sábado, junio 30, 2007

CALVO SOTELO 1 bis







Ya tenía ganas yo de que al fin se editara la Guía de Arquitectura de Logroño porque de ese modo podría empezar a detectar fallos y carencias y hacer las correspondientes correcciones y ampliaciones. La documentación histórica no es cosa que se haga de un golpe y para siempre, y necesita constantes cuidados. El libro lo presentamos públicamente el día 14 de junio el alcalde Julio Revuelta y yo con quince ejemplares que la imprenta encuadernó a mano y a todo correr porque a Julio se le acababa el mandato; pero la edición completa llegó al Ayuntamiento el pasado jueves 28 de junio y descansa ya en las oficinas de vivienda a la espera de que los nuevos mandatarios decidan qué hacer con ella. Espero que pronto os podáis hacer con algún ejemplar y que los errores y nuevos datos sobre la arquitectura de la ciudad me lleguen también con vuestros mails. No es que vaya a ser yo el guardián de ellos o que confíe en nuevas ediciones, pero al menos espero ir comentando en este blog todo aquello que vaya surgiendo y crea de interés mejorar.

Durante estos días entre presentación y entrega, he podido consultar en el AML (Archivo Municipal de Logroño) el libro sobre Rafael Fontán (y luego hacerme con un ejemplar del mismo / gratuitamente, claro / cómo para pagar un euro por él…), y descubrir que la casa de Calvo Sotelo 1bis, sobre la que no me pudieron facilitar dato alguno en el AML es de este recién santificado arquitecto. La diligente jefa del archivo se aprestó a decirme que ese dato lo habría sacado el autor del archivo personal del arquitecto porque ella no se lo había dado (y bien cierto es, porque el cifrado 143 que viene en el libro sobre Fontán remite a ese archivo y no al municipal); pero gracias a los datos de promotor y a la fecha fecha que nos proporcionaba el libro se puso a buscar, y dio con el expediente del archivo que dirige. El proyecto es, en efecto, de Rafael Fontán para D. Cruz García Lafuente, propietario a la sazón del colindante Gran Hotel; lleva fecha de marzo de 1950, y estaba destinado a la construcción de la casa que hoy se ve y a un cine en la parte trasera de la casa que no se construyó. Puestos ahora a ser más documentalista que en la Guía, daré la referencia para quien lo quiera consultar: AML 244/1950.

Copio y releo ahora el comentario que viene en la pag 202 Guía y me retracto del mismo: “Calvo Sotelo 1 bis: carece de documentación. Estupendo edificio probablemente de AdValle con una elevación central muy singular”.

Lo de que carece de documentación ya no necesita mayor comentario. Publico aquí alguna de las fotos que he podido hacer de los planos, y a modo de anécdota cuento que el expediente contiene también las infructuosas gestiones que en 1956 hizo el promotor para recuperar las once mil pesetas que había pagado por la licencia del cine que finalmente no construyó.

Lo de “estupendo” creo que tiene que ver con la calidad constructiva del edificio y sobre todo con esa portada en planta baja que siempre nos llamó la atención por su anchura y decoro y que ahora ha encontrado su razón de ser. Esa solemne entrada con columnas de capiteles… nada jónicos (ay Gorka qué mal andas en estilos clásicos… /v p233 de su libro) estaba destinada a un cine. Cuando se firma el certificado final de obra en 1954 se dice que el edificio ya está acabado excepto en algunos detalles de planta baja, así que es de suponer que por entonces se estaba adelantando la fachada del portal de los pisos a la alineación de la calle, pues como puede verse en el proyecto, se pensó inicialmente rehundida.

Desconozco la normativa o el chanchullo que permitió la elevación central hasta seis pisos sobre la pbaja, o mejor dicho, dos sobre la línea de cornisa del resto de la calle, pero también resultó prudente la solución en torreón central y el retranqueo de las dos plantas extras y de ahí que la calificara yo vagamente de “singular”.

