejando. Pero también me fui con la sensación de que su apoyo era insuficiente y que el resto de la Junta, y especialmente el Decano, hubieran preferido que mi trabajo naufragase. Lo que está claro es que demostraron poco interés por él: el acuerdo de 26 de mayo seguía vigente y no fue revocado.

Pasaron los meses, seguí trabajando en la Guía sin desfallecer, y mientras tanto intenté un amistoso acercamiento al Colegio a través de la organización de un Viaje de Arquitectura a Brasil. Vano intento: todo lo que viniera de mi persona parecía estar maldito para la Junta, así que todos los arquitectos que finalmente fuimos a Brasil lo hicimos, bien con cierta tristeza, o bien a despecho de la falta de apoyo y consideración del Colegio por nuestra iniciativa.

A partir de mayo del 2006 empecé a redactar, editar y enviar a numerosos compañeros arquitectos y amigos no arquitectos, los LHD (abreviatura de una publicación personal cuyas siglas pudieran entenderse como Le Hall Digital, o como nuestro familiar Ladrillo Hueco Doble). Pude saber que muchos de ellos eran leídos (devorados sería más exacto) por los propios miembros de la Junta de Gobierno, y hasta la propia coordinadora de la Biblioteca del COAR me pidió que se los enviase, como así hice. A partir de septiembre del 2006 los LHD pasaron a ser de dominio público al estar en una web abierta de internet, así que entre las filtraciones de una etapa y la libre accesibilidad de la siguiente, la Junta ha estado perfectamente al tanto de mi empeño personal en dar cumplida cuenta del trabajo de la Guía y de la orfandad de encargo y promoción que ésta tenía a causa de su desentendimiento.

Hago pues aquí, mediante esta carta, la solicitada “renuncia” al “compromiso adquirido” y hago también la devolución al Colegio, mediante entrega a sus administrativos, del anticipo de 3.000 euros que se me abonó a finales del 2004, no sin el lamento de que Hacienda se me llevara un tercio de esa cantidad en la Declaración de la Renta de aquel año, que ya no podré recuperar.

Cierto que se pudiera argumentar que mi tardanza en aceptar vuestra solicitud de renuncia os hubiera podido hacer perder un tiempo precioso en sacar nuevamente a concurso la redacción de una Guía, pero es de dominio público (y a la documentación de la última Asamblea me remito) que no lo habéis desperdiciado del todo y que desde hace algún tiempo José Miguel León viene trabajando para vosotros en un Inventario de arquitectura del siglo XX, que es como una guía encubierta. Lo más triste de este episodio es que, en mi ingenuidad, yo le había enseñado toda mi documentación a José Miguel… (por si queréis más datos, los tenéis en el LHDn99).

Siento de veras que hayáis despreciado mi trabajo, sobre todo porque todo él está centrado en la figura de los arquitectos como artífices principales de la construcción de la ciudad. Tal y como me propuse, la Guía de Arquitectura de Logroño que he concluido recientemente es el más ambicioso documento sobre nuestra profesión jamás escrito en nuestra ciudad. Y es triste que la institución que ha representado a esa profesión durante buena parte del largo periodo que abarca la Guía, se haya desentendido de ella.

A pesar de haber participado activamente en nuestro colectivo durante más de veinticinco años de colegiación y de haber fraguado en él no pocas ilusiones, esfuerzos, afectos, convivencias y amistades, llegando incluso a regir su Junta de Gobierno como Decano en los difíciles años de la liberalización de tarifas, ese desprecio de la actual Junta de Gobierno hacia mi trabajo, y por extensión, hacia mi persona (acuerdo sobre elhall, silencio sobre el Manual, rechazo de apoyo al viaje a Brasil, etc), unido a la escasa respuesta colectiva del resto de compañeros arquitectos que no han levantado la voz contra vuestra gestión, me ha llevado a tomar la firme decisión de dar por finalizada mi pertenencia al Colegio, solicitando mi baja como colegiado número 44, y dejando constancia de que sólo aceptaré volver a ser miembro del mismo cuando alguna otra Junta de Gobierno anule los vergonzosos acuerdos sobre mi persona a que he hecho alusión en este escrito, y restaure la deteriorada imagen que vais a dejar del Colegio tras vuestro paso por su directiva.

Dado el carácter público de esta carta, la hago extensiva a todos los que pudieran estar interesados en su contenido a través de su edición digital en el LHD.

Logroño, 5 de febrero del 2007
Juan Diez del Corral

lunes, febrero 05, 2007

121. FRANCISCO DE LUIS Y TOMAS







Treinta años más joven que Maximiano Hijón (v LHDn47), -al que llegué a llamar “primer arquitecto” de Logroño”-, Francisco de Luis y Tomás es, sin lugar a dudas, el “segundo gran arquitecto” de la ciudad, “reinando” en ella (como arquitecto, se entiende) en los setenta y ochenta del siglo XIX. Tanto reinaba o reinó tanto, que hasta se permitió vivir en lo que hoy es el palacete de gobierno de la plaza de El Espolón; aunque antes de instalarse en tan digna mansión, se apañó la casa del número 9 del Muro del Carmen, que había sido antigua “Posada del Cristo” (foto 1).

