lunes, abril 30, 2007

EDUARDO MANGADA



Tiene ya setenta y cinco años y toda una vida como arquitecto dedicada al Urbanismo en oficinas de planes y cargos públicos (llegó a ser Consejero de Ordenación del Territorio de la Comunidad Autónoma de Madrid en tiempos de Leguina, o sea del PSOE). No he seguido de cerca su trayectoria (aunque algunas cosas que no le han de gustar mucho se pueden leer ya en internet) ni en general, la de los urbanistas de Madrid, pero seguro que tiene mil cosas que contar, o decisiones sobre las que reflexionar y arrepentirse -por ejemplo, las tomadas sobre un sistema de ideas y mecanismos que reconoce haberse quedado caduco; pero en vez de dedicarse a revisar su pasado por si acaso con ello aprende algo y nos enseña algo, sale a la palestra de la tribuna de opinión de EL PAIS para contarnos que otro urbanismo es posible, y que ese otro urbanismo se llama… “socialdemócrata”. Santo cielo, qué vejez tan patética.

Sé que me repito, pero lo más triste que puede hacer un arquitecto para arreglar la arquitectura es decir que la culpa de la mala arquitectura la tienen los políticos. Son como esas feministas, que incapaces de ser mujeres y entenderse con los hombres, le echan la culpa de todo al machismo. Y claro, optan por comportarse como machitos.

Pero si triste es su extravío mental (que no deterioro), no menos ridículo es el contexto en el que inserta su discurso, porque no sé si Mangada se ha dado cuenta aún de que el gobierno de España es en estos momentos un gobierno socialista, o socialdemócrata, o un gobierno del partido que él apoya, vamos. ¿Qué es lo que pretende entonces con su artículo? ¿hacer memoria histórica para Zapatero y Trujillo de aquel “otro urbanismo posible” socialdemócrata y “culto” (el adjetivo culto aparece muchas veces en su artículo) en el que inserta (modestamente, eso sí) sus actuaciones políticas de los años ochenta y que parece que ellos no practican muy bien? ¿o pedir el voto para echar a Gallardón y Aguirre de los entes locales de Madrid y que gobiernen Sebastián y Simancas? ¡Pues vaya esperanzas! Que lo diga, hombre, que lo diga más claro. Que tire de las orejas a Zapatero y Trujillo o que pida el voto para Sebastián y Simancas y se deje de monsergas.

Porque esos sermones bienintencionados y bienpensantes, esos sermones tan tostones y tan manidos, ese reclamarse de la cultura y los pequeños hitos colocados en los libros de historia por los “compañeros historiadores” (siedlungen, hoffs, new towns, etc.) para desdeñar a continuación al desbocado motor económico de la actual ciudad, lo único que hacen es empobrecer un poco más, si cabe, el panorama crítico de las propias disciplinas de la arquitectura y el urbanismo.

¿Hacer planes y más planes, citando a Manuel Solá-Morales? sí, claro, hay que hacer planes, muchos planes, muchos dibujitos, pero…, ¿sobre qué teoría urbanística? ¿con qué fundamentos históricos? ¿con qué medios críticos para enjuiciar esos planes? ¿Con nada? ¿sobre nada? ¿sólo con etiquetas de “cultura” “racionalidad” y “equilibrio medioambiental” otorgadas por los “compañeros historiadores”? Pues entonces mejor no hacer planes y diagnosticar modestamente (ahora sí) que es por la penuria a que ha llegado nuestra arquitectura por lo que hemos vuelto a un urbanismo espontáneo, pero esta vez reservado a las grandes inmobiliarias y no a la gente. Pues el urbanismo socialdemócrata, ese “otro urbanismo posible” lo que único que hizo fue desconfiar de la gente y de los arquitectos y crear unas reglas de juego en las que la ciudad sólo podía ser cosa de unos pocos.
Sí, ya sé que Vds. querían que el urbanismo fuera patrimonio exclusivo de los dictadores del proletariado, pero como aquello se vino abajo ya ve quienes se han quedado en exclusiva con el juego.

Otro urbanismo es posible ¿eh? Ande y descanse un poco de una vida tan azarosa y prolífica y dedíquese al cuidado del jardincito de su casa ahora que estamos en primavera. Porque de seguir escribiendo esas cosas que Vd. escribe, seguramente sea ése el único urbanismo que pueda arreglar.

sábado, abril 28, 2007

CASAS SOLARIEGAS DE LA RIOJA. LA COMUNICACION






(Presentado como comunicación al II Coloquio sobre Historia de la Rioja, este texto no fue recogido en las Actas del mismo así que vio la luz más adelante en la revista cultural “Calle Mayor”. Años después fue también editado en el recopilatorio de artículos “El Retablo de Ambasaguas”, COAR 1999. Aprovecho esta versión del blog para incluir cinco fotografías más de mi archivo).

CASAS SOLARIEGAS BARROCAS EN LA RIOJA

En el otoño de 1982 invité a mi amigo Carlos Lloret, arquitecto municipal de Logroño, a una excursión dominguera al Toloño. Como habíamos salido pronto y la barda nubosa aún cubría la cima del monte, decidimos parar en Abalos. Paseamos por sus calles dormidas y contemplamos sus casas solariegas; las contemplamos (acaso, -diré al final de mi ponencia-, ¿no es la arquitectura contemplación?) y nos hicimos mutuamente muchas preguntas que no supimos responder. Fué entonces cuando Lloret me propuso hacer un estudio sobre las casas solariegas de La Rioja. A la bajada del monte, y en respuesta a su pregunta, le llevé a Cuzcurrita.
En abril de aquel mismo año y en el transcurso del I Coloquio sobre Historia de La Rioja, había conocido a Enrique Martínez Glera, quien entonces disertó sobre la desaparecida iglesia barroca de Albelda. Por ser una de las pocas personas que había trabajado en la arquitectura barroca en La Rioja, y por juzgar que su ayuda en la labor de archivos sería imprescindible, le propuse colaborar y de inmediato aceptó.
Tuvimos reuniones, hicimos planes y salimos a los pueblos a ver y a fotografiar casas solariegas. Estudiamos con renovado interés historia, arte y arquitectura de los siglos XVII y XVIII. Hice fichas, recogí información de lo existente respecto a casas solariegas aquí y en las provincias limítrofes, e incluso alguna buena tarde salí a dibujar detalles barrocos. Desplegamos una labor interesante pero, he de anunciarlo ya, dicha labor o labores no acabaron de centrarnos el objetivo del estudio, esto es, no logramos adivinar su finalidad ni tampoco su utilidad, y de esta manera se nos desdibujó cualquier posible contenido.
Me dijo un día José María García Ruiz, antiguo director del Colegio Universitario, que había temas que antes que estudiarlos mal era preferible no tocarlos, no fuera que con ello desanimásemos a alguien mejor dotado a empreder la tarea. Como comparto su opinión, quisiera dejar claro que por lo que a nosotros respecta, el tema de las casas solariegas en La Rioja sigue absolutamente virgen y que si presento esta Comunicación no es por exhibir lo trabajado sino, por el contrario, por mostrar lo por trabajar, y en todo caso, las vías por donde trabajar. El mayor interés de esta exposición reside en su enunciado, en su título. Mi intención es simplemente definir un tema, para lo cual no haré otra cosa que reflexionar sobre metodología de investigación.

La vía muerta del arte
El primer acercamiento que se pudiera hacer al tema, la primera acotación del mismo en aras a su definición, es el que proporciona la Historia del Arte. En el repaso que J.G. Moya hizo al “Estado de la Cuestión de la Historia del Arte Riojano”, el tema de las casas solariegas ni se menciona (1). En el capítulo de Arte del s. XVIII del libro “La rioja y sus Gentes” (2), el propio Moya hace una minúscula mención de la existencia de varios grandes palacios “que engalanan los pueblos riojanos”, deteniéndose tan sólo levemente en el Palacio del Marqués de Casa Torre en Igea. Enrique Martínez Glera dedica al tema algunas líneas más en su capítulo de Arte Barroco de la Historia de La Rioja publicada por la Caja Provincial (3), si bien no pasa del ámbito de las vaguedades. Otros eruditos locales, con una terminología peredesca que les llena la boca, mencionan casonas, caserones, casas solares, solariegas, blasonadas, de rancio abolengo, e incluso hablan de casas-palacio sin aportar más datos que el de la simple mención de su existencia. Historiadores de Arte más recientes, que por discreción no mencionaré, cuando se plantan ante el tema lo máximo que alcanzan a escribir son cosas como éstas: “la puerta principal está flanqueada por tenues pilastras que lucen en su parte alta unas zapatas vegetales a modo de capitelillos. En su dintel se aprovecha el espacio para plantear un friso decorado con triglifos y rosetas a manera de metopas. Una decoración que se repite en el hueco que se sitúa a plomo de dicha puerta, que se pergueña como si se tratara de un ático de retablos rematado por frontón partido de vuelta redonda, etc. etc”; o esta otra: “es de dos pisos con el ingreso centralizado y de planta rectangular. Las ventanas van decoradas con orejas y sobre la puerta lleva un frontón triangular roto con pirámides y bolas, que son respondidas por debajo del frontón por una especie de triglifos-ménsula, etc. etc.” No sé si a Vds. les suena esto a Historia del Arte, a Arqueología o más bien a sórdido expediente burocrático propio de notaría o de museo.
Lo curioso del caso es que tras estas arduas y soporíferas descripciones rara vez encontramos los datos que realmente nos podían interesar: fechas, autores, propietarios, modificaciones, etc... Excepciones meritorias fueron las reseñas hechas por José Manuel Ramírez en las páginas de la Ventana Cultural del diario La Rioja acerca de las casas Paterna de Ollauri y del Arzobispo en Galilea (4). El Inventario Artístico dirigido por J.G. Moya no aporta apenas nada al respecto (5). En contraste con todo ello, me ha llegado ultimamente la grata noticia de que Julián Ruiz Navarro y Jesús María Ramírez se encuentran, al parecer, trabajando en la materia.