Como puede verse por las fotos que publico aquí, la planta de las viviendas no es nada singular y menos felices aún son los detalles decorativos de “depurada monumentalidad” que alegran la fachada. Pero todo esto se lo dejo a Gorka y a sus promotores privados e institucionales, que tan felices y contentos parecen estar con el libro de marras, para que lo califiquen de historicismo, racionalismo degradado o modernotasuna de los 50… y vayan poniendo así las verdaderas etiquetas oficiales a nuestra “Historia de la Arquitectura”.

PS Por cierto, ya que corrijo el mío, aprovecho también para meter mano en el de Fontán: Además del patinazo de los capiteles jónicos de la casa de este post, esta mañana he podido leer en la pag. 228, y repetido en la 311, que el edificio de viviendas Cabrero y Alarcia (Gorka pone a los edificios los nombres de los promotores…!) sito en Vara de Rey 60 lo hizo Fontán en 1946 junto a Rubén Tirso San Pedro.

Imagino que como Rubén está muy cabreado porque en la guía anterior que hizo Gorka le quitó la casa de la esquina de Sagasta con HMoroy para dársela a Alamo, quizás le haya querido compensar adjudicándole esta otra. El problema es que si mis datos no me fallan, Rubén se tituló en 1957. Ay…. qué pena, hombre, también es mala suerte: podía haber escogido cualquier otra obra de diez años después.

miércoles, junio 27, 2007

VERANO 2007


Ya sé que no tengo ninguna obligación con nadie, pero la ley de la costumbre es tan poderosa, que hasta me siento culpable estos días pensando que alguien pueda abrir mi blog para leer lo que han venido siendo mis entregas diarias, y se encuentre siempre con el mismo viejo post sobre Parma.
Todavía no tengo muy claro si un blog es un noticiario de uno mismo sobre un tema concreto, un cuaderno de notas, o un libro por entregas; o incluso, si se trata de un molde nuevo en el que la escritura puede tomar formas nuevas a mitad de camino entre la columna periodística, el dietario y la carta personal. No sé si un blog está más cerca de la exhibición que de la comunicación, si es un anuncio o una disciplina personal, una alternativa a los media, o un media más, etc. etc.
Y por no saber, no sé si está bien escribir todos los días (ha habido quien me ha acusado por ello de avasallador y de incontinencia), o si es bueno dejarlo de vez en cuando.
Lo único que puedo decir medianamente cierto es que al alterarse la rutina de mi trabajo docente, mi tiempo se desordena bastante y el blog pierde el lugar que tenía en mi horario laboral.
Cuando llegó el mes de junio ya avisé de que iba a parar, pero la inercia me empujó durante alguna semana más. Con julio a la vista, y con las confusas perspectivas de agosto y septiembre después, ya no puedo decir otra cosa que el capricho y el azar se van a adueñar de este lugar y que los escritos que puedan aparecer en él no responderán a ritmo alguno.
Sí, ya sé que tampoco nadie me va a decir nada por explicar todo esto pero, por lo menos, ya no me siento culpable.
Buen verano a todos.

miércoles, junio 20, 2007

PARMA Y MANTUA







(Desde hace quince años guardo esta carta de un amigo como la mejor guía para ir a Parma. Sobre todo porque, de la magistral lectura urbana que un día le vi hacer a Manuel Iñiguez sobre esta ciudad en unos cursos de doctorado, no me consta que haya otra cosa escrita que mis apuntes de clase, y no sé muy bien dónde los puedo tener.

Con el advenimiento de los mails y los blogs, he perdido la vieja costumbre de la correspondencia escrita con los amigos (por suerte aún me quedan las hijas…). El derroche de generosidad y amistad que puedo encontrar en las muchas cartas que aún conservo me parece, por tanto, cosa de arqueología. Es por eso por lo que me voy a permitir desenterrar alguna de ellas de vez en cuando y si vienen a cuento para ilustrar algo, guardando obviamente la debida discreción y evitando datos personales. Y es que, aunque sigamos respirando (y por ello lo de la discreción), es como si estuvieran escritas por gente muerta hace siglos o dirigidas a gente ya olvidada para siempre. O sea, que da igual su autoría. Pienso yo que eso las hace publicables, al menos en esto de los blogs, y hasta me imagino que mis corresponsales se sorprenderán de releerse, porque a buen seguro no guardan copia ni memoria de aquellas cartas. Las imágenes, obviamente, las he obtenido del Gran Google).