Pero vayamos con orden, que intentar una biografía a saltos en poco más de un folio puede ser un caos. Según el libro de Inmaculada Cerrillo, nació en Burgos en 1847, obtuvo su título de arquitecto en 1869 (con veintidós años, pues), y en ese mismo año ya figura como arquitecto municipal de Logroño. Ocho años más tarde, es decir, en 1877, hace un proyecto para modificar las fachadas de la Posada del Cristo (actual Muro del Carmen 9) y firma la solicitud de licencia como propietario de la misma (foto 2). En 1884, o sea, siete años después, solicita, como inquilino del piso principal de dicha casa, colocar un mirador de madera, y en 1893 pide un nuevo permiso sin planos para restaurar la fachada y hacer reformas, que se lo informa favorablemente como municipal el “tercer gran arquitecto” de la ciudad, o sea, Luis Barrón (al que dedicaré cuanto antes su propio LHD).
Francisco de Luis proyectó un montón de reformas de casas y de fachadas del casco antiguo y de las primeras calles exteriores a sus murallas, pero en los expedientes rara vez se encuentran plantas. Casi todo son fachadas. La arquitectura parecía ser por entonces, un asunto básicamente vertical. En el proyecto de su misma casa en Muro del Carmen 9, tampoco hay plantas de las viviendas.
Según parece, Francisco de Luis se reservaba el diseño en planta para los importantes trabajos urbanísticos que hizo en la ciudad justo en los años previos y posteriores a las obras de su casa. En 1875 hizo el plano de la apertura del callejón de los Abades, es decir, la calle Sagasta entre el Espolón y Portales, construyendo en 1876 todo el frente de la manzana que va desde Hnos Moroy hasta esta última calle. De ese mismo año1876 es el plano de la nueva ordenación de toda la arquería de la calle que luego acabará llamándose, precisamente, “Portales”. En 1878 hace el plano de ordenación del segundo tramo de la calle Sagasta, desde Portales hasta el Puente, y como podrá verse en la Guía, construye unas cuantas casas más en la misma. Y finalmente, en 1879 realiza el plano de ordenación y ensanchamiento de la calle de San Blas (actual Capitán Gallarza) con la intención de continuarla hasta la Iglesia de Santiago.

Desconozco el momento en que se traslada a vivir al palacete central del Espolón (foto 3), y sólo sé de oídas que fue por matrimonio con su dueña o heredera. Sobre esta importante casa Francisco de Luis hizo una ampliación en 1910, cuya documentación tampoco he llegado a ver, pero que se aprecia en la foto aérea de 1917, y que corresponde al añadido norte. Cabe recordar que no fue hasta 1932 cuando la Diputación Provincial la compró para su sede.

Aunque Francisco de Luis sigue construyendo casas prácticamente hasta el final de sus días (en el LHDn106 vimos la que le hizo a Rodríguez Paterna), lo cierto es que en los años noventa la hegemonía arquitectónica de la ciudad ya no estuvo en sus manos sino en las de Luis Barrón. Es de suponer que para entonces ya estuviese cómodamente instalado en su palacete y que la arquitectura no fuera su ocupación prioritaria. Esto es sólo una conjetura, claro, porque no tengo el más mínimo dato biográfico suyo. Desde hace unos meses vago por la ciudad esperando encontrarme con mi antiguo adversario en la cancha de tenis, Ricardo de Luis (de “Transportes de Luis”), para preguntarle si por casualidad es descendiente del gran don Francisco, y él o sus parientes mayores pudieran saber algo de su vida. En el archivo municipal hay un retrato al óleo de un personaje con atributos de arquitecto que quizás fuera el de él, pero no se puede asegurar.

Su última casa sí que es fácil de encontrar porque a diferencia de la de Hijón tiene la placa de mármol bien conservada (foto 4). Está en el ala sur del cementerio, en la zona de mayor empaque, y muy cerca de ella hay otra tumba que dice ser también de su propiedad (se ve que fue un hombre de posibles incluso bajo tierra). La fecha de su muerte es tan clara, 24 de abril de 1918, que pone en entredicho la fiabilidad de algunos datos de Concha Cerrillo, quien en su libro dice que murió “h. 1910” (p 127 y p 222).

Post morten:
En la casa del Muro del Carmen n 9 el arquitecto Gonzalo Cadarso proyectó un mirador de obra en 1931 (foto 5) para el entonces propietario Rodrigo Cendra cuyo expediente, curiosamente, fue informado favorablemente por el arquitecto Fermín Alamo (al que llamaré “el quinto o sexto gran arquitecto de Logroño”, Agustín Cadarso y Quintín Bello mediante). Como puede comprobarse mirando el plano y el estado actual, o no se hizo, o se rehizo el existente. En algún momento de su larga vida, la gran puerta de entrada en arco de la calle del Cristo fue eliminada y convertida en tienda, pero aún pueden verse los sillares de los ángulos por encima de la entrada a la colchonería que ocupa la que fuera su portal. En 1996 la comunidad de propietarios de la casa encargó al aparejador Fernando Martínez Romero la rehabilitación de su fachada. Se ve que ya no la consideraban digna de la intervención de un arquitecto.