Dos enfoques desde la Historia de la Arquitectura
Con todo, decía antes, mi interés no está en la Historia del Arte, aunque la tenga por imprescindible como infraestructura de trabajo y no deje de animar a todos aquellos esforzados que logren arrancar algún dato para ella: mi interés se centra en la Historia de la Arquitectura, que como dice L. Benévolo “ya no puede entenderse como una sección de la Historia del Arte sino por el contrario, como un examen global del paisaje construido en virtud de las necesidades humanas” (6).
En este sentido, al recabar en la belleza de las casas riojanas del s. XIX y comienzos del XX, abrimos las perspectivas del posible estudio de las casas solariegas hacia el entendimiento de su propia lógica interna y por tanto de su evolución, de manera que se pudiera establecer un nexo entre los órdenes “compositivos y tipológicos” de las casas solariegas hacia delante y hacia atrás: hacia las casas del siglo XIX y hacia las escasas muestras que aún poseemos del siglo XVI.
Se presentan pues desde esta óptica dos sugerentes vías de trabajo. Una primera sería la del análisis evolutivo de las formas, o la de un estudio figurativo. Cuestión no muy complicada, aunque laboriosa, pues consistiría en catalogar toda la serie de elementos compositivos (ventanas, puertas, escaleras, cubiertas, bobarriles, cornisas, esquinas, etc.) y ponerlos en orden. Algo así como hacer una historia de los estilos, de los gustos o de la moda decorativo-arquitectónica. Las reflexiones más difíciles, sin embargo, habrían de dirigirse hacia temas como los “ecos de las formas” o los “provincianismos del arte”.
La segunda vía abierta por este enfoque evolutivo sería la del estudio tipológico. Y al hablar de tipologías arquitectónicas voy a hacer un breve excursus para aclarar el término, por cuanto que entre historiadores del Arte he visto tal confusión y tal abuso equívoco de la palabra, que me da miedo siquiera mencionarla sin explicarla: El concepto de tipología arquitectónica, según ha ido acuñándose en los últimos años por los más conocidos teóricos de la arquitectura (Aymonino, Tafuri, Pevsner, Rossi, Benévolo, Solá-Morales, etc.) hace referencia a la organización espacial y estructural de los edificios, y su definición es inseparable de la relación con las “morfologías urbanas” que las propias edificaciones generan. Pues bien, la importancia del estudio evolutivo mencionado en el enfoque tipológico reside no tanto en una cuestión cronológica y ligada a las influencias artísticas, tal y como en el caso del estudio de los elementos compositivos, sino en cuanto va a conectar a las casas solariegas con el gran tema de la arquitectura popular autóctona. Y va a conectar, esa es mi hipótesis, en su estadio más desarrollado o “vernáculo”, según la terminología acuñada por el equipo 2C en su ya célebre estudio sobre las masías catalanas (7). Si tras un detenido estudio llegásemos a la conclusión de que esta hipótesis es cierta, creo que nos encontraríamos ante una espléndida conjunción entre arquitectura culta y popular, no tan frecuente en otros tipos de casas mucho más estudiadas que las nuestras.
Las necesarias referencias a las morfologías urbanas antes aludidas, propias de todo análisis tipológico, completarían este enfoque dándonos una visión mucho más clara del carácter generalmente urbano de nuestras casas solariegas, así como una singular interpretación de la configuración de muchos de nuestros pueblos.

El método proyectual
Dentro de la propia disciplina arquitectónica y cada vez más alejados de los tradicionales enfoques de la Historia del Arte, aparece una nueva vía para la investigación que es el llamado “método proyectual”, surgido de la ruptura que el llamado movimiento moderno realizó en el modo tradicional o ecléctico de concebir la historia. Leonardo Benevolo lo ha expuesto clarísimamente: “la nueva metodología que resulta de las experiencias del movimiento moderno no es sólo un programa polémico, sino que pretende interpretar más correctamente la realidad de la arquitectura y debe conducir a una renovación de los estudios históricos para la arquitectura de todo tiempo”. En este sentido, prosigue: “la relación con la praxis contemporánea no debe considerarse una utilización a posteriori, sino el elemento constitutivo de una investigación histórica a comenzar (...); debemos utilizar la experiencia contemporánea como modelo analógico y reconstruir en los diversos momentos del pasado las mismas relaciones entre la actividad arquitectónica en su conjunto y las circunstancias económicas, sociales y culturales que la acompañan” (8).
Aquí en La Rioja, José Angel Barrio y Gabriel Moya (9) por un lado y Enrique Martínez Glera por otro (10), han hecho hincapié en sus estudios sobre el “modo de producción arquitectónica”, si bien de una manera bastante limitada y, desde luego, absolutamente ajena al tema que nos ocupa. Creo que en este campo, los estudios etnográficos, como el iniciado por Luis Vicente Elías en algunos capítulos de su Arquitectura Popular en La Rioja (11), tienen o tendrán mucho que decir.

La arquitectura viva
Más adelante, en el texto citado, el mismo Leonardo Benévolo afirma que de esta manera “se tiene que poder hacer la historia de la arquitectura como la de cualquier otro hecho, conservando el sentido de la pluralidad de valores que convergen en esta actividad, y también de su carácter limitado respecto a la totalidad de la vida social” (12). Ahora bien, ampliando este enfoque, también creemos que la historia de la arquitectura no se cierra, ni mucho menos, con su producción, sino que la arquitectura, una vez creada, pasa a ser el escenario de la vida social e incluso toma de ella su propio interés. Dice Fernando Savater que “la arquitectura me interesa solamente como decorado de peripecias escritas en la soledad extraña de las piedras” (13), y con ello, creo yo, abre un nuevo enfoque que hasta ahora ha sido seguido tan sólo por algún que otro mal poeta o periodista, o por algún que otro cronista local u oficial. La mayor parte de estos empeños no suele pasar de pequeñas reseñas periodísticas, de citas en los manuales de heráldica o, todo lo más, de alguna curiosa edición de ayuntamiento de pueblo. El ejemplo más notable por su cercanía a nuestra tierra, sería el estudio de fray Valentín de la Cruz acerca de las mansiones señoriales burgalesas centrado en los rasgos biográficos de sus dueños (14).
Un buen ejemplo que ilustraría este enfoque que, como digo, a veces resulta mucho más enriquecedor que el más exhaustivo de los análisis, podrían ser estas bellas líneas de Cadalso en sus Cartas Marruecas: “Todo lo dicho es poco en comparación con la vanidad de un hidalgo de aldea. Este se pasea majestuosamente en la triste plaza de su pobre lugar, embozado en su mala capa, contemplando el escudo de armas que cubre la puerta de su casa medio caída, dando gracias a Dios por haberlo hecho Fulano de Tal. No se quitará el sombrero, no saludará al forastero que llega al mesón aunque sea el general de la provincia. Lo más que se digna hacer es preguntar si el forastero es de casa solar conocida a fuero de Castilla, qué escudo es de sus armas y si tiene parientes conocidos en aquellas cercanías” (15).

Arquitectura e investigación como contemplación

Al final, ya lo había dicho antes, no hemos trabajado en ninguno de estos enfoques con todo lo sugerentes que se ofrecen. A pesar de lo cual no me siento apenado; y ello por dos razones: la primera, porque de este modo no hemos cerrado el paso a nadie, cumpliendo así la sentencia de José María García Ruiz, mientras que por el contrario, aún podemos animar a alguien a afrontarlo; la segunda razón, mucho más importante, porque aún dudo muy mucho de que ninguno de estos caminos nos revele los más íntimos contenidos, las más profundas realidades del tema.
Hablando de Arquitectura, Joan Isart me escribía no hace mucho: “con el sol del atardecer, la contemplación de la iglesia te restituye el concepto de la arquitectura” contemplación y, en consecuencia, reflexión” (16).
Por lo que se refiere a la Investigación, el filósofo de la ciencia Paul Feyerabend escribe: “la investigación ha dejado de ser un proceso puramente contemplativo y se ha convertido en parte del mundo de las necesidades materiales, en algo que ejerce un poder nuevo sobre los hombres (...); en lugar de convertirse en un instrumento de liberación genera necesidades que son tan insaciables como las necesidades sexuales de un pervertido (...).La investigación se repliega en sí misma (o hacia la producción, -añado); sus resultados son más brillantes que nunca pero han perdido y por largo tiempo, toda posibilidad de reformar la sociedad” (17).

Final
En fin, una contemplación, una mañana de otoño en Abalos, desencadenó durante meses estas reflexiones que confío sean de utilidad, no sólo a quien se anime a abordar el tema de las propias casas solariegas, sino a quien en general investigue sobre arquitectura.


Notas

(1) J.G. Moya Valgañón. Historia del Arte Riojano. Estado de la Cuestión. I Coloquio sobre Historia de La Rioja. Cuadernos de Investigación e Historia. CUR 1984. Tomo X, fascículo 2
(2) J.G. Moya Valgañón. La Rioja y sus Genetes. Cap. 19 Arte Riojano. El barroco, del Clasicismo al Rococó. Logroño 1982
(3) E. Martínez Glera. Historia de La Rioja. Vol III. Arte Barroco en La Rioja. Logroño, 1983.
(4) José Manuel Ramírez. La Ventana Cultural del diario La Rioja, 13 de julio y 27 de julio de 1984.
(5) J.G. Moya Valgañón y otros. Inventario Artístico de Logroño y su Provincia. Madrid 1975.
(6) Leonardo Benevolo. La ciudad y el arquitecto. Ed. Paidos Estética. Barcelona, 1985, pag. 150
(7) 2C Construcción de la Ciudad n. 17 y 18. Barcelona 1981.
(8) L. Benevolo. Opus cit. pags 148-149
(9) J.A. Barrio Loza y J.G. Moya Valgañón. El modo vasco de producción arquitectónica. Los siglos XVI-XVIII. Vol. n. 10 Kobie. Grupo Espeleológico Bilbaíno. Bilbao 1980.
(10) E. Martínez Glera. Arquitectura Religiosa Barroca en el Valle del Iregua. Logroño 1982
(11) Luis Vicente Elías. Arquitectura Popular de La Rioja. Madrid 1978.
(12) L. Benevolo. op. cit. pag. 152
(13) Fernando Savater. La infancia recuperada. Taurus 1976.
(14) Fray Valentín de la Cruz. Burgos, Mansiones Señoriales. Caja de Ahorros Municipal. Burgos 1982.
(15) Cadalso. Cartas Marruecas. Citado por A. Domínguez Ortiz en Sociedad y Estado en el s. XVIII español. Madrid 1981, pag. 356.
(16) Joan Isart. Correspondencia personal. Abril 1985
(17) Paul Feyerabend. ¿Por qué no Platón?. Ed. Tecnos. Madrid 1985, pag. 20.

jueves, abril 26, 2007

CASAS SOLARIEGAS DE LA RIOJA







En los largos y ya pesados meses de este 2007 en que parece que nunca se va a acabar de publicar la Guía de Arquitectura de Logroño que entregué el último día del año pasado (el Ayuntamiento es así de lento…), he venido en repasar las fichas, datos y fotografías de dos temas que me parecen capitales en la arquitectura de La Rioja: las hallenkirche, de las que algo ya he contado en el nLHD 026 y 034; y las casas solariegas barrocas, sobre las que escribí una ponencia para un Coloquio de Historia de La Rioja, que el actual presidente del IER Delgado Idarreta no tuvo a bien publicar en las actas del coloquio, y que luego coloqué en un número de revista Calle Mayor y en el libro recopilatorio El Retablo de Ambasguas. Un artículo un poco ingenuo y pesado que trataba de compensar con teoría y metodología lo poco que sabíamos sobre ellas, y que pondré mañana en su carpeta del blog por si alguien está interesado en él y no lo tiene a su disposición en las publicaciones que menciono.