Barcelona, 30 de abril 1992

Querido Juan:
Como hoy cumplo años, lo celebro escribiéndote un poco; (…)
Mi viaje de Pascua ha sido casi tan pedagógico como el tuyo. Anduve por la Italia septentrional: Verona, Mantua y Parma, siempre en tren y acompañado de otra pareja cuya mitad era arquitecto. Así que pude consultar de vez en cuando. Pero no habría hecho falta; en realidad sabía lo que iba a encontrarme y estaba deseando encontrarlo. Es decir, que la vida civil en las pequeñas poblaciones italianas es el último reducto de la vieja cultura urbana. Si yo fuera un individuo con posibilidades de ocupar cinco líneas en una enciclopedia del futuro, me iría ahora mismo a vivir a Parma. Pero mi vulgaridad, la herencia fatalista del Islam, el tinte roñoso de Cataluña, la calentura cuartelera que a todos nos hincha las meninges, y un escepticismo sesentayochista, me lo impiden.
Para alguien tan absolutamente ignorante en materia arquitectónica y urbanística, para el turista malinformado que yo he sido en este viaje, el espacio de Parma ha resultado un mazazo. Creo que hay dos tipos de racionalidad; por lo general, confundidos. La racionalidad francesa es racionalismo, y siempre convierte la práctica armónica concreta en una teoría de aplicación universal. Son similares a los racionalistas alemanes, pero éstos, al menos, se vuelven locos de vez en cuando. La racionalidad italiana, heredera del pensamiento jurídico y legislativo, es de otro tipo: construye cada situación como única e intransitiva. Las ciudades arqueológicas francesas están a un paso de Disneylandia y son todas el producto de una teoría. Las pequeñas ciudades italianas son casos absolutamente originales, cada uno con su peculiaridad viviente, sin momificar.
Mantua está a veinte minutos en tren de Parma. Y Mantua es más monumental –en el criterio de las guías Michelín- que Parma. Pero Mantua es un poblacho desordenado y antipático, cubierto de automóviles y furgonetas, de siniestra catadura clerical.; en tanto que Parma es cristalina, silenciosa, alegre y tejida como una tela de araña por cientos de bicicletas, una apoteosis civil. Un amigo me ha dicho que eso obedece a veinte años de municipio democristiano (Mantua) frente a lo mismo en manos de la sinistra (Parma). Puede ser. Pero también es posible que la destilación de María Luisa de Austria, el recuerdo de Bonaparte, la tutela del viejo emperador y una política tradicionalmente polarizada por Francia y Viena, hayan hecho de Parma algo muy distinto de la pontificial y despótica Mantua, en manos de unos cuatreros, los Gonzaga, gente que apestaba a cebolla y aguardiente de higo chumbo.
Pero incluso, en el peor de los casos, el de los Gonzaga, el espacio es mayúsculo. Supongo que no te descubro nada si te digo que la chapuza pictórica de Giulio Romano, en el Palacio Te, me ha entusiasmado. Esos frescos no existen para la historia de la pintura, son auténticos chafarrinones, ¡pero qué exhuberancia, que nietzscheanismo de pueblo! Cabras de ubres rebosantes, mozas con glúteos grutescos, sátiros enhiestos persiguiendo ninfas de pezones puntiagudos, montañas de peras y racimos enterrando hinchados borrachos de color bermejo; la abundancia, el exceso de carne, de sangre, de semen, de saliva, es una maravilla. Eso, el ala de verano. En su simétrica, donde durmió el desdichado Carlos V, el torrente de vida sobreabundante se convierte en fría aplicación de un programa abstracto sobre el buen gobierno, según Aristóteles.
A mi regreso he decidido tomar en serio un proyecto de ligas ciudadanas, a la manera gótica, como alternativa al rústico nacionalismo de campanario y al insoportable centralismo ilustrado. Pactos de cancillería sobre programas técnicos, entre príncipes ciudadanos, que en nuestra época no pueden sino ser gerentes, capataces y diplomados de la politécnica. Pero qué le vamos a hacer. Del mal, el menos. Una buena red de equipos prácticos, elegidos por el municipio, en substitución de los espectaculares políticos a la antigua, cargados todavía de fe metafísica en la ideología y la militancia, actores de una psicología arruinada. Primera liga de ciudades: Barcelona, Lyon, Munich y Milán. Eso que de un modo despistado llaman “regiones” y que no saben todavía el potencial que encierran. El gótico con trenes de alta velocidad. Un paraíso.
Si de lo general paso a lo particular, te diré que el mayor número de horas lo consumí frente al baptisterio de Parma, cuyo rosado aplomo (más pictórico que escultórico, contra lo que suelen pensar los hegelianos) me cautivó. Un pisapapeles, pero para prensar documentos de cierta divinidad bizantina. Tuve la fortuna de verlo en funciones, porque el Sábado de Gloria es noche de bautismo, y siendo así que acabamos de cenar muy tarde y juzgamos conveniente ver el octógono a la luz de la luna –era el plenilunio-, nuestra llegada coincidió con la procesión que saliendo del Duomo se dirigía al baptisterio con la intención de cristianizar a dos adultos paganos. El interior, todo él cubierto de simbología, recibe muy bien la voz; si a ello unes los cirios, el incienso, el rumor del agua, las palmas y demás elementos rituales, comprenderás que no me lancé sobre al pila de puro milagro. Todo el desarrollo del drama, en Occidente, es el pálido reflejo del drama esencial, inventado en las catacumbas romanas por profesionales del espectáculo que sabían cómo conmover al público sin necesidad de que Hamlet liquide a media familia. Con un muerto basta, si es un muerto de cierta entidad.

Cambiando de asunto, estoy a la espera de tus instrucciones sobre el número arquitectoso de la revista. Pero quería advertirte que yo no sé absolutamente nada de arquitectura. Estoy muy de acuerdo contigo en el odio visceral a toda arquitectura firmada como si se tratara de una acuarela, por un sujeto, es decir, por un pensador ilustrado y moderno de la arquitectura (Rossi es el ejemplo más cutre, pero Scarpa también lo es, aunque pueda resultar fascinante como artesano), pero es una intuición burda e impresentable. De hecho, no tengo substancia para sostener una opinión.

(La carta aún continuaba con otros asuntos arquitectónicos y de índole personal que no vienen al caso).

martes, junio 19, 2007

ISLA CRISTINA (2)


Cuando pasé por delante de esta fachada me quedé impresionado por los esfuerzos compositivos de su autor. Hay que reconocer que cuando los clientes les dan libertad creativa, los arquitectos no escatiman su entrega.


Pero no me había repuesto del análisis y contemplación de tantísimo elemento significativo en la fachada principal, cuando descubrí que también había otra fachada en juego, y que la esquina participaba decididamente en la composición.


Un poco más adelante descubrí otra esquina arquitectónica singular, y como en el caso de los edificios barco, me pregunté si sería de la misma mano que el anterior. El color jugaba en ella un papel destacado.

Os recuerdo que yo estaba de vacaciones y que no era cosa de ponerme a investigar la autoría de tanta arquitectura de mérito, pero al pasar por otra casa descubrí el atelier de unos colegas que, quien saben si, exhaustos por los esfuerzos de sus proyectos, se hubieran quedado sin fuerzas para decorar su fachada.

Concluyo este primer álbum onubense con otro par de edificios contemporáneos encontrados en Isla Cristina en los que sus arquitectos, temerosos ya de tantos experimentos compositivos, prefirieron encomendarse a la simetría y solo movieron un poco la fachada con un par de curvas para remarcar el eje central.