Bueno, el caso es que durante todo el año de 1983, al principio con Carlos Lloret, y Enrique Martínez Glera y luego yo solo, recorrí un buen número de pueblos riojanos, preferentemente de la Rioja Alta, descubriendo, contemplando, tomando notas, dibujando y fotografiando un gran número de sus casas solariegas. Muchas de aquellas fotografías las revelé y pegué en un álbum a modo de libro que tenía olvidado en mi biblioteca (por entonces era común revelar uno en su laboratorio casero las fotos en blanco y negro), pero muchas otras no las había ni siquiera revelado. Ahora, y gracias a la facilidad de digitalizar aquellos negativos y visionarlos cómodamente en el ordenador, me he dado cuenta de que tengo un pequeño pero estupendo archivo de unas quinientas fotografías del estado en que descubrimos aquellas casas.

Y me he dado cuenta también de que excepto alguna cosilla que ha publicado José Manuel Ramírez de alguna de ellas, sigue sin haber absolutamente nada escrito ni documentado sobre su singular y valiosa arquitectura.

Entre las espléndidas "casas de Dios", construidas en piedra por la sociedad entera, y las endebles casas populares de entramados de madera y adobe, en los pueblos y pequeñas ciudades de nuestra región se fueron construyendo a lo largo de los siglos algunas casas, que por sus menciones al “solar” y sus aspiraciones de nobleza, deberían ser tenidas como referencias fundamentales de nuestro patrimonio arquitectónico y urbano.

Hasta la abolición de la baja nobleza por las cortes de Cádiz las casas solariegas hacen las veces de pequeños palacios que nos traen hasta el presente las jerarquías y valores de aquellas formas de sociedad. Como he contado en alguna que otra ocasión (v De Hidalgo a Chivo, elhalln6), tras el siglo de las luces, el prestigio del estudio y el saber sustituyó al del origen y las armas, y las profesiones liberales ocuparon el lugar que dejaron los hidalgos. Pero los médicos, boticarios, leguleyos y maestros no tuvieron nunca los recursos económicos para significarse mediante la arquitectura, así que los auténticos herederos del prioritario papel urbano de hidalgos e indianos fueron los burgueses de la primera industrialización. En el rastreo por los pueblos para buscar casas solariegas del XVII y el XVIII, descubrimos también no pocas casas del siglo XIX con una sobriedad y elegancia considerables.

El XX es el siglo de la crisis de arquitectura en nuestros pueblos. La burguesía se instala en la ciudad, y mezclada con los boyantes comerciantes y con esa pequeña clase ilustrada de los médicos, arquitectos, abogados, ingenieros y profesores, construyen casas con miradores en sus calles de ensanche. Y entonces las “casas solares” de los pueblos entran en un miserable proceso de abandono.
En el año en que iniciamos nuestra investigación, aquellas espléndidas casas de piedra estaban cerradas y semiabandonadas, o colonizadas, divididas y alteradas por gentes del campo. Veinticinco años después, miedo me da salir otra vez (ahora con la cámara digital y a todo color) a ver qué ha pasado con ellas, y analizar qué papel juegan en la nueva escena urbana de coches, grandes tractores, chalets y casas de pisos. Me consta que incapaces de habitar en ellas, van cayendo en manos de pequeñas instituciones como juzgados, cajas de ahorros, ayuntamientos, hotelitos, museítos, etc. que transforman su uso y sentido. Y si miedo me da verlas, pavor me puede dar descubrir el papel que los arquitectos pueden estar haciendo en algunas de ellas.

Quisiera acabar esta presentación diciendo que le debo a Carlos Lloret la iniciativa y el interés por este tema, y de ahí que ponga una foto suya de aquel año como homenaje y agradecimiento (quien quiera saber más sobre Lloret tiene una entrevista que le hice en elhAlln44 de nov 1998).
En aquellos primeros años de nuestra profesión como arquitectos no sabíamos distinguir muy bien si nuestro interés por la historia y el patrimonio tenían que ver con el coleccionismo de los historiadores o con la falta de preparación y la orfandad de principios que orientaran nuestra arquitectura. Veinticinco años después creo que ya lo sabemos. Así que no estará de más que de vez en cuando volvamos nuestros ojos de nuevo hacia aquellas casas para seguir con el aprendizaje.

SABER VER








El martes pasado Chema Peláez me mandó por correo electrónico unas cuantas fotos del viaje que hicimos en otoño a Brasil, -unas imágenes tan hermosas como aquellas que me envió Ramón Ruiz Marrodán sobre Camboya y que publiqué en el LHDn118. Se lamentaba Chema en el envío de que no hubiéramos tenido la habitual puesta en común de los pequeños logros fotográficos y de los muchos recuerdos arquitectónicos de nuestro viaje, y me disculpaba en mi respuesta comentándole que tras los despechos que me había hecho el “Colegio” que nos unía, me había quedado yo sin otra energía para hacer vida social con la profesión que la que me proporciona la escritura de este “blogcillo”. Qué pena me da decir estas cosas; qué tristeza pensar que puede que ya no vuelva a organizar otra vez viajes de arquitectura con compañeros tan estupendos como Ramón o como Chema.

Los lectores de este rincón de pensamientos habrán podido percibir que mis opiniones sobre los arquitectos en general no son muy favorables. Pero de la generalidad no tienen la culpa ellos, sino la gran cantidad de factores que hacen de nuestra profesión una actividad venida a menos. Sin un buen soporte teórico, histórico y crítico, la arquitectura es poco más que una ingeniería del ladrillo; sin una crítica social de los encargos, la incultura arquitectónica de promotores (tanto privados como públicos) convierte el diálogo con los arquitectos en una relación desigual o, aún peor, en un diálogo de besugos; con una normativa y una tutela administrativa que controla al arquitecto como si fuera un tramposo, poca alegría le puede quedar para sacar sus ideas adelante; con una forma de producción cambiante día a día por culpa de una informática chupasangres, no hay forma de estabilizar los hábitos de trabajo de los estudios; y así sucesivamente. No es de extrañar que en estas circunstancias le haya dicho a más de un compañero que ejercer hoy de arquitecto es una tarea heroica.

Si como colectivo no puedo hablar bien de los arquitectos, me gustaría a cambio reconocer que a nivel personal muchos de ellos poseen otras virtudes que hacen que me sienta muy orgulloso de nuestra profesión.

Y una de ellas, es la de la mirada sobre el entorno: la sabiduría para ver las calles, los edificios y los detalles de la escena urbana, o la sensibilidad que tienen para observar a las gentes que los habitan (¡y eso que las revistas de arquitectura les machacan con imágenes en las que nunca hay nadie!)
Para ser un buen arquitecto, o en general, un buen creador, hay que saber ver. Las condiciones en que se desenvuelve la profesión no son muy favorables para la creación arquitectónica, pero me consta que hay muchos arquitectos que tienen desarrollada una mirada de grandes creadores. Lo he podido comprobar cada que vez que nos juntábamos después de un viaje a compartir nuestras fotos.

Las fotografías de este post, o las del LHDn118, no son de fotógrafos profesionales, sino de arquitectos. De personas que saben ver. De compañeros y amigos que compensan con sus correos electrónicos la distancia que ha interpuesto entre nosotros la actual Junta de Gobierno del Colegio de Arquitectos de La Rioja.

miércoles, abril 25, 2007

LIFESTYLE


Por su inestimable interés y lo mucho que he podido aprender con ella, comparto hoy sin más comentarios que el de los subrayados en color de algunas expresiones que me han llamado mucho la atención, esta carta que he recibido como Jefe de Departamento en mi Escuela:
Estimados señores:
Me desempeño en el area del coolhunting, trendsresearch y trend forecasting.
Aunque resido en Barcelona, me desplazo permanentemente por las llamadas ciudades calientes de toda Europa, y de otras partes de el mundo, haciendo mis reportajes en todo lo que es lifestyle: design, moda, food, tecnology, body-beauty, ocio, night, etc. Soy corresponsal en el Mediterraneo español para el network de Future Concept Lab, empresa cuyo cuartel general esta en Milano. Ademas he coordinado workshops en importantes instituciones educativas del area de comunicación y diseño. Actualmente coordino tres postgrados de moda en un centro educativo superior de Barcelona.
Deseo proponerles la realización de un workshop en la sede de su institución, a realizarse en fechas a convenir, y cuya duracion es de uno o dos dias.
En estas sesiones ofreceria a los participantes (que pueden ser los propios alumnos regulares con perfil de estudiantes de carreras de grafico, moda o interiores, o alumnos eventualmente interesados en el taller) exhaustivo material (parte de el, inedito) que he ido recopilando en los ultimos meses en ciudades como Berlin, Budapest, Ámsterdam, Bruselas, Amberes, Roma, Milano, Bologna, Estocolmo, Lisboa, Cracovia, y otras. Las presentaciones, en powerpoint, irian descubriendo señales urbanas que nos permiten enfocar nuestra atención de creadores en la procedencia de determinados habitos emergentes, y hacia donde van estos en el mundo del consumo.
Ademas destaco las principales tendencias que he ido advirtiendo, y que contaminan a todas las zonas del consumo y la creación. Describo los tipos de consumidores en la actualidad, y sus cada vez mas cambiantes exigencias.
De ser dos sesiones o dos dias de trabajo, la segunda parte del workshop es totalmente practica, implicando a cada participante en el analisis de información que debera haber recopilado previo a la realización del taller. Asi vera consolidados los nexos existentes entre nuestra labor de investigación y su actual o posterior trabajo creativo.

La carta finaliza con datos prácticos de contacto que facilitaré a quien estuviera interesado en la oferta; y con una despedida que yo también asumo:

Agradezco la atención a mi propuesta, y quedo a la espera de sus noticias.
Saludos.

martes, abril 24, 2007

EL COAR BAJO SOSPECHA



Durante el mes anterior y desde distintos correos electrónicos me ha llegado un escrito anónimo que, anticipándose a la campaña electoral, trata de desacreditar al alcalde Julio Revuelta por la gran cantidad de trabajo que vienen haciendo en los últimos años sus familiares y amigos arquitectos.
Redactado por un supuesto militante del PP que ve con preocupación todos estos encargos profesionales que luego expone con minucioso detalle, resulta obvio que su capacidad de ficción literaria está muy por debajo de su precisión documental. El escrito está bien redactado y sin faltas de ortografía, por lo que es evidente que no es de un iletrado.

Pero al margen de su calidad gramatical, el escrito no merece calificación alguna pues hacer una denuncia moral desde el anonimato supone ignorar que sólo las personas somos sujetos de ética y que toda relación social se funda en el principio de su identidad física y nominal. Las razones y los argumentos no son nada sin el soporte ético de las personas, y cuando carecen del mismo, no sólo se está fuera de las reglas del juego de la convivencia sino que se atenta contra ellas.

Dado que el libelo se ha difundido ampliamente por toda la ciudad gracias a la eficacia del correo electrónico, me parece extraño que los posibles adversarios políticos del candidato del PP no hayan hecho una condena explícita de su confección y de su amplia difusión, porque al hacerlo, están ya incurriendo en cierta complicidad.

Pero como mi interés no es ningún caso político, sino ético y profesional, lo que me preocupa es que la más posible fuente de toda la documentación contenida en ese escrito anónimo no haya hecho tampoco una enérgica condena del mismo y una declaración explícita de que esos datos en ningún caso han salido fraudulentamente de sus archivos. Pues de lo contrario, esa fuente, es decir, el Colegio Oficial de Arquitectos de La Rioja, está obviamente bajo sospecha.

Una situación que, por el daño que pudiera causar a los profesionales arquitectos en su honorabilidad, se debería cuanto antes aclarar.

lunes, abril 23, 2007

JUAN PEREZ DE SOLARTE



Como me entretuve mucho en la presentación del las hallenkirsche riojanas (ver nLHD 026) no me quedó espacio para hablar en aquella ocasión de la autoría de la iglesia de Arenzana con la que empecé, o comentar algunas de sus características arquitectónicas más notables. No creo que tampoco hoy me dé tiempo para lo segundo porque el tema de la autoría de nuestras estupendas iglesias del siglo XVI da para otra introducción no menos larga.

Es frecuente entre los aficionados y los malos historiadores que nos pongamos a pensar el pasado en términos del presente, así que para no hacer el ridículo hay que superar ese grave defecto. La forma de hacer arquitectura, tal y como nosotros la entendemos, no puede ser trasladada al siglo XVI, porque como muy bien apuntaba Gabriel Moya en el propio título del trabajo que veíamos el otro día, lo primero que hay que conocer para aproximarse a esa arquitectura, es su “modo de producción”.
De esa manera descubrimos que por la construcción de una hallenkirche pasan a veces varias generaciones; que lo más parecido a nuestro “arquitecto” es una figura difusa encubierta en el propio maestro de obras que la construye; que como “proyecto” solía haber unas trazas elementales que por desgracia siempre se han perdido, es decir, que no se les daba mucho valor; y que la entidad promotora era lo más parecido a lo que podría ser en la actualidad, o sea, una junta administrativa compleja y distinta en cada caso. En resumen, que la primacía de la obra estaba en lo que hoy es la “constructora”, -algo que en el acerbo popular aún se mantiene cuando al hablar de un edificio sólo se menciona al constructor y se olvida al promotor y al arquitecto (sin ir más lejos, en la misma prensa local). Y por si fueran pocas las diferencias, el título de “arquitecto” suele aparecer más bien asociado a los tracistas y constructores de los armazones de los retablos de siglos posteriores, que a las obras en piedra de los edificios del siglo XVI.

Sin embargo, y a la hora de entrar en materia y redactar el Inventario, Moya y su equipo parecen siempre buscar una “autoría” para cada edificio lo más parecida a lo que nosotros entendemos por ese concepto. O acaso seamos nosotros mismos los que a la hora de leerlo vamos buscando lo que no nos pueden ofrecer. El resultado es que el lenguaje se llena entonces de vaguedades y la historia se convierte en un género impreciso y aburrido. Yo me suelo aburrir mucho leyendo los libros de nuestros historiadores de arquitectura, así que algo falla. O ellos o yo. O los dos.

Para intentar arreglar un poco este entuerto he decidido empezar por la misma iglesia que presentaba el otro día, la parroquia de la Natividad de Arenzana de Abajo, a ver qué podemos sacar de ahí.

Dicen nuestros historiadores en el Inventario que: “hacia 1561 se encargaba de terminarla Juan Pérez de Solarte, que había intervenido en ella con anterioridad”. Y esa es toda la documentación que tenemos a nuestro alcance, pues el Inventario famoso no da “fuentes”.

Para saber quién pudo ser este Juan Pérez de Solarte y hacernos un poco más de idea sobre el “autor” es preciso leerse todo el Inventario y ver por donde puede aparecer su nombre en alguna otra obra. Labor ardua y a veces irritante, pero... para eso “le pagan a uno…”.

Juan Pérez de Solarte aparece en las obras del crucero y cabecera de la catedral de Calahorra en 1565 y 1576. Y otro Juan Pérez de Solarte aparece en la girola de la misma iglesia en 1591.
Según el Inventario, Juan Pérez de Solarte “probablemente estaba encargado en 1546” de la Iglesia de Anguiano, -aunque según Adita Allo Manero (Historia de la Rioja, vol III p 40) la obra de la iglesia de Anguiano “se debe a Juan Pérez de Solarte”. Del “probablemente” al “se debe” hay un salto notable.

La hallenkirche de Camprovín, -también según el Inventario- “parece realizada en el segundo tercio del XVI con intervención de Juan Pérez de Solarte”.

Juan Pérez de Solarte vuelve a aparecer en 1573 como el tracista de la iglesia de Aldeanueva de Ebro que construyen los hermanos Yarza.

Abrevio en las siguientes menciones y no las reproduzco para no alargarme ni aburrir con sus vaguedades:

Briones, 1568, construyendo una capilla.
Calahorra, torre de la Parroquial de San Andrés.
Hormilla, 1560, parroquial de San Martín.
Murillo, en 1575 y 1607.
Sojuela, en 1569.
Navarrete, en 1569.
San Millán de la Cogolla, claustro, 1549; y luego en la iglesia también.

Vale. Por la diferencia fechas ya deducimos que hay varios Juan Pérez de Solarte. En el librito de Juan Bautista Merino Urrutia “Artífices vascos en la Rioja” (ed. Junta de Cultura de Vizcaya, 1976) hay una pequeña ficha de los canteros que trabajaron en nuestra región (pag 72) en la que aparecen varias de estas obras atribuidas en exclusiva a Juan Pérez de Solarte (hijo) lo que evidentemente está mal. Y yo ya lo sabía porque el propio Gabriel Moya da en “El Modo Vasco” el árbol genealógico de los Pérez de Solarte que reproduzco aquí mediante una foto de la pág. 341 de su libro.



Y también sabía que podía haberme evitado todo el trabajo anterior, porque en “La Arquitectura Religiosa en la Rioja Alta” (editado por el IER en 1979), Gabriel Moya da una “nota biográfica” de los tres Juan Pérez de Solarte bastante más precisa (pag 102 y 103); pero si lo he contado así es porque lo que pretendía era demostrar que en el Inventario no aparecen distinguidos el padre, el hijo y el nieto (el abuelo era carpintero en Jemein y no parece que viniera por aquí), y que, en general, hay como muchas ganas de poner siempre el autor de cada obra y muy poca claridad en la forma de exponerlo y documentarlo.

Insisto, hay que estar muy agradecido a Moya y los suyos por la labor historiográfica que hicieron porque no hay otra cosa pero… ¿no os parece que con estas formas de contar la historia es muy duro interesarse por nuestra vieja arquitectura? ¿no os parece que ayudan muy poco a su contemplación y respeto? Y ya no digamos a aprender algo de ella…

(A falta de una imagen de los Pérez de Solarte del siglo XVI, ilustro esta nota con una foto de Marquina-Xemein, el doble pueblo vizcaíno de donde eran originarios, en el que, por cierto, podemos contemplar una de las más hermosas hallenkirche que hay en Vizcaya: la iglesia de Santa María de la Asunción de Xemein).

domingo, abril 22, 2007

ARTÍCULOS SUELTOS



ARQUITECTURA CONTRA DECORACION. ESTADO DE LA CUESTION. Un artículo de diciembre del 2000 para el periódico La Rioja sobre un triste divorcio.

TRES EXPERIENCIAS NO FOTOGRAFICAS. Artículo publicado en El Péndulo del Milenio sobre fotografía y no fotografía.

DE LA MUERTE DE LOS EDIFICIOS. Artículo publicado el 27 de enero del 2001 en la página de Arquitectura del periódico La Rioja, que dio pie a una mínima polémica local pero que tuvo extraños ecos en internet

ARQUITECTURA CONTRA DECORACION. ESTADO DE LA CUESTION

(Escribí este artículo para la página de Arquitectura del periódico La Rioja, y lo publicaron el 30 de diciembre de 2000. Sigue tan vigente que creo que puede ser publicado de nuevo en una revista que quieren hacer en mi Escuela. Y además, me sirve para abrir la última carpeta de artículos que prometía días atrás: ARTICULOS SUELTOS).