A la vista de este pequeño álbum, quien no crea en la Arquitectura y los Arquitectos, es que algo le habrá hecho perder la fe. Continuaré la serie para ver si alguno la recupera.



lunes, junio 18, 2007

QUINTIN BELLO Y LOS BLOGS



Los post que vengo colgando sobre los arquitectos logroñeses son simples “presentaciones” y no estudios serios y rigurosos de sus biografías profesionales, ni mucho menos crítica o valoración global sobre su obra. Yo todavía no sé muy bien qué es un blog y el alcance que puede tener lo que aquí voy publicando. Arcadi Espada dijo hace cosa de un año en la casa de los periodistas de Logroño que mientras no se demuestre lo contrario, todo lo que se publica es internet es falso y anónimo, así que nadie pida responsabilidades por ello. Yo no me canso de decir que uno asume sus responsabilidades con su cuerpo, y que ese cuerpo tiene un nombre, un origen, unos vínculos y un lugar, y que todo ello conforma una realidad entendible, una realidad humana. En el bando contrario están los “idealistas” que dicen que se puede escribir sin nombre porque lo que vale son los textos y las opiniones en sí. En el blog de Félix de Azúa traté sin éxito de denunciar esa virtualidad “idealista” y ni siquiera el autor me echó una mano. Preparando el camino al nuevo anonimato absoluto, llevamos ya casi un siglo de experiencia ocultando nuestras responsabilidades personales en las siglas de una empresa o en la burocracia de una institución. La escritura de ficción lleva muchos siglos más tratando de jugar entre lo que piensa el autor o lo que dicen sus personajes, y por si fuera poco, los mejores ensayistas actuales, descreídos ya de su labor, suelen hacer citas o referencias históricas falsas para reírse del género y de los historiadores más engreídos. Nuestro destino es no saber nunca lo que es verdad, o más bien, tener sólo un mínimo acceso a ella a través de ímprobos esfuerzos, o por azar, o acaso, gracias a algunos guías que… no siempre son de fiar.

El que quiera entenderlo que lo entienda, y el que quiera seguir leyendo el blog, allá él con el juego y su responsabilidad.

El caso es que presentando el otro día a Quintín Bello, hice un listado provisional de su trabajo y como me dejé algunas de sus obras, un buen amigo me señaló cuando menos dos que él sabía. Yo estaba seguro de que me había dejado muchas más, y algunas muy importantes, así que hoy cuelgo otras pocas para colmar ese rigor y seriedad que algunos aún buscan en estas páginas virtuales.
Fijaros si son importantes estas obras, que configuran una de los puntos más céntricos de Logroño, nada menos que la esquina entre la Gran Vía y la calle República Argentina. Son el cine Olimpia, las casas de Gran Vía 19 y 21, y RArgentina 1. Sólo el primero ha desaparecido pero las otras tres aún continúan en pie. Los cuatro edificios se construyen prácticamente a la vez entre 1927 y 1928 y he encontrado una foto aérea preciosa (la que abre este post) en la que pueden verse justo en el momento en que se están construyendo.

También en la misma foto puede verse a su derecha el Convento de las Carmelitas, que era en realidad lo que yo andaba buscando en esta foto (se puede ampliar un poco clickando sobre ella).
El gran paquete que construyó Quintín Bello al final de su vida profesional en el exterior de la ciudad es como el contrapunto a los dos espacios urbanos que abrió en su interior, y que como dije en el post de su presentación, constituyen lo más importante de su “legado”. No son ni edificios populares ni burgueses, y han acabado por ser los compañeros de viaje del pujante Logroño desarrollista que se representó a sí mismo en la Gran Vía a finales de los años sesenta.


La obra de Quintín es así de confusa, contradictoria, imperfecta y desnortada. Por eso creo que es un buen exponente para ilustrar la propia confusión por la que pasa la ciudad o por la que pasan los escritos sobre la ciudad.