¿Cómo va la pelea entre Arquitectura y Decoración?. Mal, francamente mal. No se atisba arreglo ni componenda. Los arquitectos siguen atrincherados en sus revistas especializadas y la decoración continúa ganando terreno desordenadamente en los kioskos de prensa. No se sabe de mediadores ni de conversación alguna. En estos tiempos en que tanto se habla de diálogo, tolerancia, mestizaje, negociación y enriquecimiento mutuo, ninguna de las partes en litigio echa de menos a la otra ni da un paso hacia un arreglo amistoso. Una pena.

Como yo soy arquitecto y a la vez profesor de decoración vivo en tierra de nadie y lloro el exilio. La arquitectura sin decoración es desoladora y la decoración sin arquitectura es caótica, pero a nadie parece importarle mucho.

Hagamos un breve repaso histórico para situarnos con cierta perspectiva. La pelea empezó con aquellos excesos del siglo pasado en que a un edificio se le podía vestir de gótico o de mudejar con la misma frivolidad con que a un niño de primera comunión se le disfrazaba de marinerito o de fraile. En 1908 el arquitecto vienés Adolf Loos escribió un artículo cuyo título, “Ornamento y delito”, fue toda una declaración de guerra. Entre 1920 y 1921 aparecieron en la revista del Esprit Nouveau de París diez o doce artículos de un artista que firmaba como Le Corbusier, escritos en tono profético e iluminado en los que se proclamaba que la arquitectura no tenía nada que ver con los “estilos” (decorativos, se entiende), que tenía destinos más serios (¡espirituales!) y que su estética en el siglo XX era la del ingeniero.Tuvieron un éxito mundial. A Mies van der Rohe se le atribuyó luego la consigna definitiva de los arquitectos modernos del siglo XX, “Menos es más”, que hace pocas semanas ha sido reproducida en esta misma página a modo de titular para dar soporte teórico a la decisión de un jurado de arquitectos de premiar el Concurso del Palacio de Congresos de La Rioja en Logroño. (Dicho sea de paso, el propio Mies, muy escrupuloso siempre, negó haber inventado esta consigna y declaró que provenía de Peter Behrens / véase el prólogo de “Mies van der Rohe. Escritos, diálogos y discursos”, Colección de Arquilecturas).

El divorcio entre decoración y arquitectura no fue fácil, aunque en los primeros años, como suele ser normal, los dos se mostraban muy envalentonados y seguros de sí mismos. Como el mundo estaba por entonces escindido social y políticamente entre izquierdas y derechas, ambos escogieron bando (o amigos), y los decoradores cayeron a la derecha y los arquitectos a la izquierda. Hubo algunas excepciones escandalosas que dieron mucho que hablar, como la del moderno Terragni que trabajó para el fascio, la del falangista Aizpurua que diseñó para la modernidad, o la del rojo Stalin que dió al traste con la idea de que la revolución comunista rusa fuera territorio conquistado por los arquitectos antidecorativos.

A comienzo de los setenta, un arquitecto americano llamado Robert Venturi trató de poner fin a la pelea con otra consigna muy ocurrente que decía: “menos es aburrido”. Pero aunque la consigna estaba perfectamente razonada con una tesis doctoral detrás, no sirvió para acercar a las partes sino para que ambas tomaran poco en serio su relación y su ya largo enfrentamiento y se relajaran cada una en su territorio. La decoración ya no estaba mal vista y los colorines tampoco, pero desde el campo de la arquitectura se la tomaba a broma: cosa de bares, tiendas, marujas y escenografías de la movida postmoderna. La arquitectura por su parte, bien se rompía en dos, tres o mil pedazos, o bien se retorcía sobre sí misma en piruetas patéticas tratando de salir de la pobreza del “menos es más”, o buscando llenar con el desorden de sus fragmentos o los volatines de sus curvas, el vacío dejado en su día por la decoración.

En la última década de este siglo, sin embargo, se han producido ciertos esfuerzos teóricos por aclarar una terminología que pueda servir para entablar un nuevo diálogo. La confusión entre “decoración” y “ornamento” tan habitual entre unos y otros contendientes parece que empieza a despejarse. La decoración recupera su sentido originario, y así el “decoro” vuelve a ser considerado como la dignidad con que las cosas se presentan ante los demás. Se distingue entre una decoración “simbólica”, en la que cualquier elemento del edificio por muy simple que sea puede ser decoración porque es símbolo de algo; una decoración “analógica”, en la que la propia construcción o las formas más simples de sus volúmenes se expresan a sí mismos como los ecos de una forma (véase por ejemplo la hermosa ventana del minimalista Barragán utilizada como ilustración en este artículo); y una decoración “ornamental”, en la que el adorno puede ser, desde la textura de la propia construcción hasta la expresión artística más depurada asociada un edificio (¿que otra cosa no son la textura de la arenisca, acaso el reloj, y sobre todo la fuente de la dama de Julio López sino los únicos ornamentos de nuestro roto y desolado Ayuntamiento moderno?). No hace mucho que en la página de arquitectura de un diario nacional, la presentación de una entrevista a Oscar Niemeyer se acompañaba con una incisiva frase de este longevo arquitecto brasileño en la gran polémica del siglo: “la simplicidad es pura demagogia”. Espero que pronto vea la luz también mi modesta aportación a la cuestión: un artículo enviado a la revista Diseño Interior con el título de “Menos es menos”.
Desde el territorio de la Decoración también se detecta algún movimiento. El éxito editorial de la mencionada revista Diseño Interior, una revista de kiosko que conecta con los arquitectos, ha arrastrado a las tradicionales Nuevo Estilo o El Mueble a sacar también números especiales que se denominan de “Arquitectura y Diseño”, en los que parece que se tienden puentes entre uno y otro bando.

Con todo, el peso de las tradicionales revistas de Decoración, ajenas a la arquitectura y al mínimo pensamiento analítico o racional es tremendo. Permítanme hacer una pequeña lista a modo de recopilación para dar cuenta de sus fuerzas reales. A las tradicionales El Mueble (460 números editados), Hogares (378), Casa y Jardín (289), Nuevo Estilo (271), Cocinas y Baños (101), Casa & Campo (78), Mi Casa (72), Casa Viva (41) o Casa al Día (31), cuyo precio oscila entre las 275 y las 500 pesetas, hay que añadir las editadas por revistas femeninas que a veces se venden bajo el mismo plástico, La Casa de Marie Claire (129), Elle Deco (68), o Vogue (en español o en francés); las aparecidas el año pasado, Decoración Mía (13), Chalet Deco (12), Interiores (8), y las aparecidas este mismo año, Estilo Clásico (1), Habitania (1) y Utilísima (1), y por último, el sector más lumpen (175 ptas ejemplar) como Casa Diez, Cosas de la Casa, y Cosas de la Cocina. Seguro que me dejo más de una (por ejemplo la que edita el Readers Digest) pero ya nos hacemos una idea del enorme potencial del sector.

Por asociación, yo les llamo revistas “delcorazión”, ya que a semejanza de las conocidísimas publicaciones de cotilleo, su método es el picoteo aquí y allá, la yuxtaposición sin orden, el comentario tópico, los adjetivos lights, y la ausencia de crítica, –aunque la verdad me apena que se tome al corazón por un órgano tendente al desorden intelectual en vez de tenerlo como sede del valor moral.

Arquitectura y Decoración siguen escindidas como el mundo mismo de sus sexos. Me atrevería a decir que más del 95% de las revistas de Arquitectura están dirigidas por hombres y más del 95% de las revistas de Decoración están dirigidas por mujeres. Es una división ofensiva para los hombres y mujeres que componemos juntos la humanidad; es un dato irracional e inaceptable. Pero que en cualquier caso, siempre nos recuerda que cuando se supera, cuando ambas partes logran un acuerdo o entendimiento mutuo, surge la emoción y vuelve a nacer la vida.

viernes, abril 20, 2007

TRAFFIC LIGHTS (A LA CALIFORNIANA)



Circulando en coche por el norte de California hace un par de años me llevé unas cuantas sorpresas respecto al diseño del viario. La primera de ellas ya la había descubierto durante otro verano que estuve en Pennsylvania: en Estados Unidos, país donde el movimiento en automóvil es poco menos que consustancial con su historia, no hay apenas rotondas. Por supuesto que las conocen (no son tontos), así que si no las utilizan es porque sus calles y carreteras son tan amplias que para regular sus complicados cruces y los giros en los cruces, prefieren las “traffic lights” (los semáforos, vaya).
En una zona rural de Pennsylvania me llamó la atención el curioso diseño de una carretera de tres carriles con el central como vía continua de giro a la izquierda e incorporación al carril contrario (v LHDn28) pero no vi nada especial en los cruces y la regulación semafórica. En los pueblos y carreteras del Norte de California, sin embargo, me vi gratamente sorprendido al descubrir que en muchos de los cruces con semáforos puedes hacer U-turn (cambio de sentido) si te pones en el carril de la izquierda. Esa es una posibilidad extraordinaria que aquí no se le ha ocurrido jamás a ningún ingeniero de caminos.

Pero el verdadero truco por el que los complicados cruces de calles y carreteras del Norte de California con dos o tres carriles por lado funcionan con gran posibilidad de giros y bastante más fluidez de la esperada, radica en algo que aquí tampoco es costumbre: UNA REGULACION SEMAFORICA DE TIEMPOS CORTOS CON AVISO DE AMBAR PREVIO A LA POSICIÓN DE VERDE.

Tengo que confesar que la primera vez que experimenté ese tipo de semáforos de tiempos tan breves me irritó un poco. Circulando a unas 30 millas por hora y a unos cien metros de un cruce de carreteras vi que mi semáforo se ponía verde, así que aceleré un poco para pasarlo; pero cual no sería mi sorpresa cuando antes de llegar al él ya se me había puesto ámbar y rojo, así que tuve que frenar fuerte y parar. ¡Vaya miseria de tiempo para pasar! ¿no? Ahora bien, no había acabado la frase cuando ya tenía otra vez el ámbar en mi semáforo avisándome de que estuviera preparado para pasar.
A poco que lo pienses, descubres que un semáforo regulado de esa manera, es algo así como una rotonda sin necesidad de sus aparatosas curvas y despilfarros de espacio.

Para que el paso por los cruces sea fluido y seguro, es preciso que todos los coches pasen siempre a poca velocidad. Un semáforo de tiempo largo provoca acelerones en los tiempos verdes y mucho aburrimiento, sesteo y pitidos de los atrás, en los tiempos rojos. Por el contrario, un semáforo de tiempos cortos, obliga siempre a disminuir radicalmente la velocidad (como en la entrada de las rotondas), permite giros a la izquierda y hacia atrás (como en las rotondas) y te mantiene permanentemente atento al movimiento (como en las rotondas). Y en cruces complejos con dos o tres carriles por lado, donde las rotondas fracasan estrepitosamente (v. Rotondas. El principio y la norma), no me cabe ninguna duda de que resuelven el problema mucho mejor que aquellas.
Ya que a muchos ingenieros de caminos de por aquí les llevan de turismo a los valles californianos para ver viñedos y bodegas, no estaría de más que entre vino y vino, se fijaran un poco en el diseño de los cruces.

(Un dato más: Estados Unidos es muy grande y no en todos los sitios las cosas funcionan igual. A continuación de nuestra estancia en North California pasamos una semana en Boston conduciendo también un coche por todos los alrededores de la ciudad y por el estado de Massachusset. Pues bien, los semáforos de Boston son de tiempo largo, y la regulación de sus cruces poco más o menos como los nuestros. ¡Ahhh! ¡esta vez el contraste sí que se nos hizo insufrible!).

(Para ilustrar esta nota he buscado en los archivos de aquellas vacaciones alguna foto de los cruces californianos, pero lógicamente no he encontrado ninguna que expresara bien lo que cuento, así que a falta de otra cosa pongo arriba una foto hecha en el semáforo de una calle de entrada a San Francisco. Pero a cambio he encontrado algunas fotos (esas sí, tanto de la costa Este como en la Oeste) que muestran como tratan los norteamericanos las cunetas y las medianas de sus carreteras por si te sales de la calzada: justo como aquí ¿eh? con esas profundas y criminales cunetas en V… (v. Cunetas en V)




jueves, abril 19, 2007

INHOSPITAL SAN PEDRO







Bueno, sí, ya he estado en el gigantesco hospital de Logroño y me he hecho una idea. Y también me he documentado sobre él. Y de paso he leído en el periódico oficial (La Rioja 24 mr 07 pag. 2 y 3) que “los estudios iniciales optan por el derribo del San Millán”, es decir, el anterior gran hospital de la ciudad, que no es que estuviera a la última pero que nadie diría que estaba en las últimas. He estado atento a lo que se decía de todo ello y estoy bastante escandalizado ante la ligereza de lo que se oye en la calle y de la nula crítica de arquitectura que se ha hecho en torno a tan enorme gasto público. Sea para hablar a favor o en contra del hospital, todo es política y nada arquitectura. Sí, por supuesto que Sanz, Soto y Nieto son los responsables políticos de todo este cúmulo de encargos, pero ¿alguien sabe quienes son los arquitectos que lo han diseñado?¿y cómo se hizo el concurso y cómo se hicieron con el encargo?¿hay alguna crítica que se dirija a ellos? Al politizar la edificación se está olvidando la arquitectura, se está negando nuestro oficio. ¿Y qué dice de todo ello el Colegio de Arquitectos? ¿y su Comisión de Cultura? ¿y su coloreado órgano de crítica y opinión? Nada, absolutamente nada. Si no tienen nada que decir ¿será porque la arquitectura les resbale? ¿o porque no entienden nada de este tipo de arquitectura y no tienen nada que decir? Muy probablemente.
Una buena crítica de un edificio tan complejo es un trabajo arduo y yo no estoy dispuesto a hacerlo gratis, así que sólo voy a dar opinión. Opinión arquitectónica, pero opinión, es decir, no demasiado argumentada. O todo lo más voy a plantear algunos temas de reflexión para que se pueda iniciar una crítica del nuevo hospital y de las decisiones arquitectónicas y urbanísticas que se han tomado en torno a él.

Y el primero de ellos tiene que ver con su colosalismo. ¿A qué viene el concentrar toda la atención hospitalaria en un solo punto? Un edificio enorme tiene todas las papeletas para convertirse en un lugar “inhóspito”, que es justo lo opuesto de lo que debe ser un “hospital”. El mismo día en que estuve por la mañana en las salas de espera con pinta de aeropuerto del nuevo San Pedro, sentí un gran alivio cuando por la tarde pasé por la pequeña sala de espera de un centro de salud en la calle Labradores. No es que la sala de espera de este centro de salud fuera una maravilla (más bien todo lo contrario) pero la diferencia entre estar en el enorme pasillo atestado de gente del San Pedro (y en mi segunda visita he visto que ¡con televisiones encendidas por doquier!) y estar una sala de espera convencional con no más de veinte personas, es enorme. La escala de lo humano es fundamental en un lugar donde se tratan cuestiones físicas muy delicadas, y por tanto, muy humanas.

El segundo tema es el del derroche. ¿Derribar el San Millán? ¿Pero estamos locos? ¿Estamos sobrados de medios? ¿Está tan viejo? Decía el periódico arriba citado que “las primeras pruebas practicadas una vez vacío el centro apuntan al derribo como solución preferente frente a la rehabilitación”. Y añadía a continuación: “el equipo de arquitectos encargado de esta labor desvelará en los próximos días el resultado de un estudio que, según todos los indicios, confirmará las nulas posibilidades de conservar la estructura original” ¿qué arquitectos?¿qué encargo?¿ya se sabe que el estudio ha de confirmar las nulas posibilidades de rehabilitación? Es curioso, pero mientras el buen San Millán parece condenado al derribo, el viejo bloque del San Pedro no se ha tirado y está ahí rehabilitado y metido en medio de todo el nuevo complejo. ¿Y nadie dice nada de todo esto? Sí, ya sé que los periódicos filtran cualquier opinión libre y ajena al juego político de los tres partidos (venga y venga publicidad de unos y otros, es lo que les gusta), pero un colectivo profesional como el Colegio de Arquitectos… ¿no tiene nada qué decir? ¿Qué es lo que van a firmar los arquitectos de ese “estudio”? ¿que hay que tirarlo porque así lo quieren los que les han hecho el encargo de redactar el estudio? ¿para eso hay que ser arquitecto?

Bueno, se me acaba el folio del día y no he dicho apenas nada del nuevo San Pedro. Ni siquiera que sus arquitectos son los herederos del holding del famoso estudio de Alas y Casariego; sí, los que se hicieron famosos con el incendio del Windsor de Madrid; un estudio de esos que tienen trazas de ser más empresa de contratación que estudio de arquitectura, y que por las adjudicaciones de hospitales que van ganando en el actual sistema de concursos lo mismo hacen uno en Fuerteventura que otro en Zamora. Un estudio de esos en los que parece primar la eficacia ingenieril sobre la reflexión arquitectónica, porque si no, no se explica la cantidad de errores conceptuales que tiene un edificio como el San Pedro: la disposición de la entrada y el pasillo de las consultas lo asemejan a un aeropuerto (foto 3); el sistema de circulaciones interiores es un laberinto, sin jerarquías de ningún tipo; la enorme fachada del nuevo bloque se apoya en el suelo sobre un piso más con ventanas, como si la planta baja no fuera diferente de las demás, generando un enorme espacio muerto ante ella (foto 2); los laboratorios centrales están planteados como una instalación industrial deshumanizada en donde los espacios indiferenciados provocan el mismo efecto que el de los cuarteles, es decir, la sensación de espacio ajeno y la invitación al escaqueo; los alrededores, la relación con las calles (foto 4) y los aparcamientos son catastróficos; los patios (foto 5) son desoladores, incluso peores que los que pone Alexander como ejemplo de malos patios en su patrón “patios con vida”; los equipos médicos se pierden y no han participado para nada en la toma de decisiones de la organización de sus espacios y en los detalles de su trabajo (ya comenté en otra ocasión la desaparición de los nidos en las zonas de recién nacidos); la articulación con el barrio es de “impacto ambiental” (foto 1) y la conexión con la ciudad de atasco permanente; las habitaciones (me dicen/no las he visto) quedan muy cómodas con una cama pero son insuficientes para instalar dos camas que es lo que va a ocurrir muy pronto; y así sucesivamente.

¿Para eso hay que acudir a arquitectos de Madrid?

El inhóspito San Pedro es una larga cadena de errores. Errores políticos, sí, pero también arquitectónicos y urbanísticos. Y esos no hay que colgárselos a Sanz, Soto y Nieto. De esos tienen la culpa los arquitectos que lo han hecho, y tenemos la culpa todos los arquitectos de Logroño que no somos capaces de hablar de arquitectura y defender una arquitectura que a buen seguro sabemos hacer tanto o mejor que los despachos de ingenierías de la capital.

Y para acabar una pregunta verdaderamente política: ¿para eso se hicieron las autonomías? ¿para que los políticos fueran de aquí pero los edificios importantes que vertebran la ciudad se siguieran proyectando en Madrid?

miércoles, abril 18, 2007

UNA CIUDAD DENTRO DE OTRA CIUDAD




(Dedicado a Susana López de Castro, funcionaria del Archivo Municipal de Logroño, quien frecuentemente me localizaba los edificios que yo le pedía, no por su numeración, sino por las tiendas que tenían debajo).

Dos arquitectos y teóricos de la arquitectura bastante distanciados en sus ideas y obras como son Christopher Alexander y Charles H. Moore, coinciden en señalar que uno de los recursos más exitosos de la arquitectura es saber cambiar de escalas en un edificio haciendo pequeños edificios (casitas) dentro del mismo. Moore elogiaba así los “edículos” interiores (la cama con dosel, la bañera enmarcada, etc.) y Alexander proponía el “patrón gabinete” o el “lugar-ventana” (que ya hemos visto en este blog) para enunciar esa misma idea. Dejo para otro día los edículos o los gabinetes porque hoy quisiera hablar de que ese mismo juego de cambio de escalas se produce tradicionalmente entre los edificios de nuestras calles y las tiendas que tienen debajo.