Y ya puestos, hasta puede ser una buena ilustración para las reflexiones con las que abría el post de hoy en este blog.

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Jesús Angel García Gamarra me pasa (julio del 2015) desde Haro la información de que Quintín Bello fue arquitecto municipal de Haro antes que serlo en Logroño y que allí les dejó una obra maestra del modernismo en La Rioja: Calzados Prieto.











viernes, junio 15, 2007

GUIA DE ARQUITECTURA DE LOGROÑO



Nunca hubiera podido imaginar que el parto de este libro podría durar seis largos e interminables meses. Desde que lo acabé ya paginado y maquetado a finales de diciembre hasta el día de hoy, 15 de junio, en que lo he visto al fin encuadernado, cinco meses y medio para ser exacto. De haberlo sabido antes hubiera abortado seguro. Pero lo bueno de todas esas cosas que hacemos los hombres desde la inocencia, el amor, la ingenuidad y la generosidad (casarse, tener hijos, crear en general…) es que no sabemos lo que nos van a costar. En fin, ahí está la Guía de Arquitectura de Logroño/ La Ciudad de Calles y Casas.

Hace tan sólo un rato y en su último día en el cargo, el alcalde Julio Revuelta lo ha presentado oficialmente a la ciudad a través de los medios de comunicación. Tras todos los padecimientos del parto no podría haber tenido el niño un alumbramiento más feliz, pues el hecho de que me lo presentara un perdedor me ha hecho sentir una especial afinidad con la promoción. Bueno, es obvio que el libro es del Ayuntamiento y no del alcalde, pero ya veremos cómo lo gestionan y difunden los pactadores que toman su puesto mañana. Lo mismo se pasa la vida metido en las cajas de una dependencia municipal, igualito que como viven (o que en paz descansan…, esperando que alguna mano abra las cajas…) esos otros dos hijos míos que, promovió y apadrinó respectivamente, el Colegio de Arquitectos: El Retablo de Ambasaguas y el Manual de Crítica de la Arquitectura.
¿Se entiende ahora porqué me reía hace unas semanas de la tarea de hacer libros en estos tiempos? Antes me pongo a criar cerdos…

Di que el blog me despresuriza la olla y que de algún modo es como un libro interminable que se va haciendo a la vista del lector. Mientras no haya un apagón informático e internetero, parece el refugio más seguro para ese tipo de comunicación humana que se produce mediante la escritura y la lectura.
Pero dejemos el blog aparte, que hoy no es su día, y echemos un vistazo a esta hermosa criatura antes de que vaya a una bodega municipal.

La portada es una preciosidad (aunque bastante pasada de color, hay que decirlo) y de veras que lo celebro porque es de un antiguo alumno mío, Javier Euba. Bueno, toda de él no, porque en la prueba que me pasó los rótulos estaban bastante mal compuestos y… tuve que echarle una mano.
Pero, ay, en la primera página, veo ya una chapuza monumental. Junto al título y la autoría aparecen repetidas la dedicatoria y el estadillo de la autoría, depósito legal, etc. Es reflejo de lo bien que trabajan y que se han portado conmigo los que dicen “producirlo” en esa entradilla, o sea, ICE Comunicación. No podían haber sido más elocuentes. Me alegro de no tener que explicar más cosas de esa relación. Esa página lo dice todo. “Nunca mais”.