Estudiando la ciudad de Logroño casa a casa mientras hacía su Guía de Arquitectura, por centrarme preferentemente en la actividad de los arquitectos y sus edificios, noté varias veces que estaba pasando al lado de una historia acaso mucho más humana, espontánea y divertida como era la de la creación y desaparición de los innumerables establecimientos comerciales de la ciudad. Me pareció que es un mundo que los profesionales de la arquitectura y el urbanismo tenemos bastante ignorado y hasta despreciado, y que yo no me lo podía perdonar porque en buena parte es el mundo de los decoradores que salen de nuestra escuela. Y es que, hoy por hoy, las casitas de esa ciudad están hechas por decoradores, aparejadores, peritos industriales y hasta por los propios dueños de los establecimientos sin mayor miramiento estético que el de su interés comercial.

No quiero entrar en las luchas políticas del momento, pero el aparente caos que en algunos momentos ha producido esta espontánea ciudad dentro de la ciudad ha intentado ser controlado en varias ocasiones y varias zonas de Logroño creo que casi siempre desde el área socialista del ayuntamiento. Cuando los socialistas entran en materia estética son de temer. Y es que parecen no haber superado el modelo Mao Tse Tung. Más o menos creo que la propuesta de corte socialista consiste en que las tiendas de las plantas bajas deberán realizarse con paramentos similares a los del edificio en que se ubican para que haya una cierta unidad (uniformidad) con el mismo (véase “Normativa para bajeros” de Javier Dulín en elhAll71). Es una doctrina que incluso los antisocialistas aplican con gusto en los cascos históricos por ir de bienpensantes, por el complejo de incultos que tienen respecto de los socialistas, por lo políticamente correcto y todo eso, y que a veces no digo que esté mal, pero que llevado a sus últimas consecuencias (como es habitual) acaba por ser asfixiante.

Muchas veces, la gracia de las tiendas está precisamente en el rechazo radical a la casa grande en que se ubica. El límite entre una y otra se solía hacer patente mediante la pieza de la marquesina, que los más nostálgicos y kitsch convertían hasta en tejadito propio. Prohibidos ahora estos voladizos por distintas y sucesivas normativas, su papel diferenciador lo suelen desempeñar unos rótulos de colores estridentes y llamativos o incluso algunos toldos. Por otro lado, las puertas y las ventanas (escaparates) de las tiendas rara vez se han diseñado pensando en los huecos de los huecos domésticos de los pisos superiores, y es que, funcionalmente, nada tienen que ver.
Aunque Alexander no traía este tema relacionado con el “patrón gabinete”, sí que hizo hincapié en todo este pequeño mundo arquitectónico en patrones tales como “Tiendas de propiedad individual” (87) o “El colmado de la esquina” (89). Los transcribo resumiéndolos un poco:

“Cuando las tiendas son demasiado grandes o están controladas por empresarios ausentes, se hacen abstractas. Haga todo lo posible por estimular el desarrollo de tiendas de propiedad particular. Conceda licencias para negocios sólo cuando éstos sean de propiedad de aquellas personas que realmente trabajen y dirijan la tienda” “Dote a cada vecindad con al menos una tienda de comestibles y sitúelas preferentemente en la esquinas, por donde pasan muchos transeúntes”.

Si alguno de estos establecimientos son además talleres de trabajo, las tiendas se convierten en auténticos espectáculos de aprendizaje. En el patrón “abrirse a la calle” Alexander cuenta:

“Pasábamos ante el taller todos los días, camino desde la escuela. Era un taller de muebles y nos quedábamos parados ante la puerta viendo cómo los hombres hacían sillas y mesas, formaban patas con el torno y hacían volar el serrín. Había un murete y el capataz nos dijo que no lo pasáramos; pero nos dejaba estar allí, y allí estábamos a veces durante horas".

La ciudad de las pequeñas tiendas y talleres da a la gran ciudad una escala humana que ésta ha perdido definitivamente con las viviendas en masa. No es lo más importante la estética de estas pequeñas tiendas (que también), sino su tamaño. Más que una ciudad dentro de otra ciudad, hasta se podría decir que hoy en día configuran una ciudad que salva a la otra ciudad.




martes, abril 17, 2007


ROTONDAS. EL PRINCIPIO Y LA NORMA

Yo soy lego en Derecho y Jurisprudencia, y me imagino que lo que he pensado por mi cuenta y voy a contar aquí como preámbulo de esta nota ya está pensado y requetepensado, y hasta doy por supuesto que estará escrito de maneras más académicas y por plumas más doctas. Pero como no me voy a poner ahora a estudiar Derecho para fundamentar mejor mis reflexiones, me apaño con el par de palabras del título de este post: el principio y la norma. Y con sólo ellas me permito plantear que toda norma (de convivencia, de funcionamiento, de regulación de sociedades, etc., o de tráfico, que es de lo que voy a tratar aquí) está fundada en un principio más profundo y genérico, y por lo tanto, menos fácil de definir y dar a entender. La norma es menos esencial que el principio pero, a cambio, es más fácil de comunicar y de aplicar. Ahora bien, puede ocurrir que por el camino entre el principio y la norma, (o incluso, en la interpretación posterior de la norma) se nos olvide el principio y hasta se contradiga. En tal caso, y si queremos respetar los principios y que las normas sigan regulando nuestra convivencia, estamos obligados a descubrir el fallo de conexión entre uno y otra.
Digo todo esto porque voy a exponer a continuación un caso concreto en que una norma de tráfico entra en contradicción con un principio general de buena circulación.
EL PROBLEMA. Cualquiera que haga uso de la gigantesca rotonda en la que se cruzan la circunvalación de Logroño y el acceso a la ciudad desde la autopista, sabe que funciona rematadamente mal y que algo falla. Los atascos que organiza son tremendos, el número de accidentes o de sustos, altísimo, y ya no digamos el de cabreos, pitidos entre coches, etc. Mi análisis y diagnóstico es bastante sencillo. Y su posible solución va por derroteros completamente opuestos a los que he oído formular en estos días preelectorales a algunos políticos locales.

EL PRINCIPIO. Hace tiempo que hablé muy bien de las rotondas porque su diseño ayuda mucho a resolver el principio lógico y natural de un cruce entre vehículos, a saber: que pasa primero el que primero llega a él (“Lugar, ciudad y transporte. El caso de Logroño”. Rev Archipiélago n 18-19).

LA NORMA. Para concretar la vaguedad de ese principio se redactó una norma bastante más precisa: que el que está ya en la rotonda es quien tiene prioridad de paso frente al que todavía no ha entrado en ella (pues se supone que el que ya está en la rotonda es el que ha llegado primero al cruce). Esta norma sustituyó (contradiciéndola incluso) a una norma anterior, ¡que aún llegué sufrir en alguna rotonda de Bilbao en mis primeros tiempos de conductor!, según la cual en todo cruce se obligaba a dar prioridad a quien venía por tu derecha, por lo que el que circulaba por la rotonda debía de ceder el paso al que entraba en ella (!!!). Bueno, algo se ha avanzado. Pero no del todo.

LA CONTRADICCION. La diferencia en la velocidad con la que los conductores se acercan a la rotonda a entablar su juego de preferencias hace que los prudentes siempre pierdan la partida, porque los rapidillos (listillos, etc.) no sólo se meten en la rotonda a toda prisa para ganar la posición sino que se llevan tras de si a todos los coches que circulan por detrás suyo echando por tierra el principio básico de todo cruce.

¿DONDE ESTA LA TRAMPA? Las rotondas gigantes, como la arriba mencionada (¡150 metros entre los puntos de entrada a ella! medidos en el google Herat/v foto arriba ), no sólo dejan de ser rotondas para convertirse en cuatro cruces peligrosos, sino que provocan que se le haga trampa al principio básico de todo cruce: ante los coches que entran decididamente por un lado y que aumentan su velocidad en la propia rotonda dada su gran magnitud, no hay quien entre por el otro. Y lo peor es que no sólo se incumple el buen principio, sino que, encima, se organizan unos atascos formidables, con sus consiguientes nervios, frenazos, pitos, sustos y…, ¡ay!, accidentes. Si a ello le añadimos la complejidad de movimientos que provoca el hecho de que las vías que llegan a la rotonda no son simples sino dobles, y que la rotonda misma está diseñada con dos carriles, de lo único que hemos de felicitarnos –como decía Xumini en alguno de sus post-, es del excelente trabajo de nuestros angelitos de la guarda.

Por lo general, una rotonda funciona bien cuando es pequeña y no permite correr en su interior. Es decir, todo lo contrario de la rotonda de la que hablamos y de la mayoría de las rotondas que se han construido en Logroño en los últimos años. Pues bien, la solución que estos días proponen algunos políticos locales con ganas de votos es… ¡ampliar la rotonda!

¡Cómo no se le van a quitar a uno las ganas de dar su voto…!

Y eso sin entrar a hablar de los millones gastados sucesivamente en su “decoración” interior…

lunes, abril 16, 2007

INDICE DE ARTICULOS RESCATADOS DE ELHALL

SAN MACKINTOSH. Sobre la transformación de un artista maldito y olvidado en santo de su ciudad. (Elhall 53, sep 2000)

SAN MACKINTOSH


(La Escuela de Arte y Superior de Diseño de Logroño viajará el próximo junio a Escocia para estudiar, entre otras cosas, la obra de Charles Rennie Mackintosh. Es una ocasión estupenda para sacar este viejo artículo del cajón –estaba en Elhall n53, de septiembre del 2000-, e inaugurar así la nueva entrada de la columna de índices con artículos rescatados de Elhall.)


La parroquia de mi pueblo está dedicada a San Martín (San Martín de Tours), quien preside su retablo partiendo eternamente su capa con la espada para darle la mitad a un pobre; y todo ello sin bajarse del caballo. Por eso, cuando yo visité Tours (hace ya de eso ocho años) vibré entre los restos de lo que fuera el gigantesco templo levantado en su honor.

No tengo ni idea de cuando data mi conocimiento de Mackintosh, pero desde que soy profesor de diseño ha sido uno de mis santos favoritos, así que le debía una visita. Un dato originario del comienzo de mi devoción sí que recuerdo: en la última página del primer número de la revista Arquitecturas Bis, allá por los setenta, se denunciaba la posible desaparición de una de sus escuelas (la Martyr´s Public School) con un titular muy sonoro: “Tumba de asfalto para Mackintosh”. La explicación del tremendismo periodístico radicaba en que el barrio donde estaba situada la escuela estaba hecho polvo y en radical transformación, y por el emplazamiento de la misma tenía que pasar una autopista urbana. También por aquel entonces la revista Jano publicó un número monográfico sobre el arquitecto escocés (nº 32, nov 1975) en el que mostraba que casi toda su obra estaba en muy mal estado de conservación, definitivamente alterada, o en trance de desaparición.

Hete aquí si embargo, que en mi reciente peregrinación a Glasgow me he encontrado con un Mackintosh prácticamente a estrenar y con todas las tiendas de la ciudad llenas de relicarios de una u otra cosita del artista. Mientras miraba la foto de la Willow Tea Room en aquel número de Jano que me había llevado como guía de viaje, y me tomaba un té en una Willow Tea Room que no tenía nada que ver con la de la foto, sentí una especie de mareo. La Willow Tea Room, decía la revista del año 75, había desaparecido casi por completo, pero ahí estaba yo tomando un té en la mismísima Willow Tea Room tal y como la había diseñado Mackintosh. La pintura aún olía a fresca pero el té, y sobre todo las pastas, eran excelentes. Aunque muy caras, carísimas ¡a precio de huevos de Santo!

Glasgow ha sido una ciudad de rompe y rasga, un territorio en el que las energías escocesas se han desatado durante tres siglos sin miramientos. Me llevé una sorpresa fenomenal al echar el primer vistazo a las calles del centro de la ciudad. Aquella trama cuadriculada (regular) sobre una topografía accidentada (irregular) con fachadas de edificios desordenados y estrechos callejones abiertos desde las calles hacia los interiores de las manzanas, parecían más bien de una ciudad americana. Por otro lado, los restos de hollín en los viejos edificios y cierta dejadez urbana, me recordaron a la mucho más próxima Bilbao. Mientras en el mapa de Escocia, Edimburgo parece jugar el papel de la guapa Barcelona, Glasgow debió de ser en algún tiempo algo así como nuestra industriosa y renegrida capital vizcaína.

Y lo curioso es que, igualmente hundida por las crisis de la industria pesada y los astilleros, Glasgow intenta salvarse, como Bilbao, mediante el bálsamo de la arquitectura artística. Allí llamaron a Foster (1997) para que les hiciera un Guggenheim, pero le salió una cosa tan fea como las salidas del metro de Bilbao pero a lo grande, así que menos mal que está en los viejos docks y no se ve mucho. Los locales lo llaman “el armadillo”. Guggenheim no hay más que uno, debieron recapacitar a tiempo los responsables municipales de Glasgow, y a Enric Miralles se lo llevaron los de Edimburgo para hacer un parlamento deconstruído (ahora semiconstruído aún); así que en un golpe de lucidez, algunos munícipes y empresarios han debido darse cuenta de que no hacía buscar un nuevo Santo para bendecir la ciudad con su arquitectura porque ya tenían uno y bien grande, aunque bastante abandonado.

En su afán por sacarle del olvido y presentarlo como el no va más de la glasgowidad, no se han reconformado con reconstruir lo que habían ya destruido y relimpiar lo que estaba cochambroso, sino que han construido lo que Mackinstosh nunca llegó a construir, -como el proyecto para la casa de un artista que puede verse en Bellahouston Park-, y han puesto en los aledaños de la Art School unas farolas “estilo Mackinstosh” que dudo mucho que sean del Santo. También su casa ha sido reconstruida fielmente junto a la Hunterian Art Gallery para visita de sus devotos.

Acostumbrado a peregrinar contra corriente buscando indicios de santidad allí donde la maldad del mundo se apresura a borrarlos, me encontré esta vez a toda una ciudad con su plegaria en la boca; y a fé que salí más escamado que nunca. El mito del artista incomprendido en su tiempo y olvidado poco después, pero redivivo a posteriori por una serie de operaciones de marketing a gran escala, me trastorna mucho más que esa maldad del mundo que se cierne siempre sobre los santos que quieren cambiarlo, pues en tal caso ya no sé a ciencia cierta si son santos o son mitos, si son artistas o marcas comerciales, si son hombres o sólo nombres.

La tradicional clase sobre Mackintosh en mi curso de diseño se ha visto enriquecida con muchas diapositivas, pero miedo me da ahora ser uno más en la tarea de repartir estampitas.

(foto: Buchanan Street, Glasgow)

sábado, abril 14, 2007

EL COLEGIO DE LA ENSEÑANZA




Decía hace unos días a propósito de este importante edificio de Francisco de Luis y Tomás (v nLHD 019) que su historia tiene dos fases completamente divergentes: lo que él construyó, con vocación de hacer ciudad; y lo que se construyó después de la guerra, como un conglomerado amorfo y ajeno al perímetro urbano. Como no sé muy bien si esa precipitada valoración es del todo verdadera, voy a intentar documentar bien todas las fases de construcción de este colegio para juzgar mejor.

Como puede verse en el plano de 1893 (foto 1 derecha) la fundadora madre Teodora Ureta y el arquitecto Francisco de Luis se pusieron de acuerdo en ubicar el primer convento-colegio (inaugurado el 30 de septiembre de 1889) más abajo de la embocadura de la actual Avenida de Viana, calle que según el plano de Ensanche de Hijón estaba previsto que continuara hacia el Este (foto 1 izq). Así pues, el largo pabellón de ampliación que el mismo arquitecto hizo en 1902 contiguo al anterior y hacia el Sur (foto 2) fue un duro golpe para la prolongación de la Avenida de Viana y el crecimiento armónico de la ciudad hacia ese costado.

Además, y a causa de ello, el arquitecto municipal Luis Barrón tuvo que hacer una corrección de alineaciones de la calle capitán Gaona en el año 1905 por el quiebro que Francisco de Luis había hecho con esta ampliación.La presencia del Colegio sobre la calle se duplicó pero perdió unidad. Las dos fases tenían su propia entrada por sus centros geométricos y la única forma de mantener la continuidad entre uno y otro fue el uso de la serie indefinida de ventanas góticas (v foto en nLHD 019). La fotografía de la trasera de los dos edificios da buena cuenta de las dimensiones de las dos fases (foto 3).


El incendio de marzo de 1936 causado por la hordas republicanas y marxistas (uso aquí los términos que emplea Agapito del Valle en las memorias sus proyectos), dañó bastante más el ala vieja (donde estaba la iglesia) que la nueva, así que cuando en 1940 las monjas y Agapito acometieron la reconstrucción empezaron por esta parte y dejaron en ruinas la antigua. De 1940 hay en el AML un pequeño proyecto de Agapito del Valle que plantea un rasgado de los huecos de la fachada del edificio de 1902 en el que se proponen huecos rectangulares, dando así por concluidos “los años del gótico”. Pero inmediatamente después, el propio Agapito acometió la construcción de un pabellón perpendicular a este ala y una iglesia en la bisectriz de las dos, del que no he podido encontrar el proyecto ni en el ayuntamiento ni en el colegio. De todos modos puedo garantizar la paternidad de Agapito pues entre los papeles que me enseñaron las monjas había un certificado suyo firmado el 21 de mayo de 1944 en el que da por concluidas las obras de construcción de un pabellón de nueva planta. Es un pabellón extraño (foto 4 arriba), con una cubierta rematada con agujas que se cruza cerca del encuentro con el pabellón viejo para marcar un eje que no viene a cuento, y que en planta baja (invisible desde el exterior por la tapia alta) crea una zona porticada nuevamente gótica (?).

Está claro que con esta construcción se condenaba definitivamente al primer edificio (hay una foto posterior a la guerra tomada desde la cubierta del edificio de la policía en la que parece que hubiera sido perfectamente factible una reconstrucción) y que el Colegio empezaba a mirar más hacia dentro de la parcela que hacia su presencia en la calle.En 1953, Agapito del Valle construye o refuerza unas solanas en el pabellón de las novicias (que era el que hacía de charnela entre el viejo convento y el nuevo) y en 1958 las monjas cambian de arquitecto, encargando a Rafael Gil Albarellos las reformas interiores que acometen por entonces en varias zonas del convento.No he podido saber la fecha de la demolición definitiva del viejo convento, ni el momento y el autor del cambio definitivo de la fachada a Capitán Gaona. Las monjas me han contado que en los años sesenta una madre superiora se cansó de repintar sus fachadas y decidió poner el cara vista crema que luce hasta ahora (foto 5 arriba).


Si la unidad del edificio estaba ya rota, la ampliación que les hicieron Marquet y Zulaica en 1979 (foto 4 abajo a la izquierda) con entrada por la peatonal avenida de la Constitución (¡vaya callecita!) dejó al colegio convertido en un conjunto de retales. No hace mucho que tuve que oir de boca de un arquitecto local “muy bien considerado” que Marquet y Zulaica lo hicieron muy bien en nuestra ciudad… (ay ay ay… me callé para no enfadarme con más compañeros…). Por cierto, con motivo de esa ampliación se derribó el pabellón charnela entre las dos viejas fases del Colegio a Capitán Gaona, y Marquet y Zulaica adornaron el testero con esas dos ventanas góticas que se pueden ver en él. Vuelve el gótico… ¡ele! (foto 5 abajo).

De los años setenta hay en el Colegio un levantamiento general de planos firmado por un delineante llamado A.Ruiz, y desde finales de los noventa las obras de reforma y de “modernización” interiores (con algunos detalles exteriores como la puerta del colegio y varios colorines) las viene haciendo el arquitecto Antonio Fernández Martín-Bilbatúa.

Como es normal en estos casos, a la madre superiora le dejé caer la preguntita de qué tal van las ofertas de las inmobiliarias para tirar todo el colegio y seguir la senda de los maristas. Y…, como es normal en estos casos, no soltó prenda, claro, pero junto con las pícaras risitas de rigor me dijo que la ciudad se está quedando sin población por esta zona… Ya, ya…, (me dije por lo bajo), por eso hacen ofertas las inmobiliarias…

Lo que está claro es que, si el derribo de un estupendo edificio no ha supuesto ningún obstáculo para que los Maristas se vayan de la ciudad, la calidad arquitectónica y urbana del actual collage de edificios de la Enseñanza parece más bien un acicate.