En el primer párrafo de la Introducción (por cierto, la página o rótulo en que decía Introducción también ha desaparecido), hay una errata sintáctica monumental, y ésta me duele más porque el corrector del texto, José Ignacio Foronda es una persona maravillosa y se ha portado inmejorablemente conmigo. Voy a comparar lo que yo escribí con lo que ha salido porque me parece increíble que se me colara un párrafo tan mal redactado nada más empezar el texto. Pero en fin…, mejor no sigo porque ya sabía que en un trabajo de tal dimensión y con tan pocos apoyos, iba a haber un montón de errores. Sí, mejor no sigo mirando el libro, digo, y me dedico a los agradecimientos con que se celebran las fiestas, sobre todo porque van a ser muy breves; qué digo breves, brevísimos.
Los agradecimientos sobre la fase de redacción ya están en la Introducción del libro y no es cosa repetirlos, así que no me queda sino dar las gracias a los tres únicos apoyos que he tenido durante la fase del parto. El más importante de todos ellos proviene de la persona a quien le he dedicado el libro, Rosalía Areta, así que me alegra un montón decir que no sólo fui justo en la dedicatoria sino que merece la pena que la reduplique (ah, bueno, ja, ja, ja, sólo tuvo un pequeño fallo un día en un acto social en que se dejó plantar un par de besos por uno de los traidores al libro, pero en fin, un fallo de esos lo tiene cualquiera, especialmente cuando la alegría interior y la natural simpatía hacia los demás nos hacen ser tan descuidados). En estos desagradables meses de idas y venidas a ICE y de un despacho a otro del Ayuntamiento en los que volvía hundido y decepcionado (ni os cuento la de visitas y gestiones que he tenido que hacer para que el libro se editase al fin), ella ha sido mi consuelo constante.

Los otros únicos apoyos que es justo mencionar hoy, son los de dos arquitectos que también me acompañaron en la redacción de Elhall: Javier Dulín y Jesús Ramos. El primero de ellos lo ha hecho mediante constantes mensajes de afecto a mi buzón de correo y con algunos alegres cafés matinales. El segundo, lo ha hecho también con unos cuantos mails pero sobre todo, con el envío del duplicado de una carta que le escribió al Decano del Colegio de Arquitectos y que a mí me llegó al corazón (a los de la Junta se ve que no). Creo que no puede haber mejor broche para esta fiesta. Dice así la carta:

6 de febrero del 2007

Hola Domingo.

Hace tiempo que no coincidimos y no sabemos nada el uno del otro. Bueno yo de ti sí se algo por la prensa y por las circulares.

Es verdad que yo estoy muy "pasota" respecto de los asuntos colegiales, pasotismo al que han contribuido distintas circunstancias. Entre otras, diversas de tus actuaciones como decano.

Todavía recuerdo la 1ª Comisión de Cultura a la que asististe como tal, y en la que estuve presente. Recuerdo el total desprecio con el que trataste al entonces coordinador (Giovanni Muzio), y recuerdo como zanjaste el tema del encargo de la restauración del palacio del Marqués de Monesterio, tema en el que se había planteado a través del anterior decano la exigencia de una rectificación del método de encargo. Me dio entonces la sensación de que valorabas las situaciones no por ellas mismas sino por sus protagonistas, y con eso nunca podré estar de acuerdo.

A lo largo de este tiempo ha seguido habiendo muchas decisiones tuyas que no he entendido ni compartido, pero he, digamos, respetado porque al fin y al cabo tú eres el que estás en ese puesto de decano con todo lo que ello conlleva. Sin duda no me han animado a sentirme más identificado con el colegio.

Sin embargo en el tema de tus actuaciones con Juan Diez del Corral sí que no he podido sentir nada más que estupor. Sé que Juan en ocasiones se sale de madre, yo también lo he sufrido directamente y así se lo he manifestado, pero no por ello deja de ser una persona con grandes virtudes y una innegable capacidad de trabajo, trabajo de calidad y muy beneficioso para el colectivo en muchos momentos. Me pareció tremendamente fuera de lugar vuestra actuación como Junta en el asunto de El Hall, pues hicisteis con él exactamente lo que le reprochabais que él hacía con otros. Creo que una Junta de Gobierno jamás debió actuar de esa manera. Pero todavía puedo entender menos vuestra actuación en lo que respecta a la guía que está elaborando, o ya finalizado como expone en su LHD122 que supongo conoces
http://www.lhdjuandiezdelcorral.blogspot.com/ . Se añade a mi estupor ver que a la vez que se desprecia el ingente trabajo de Juan, se avale la recién publicada Guía de Arquitectura Urbana de Logroño que no quiero entrar ni a calificar, a pesar de que en ella colabore una buena amiga mía como es MT Álvarez, porque como te decía antes, cuando se representa a una institución creo que hay que valorar las obras por sí mismas no por quien las realiza. En resumen que dentro de un tiempo cuando alguien vea que el COAR avaló ésta GAUL y no apoyó la de Juan (no sé su título exacto), realmente no lo podrá comprender, porque ya nadie sabrá de esas relaciones personales que ahora tanto pesan.

Bueno no quiero echarte más discursos, que tu conoces la situación mejor que yo. Sólo quería mostrarte mi desacuerdo y sobre todo pedirte que recapacitéis si todavía ha lugar. Olvidad quien escribe la guía, es un colegido (no sé si ya excolegiado), en todo caso un arquitecto, valorad el trabajo, no a su autor, y actuad conforme a ello, pero desde una perspectiva institucional nunca personal.

Envío una copia a Juan, ofreciéndoos a ambos mi disposición a ayudar para encontrar una salida a esta situación, creo que no deseable para ninguno y en especial no deseable para el Colegio.

Un saludo

Jesús Ramos

jueves, junio 14, 2007

ISLA CRISTINA (1)


Al prometer ayer un álbum veraniego sobre “la nueva arquitectura en Ribafrecha” me acordé que el año pasado viajé en mi primera semana de vacaciones a Huelva, y que tenía un buen dossier de “nueva arquitectura onubense”, obtenida principalmente en Isla Critina, Lepe y la capital de la provincia. Yo iba de playa, nada de trabajo, pero estas cámaras de fotos digitales, es que se disparan solas y te arruinan las vacaciones. Allí en la otra esquina de España la arquitectura está tan boyante como aquí, y eso anima mucho (a no trabajar, claro).
Me dejo de rollos y os enseño las fotos. La primera imagen que hizo que mi cámara se me escapase del bolsillo fue la de esta doble puerta postmoderna y rociera con muchos registros decorativos alrededor para las instalaciones. No esta mal ¿verdad? Es como la expresión de nuestro bipartidismo, aunque no sepamos muy bien a quien adjudicar cada una (mejor no saberlo). Fuera como fuese, la imagen también muestra que las puertas de los garajes se resisten al juego estético político.



Dos puertas más adelante descubrí que había mayoría absoluta, pero el doble juego de curvas remarcadas en cotegrán, original del arquitecto, seguía ahí para orgullo de la profesión. Al volver a ver la foto me he alegrado de la presencia del motorino y los cristales espejo, por el aire de modernidad que le dan al lugar.


Para adelantarse a las posibles desviaciones decorativas de los clientes, el arquitecto de esta fachada pensó que lo mejor era dejar recogidas sus veleidades haciendo lo que Grassi llamaba “una arquitectura abierta al tiempo y al lugar”. La casa parece así recoger las huellas del paso de los estilos y las generaciones, el crecimiento orgánico hacia arriba, viejos y nuevos materiales, etc. Obsérvese también la contribución del ayuntamiento a la riqueza ornamental del lugar con la farola fernandina, que casualmente me salió sobre el fondo de la carpintería miesiana de la caja de la escalera.

Isla Cristina es villa marinera y como la inspiración corbuseriana está tan a mano, no podían faltar ejemplares arquitectónicos de esta estética. Por si el viandante no estuviera versado en que la modernidad vino del mar, el arquitecto le dio un toque venturiano al zócalo de la casa pintando unas olitas.

Estando de vacaciones no iba a ponerme a indagar si el arquitecto de la nueva iglesia era el mismo que el del híbrido corbuseriano-venturiesco que acababa de fotografíar pero es obvio que el campanario en proa tiene un aire al edificio anterior. El resultado no es tan feliz, sin embargo, porque se ve que el juego de escalas entre la puerta, el ventanal de la escalera y los huecos de la casa parroquial no le acabaron de encajar compositivamente. Con todo, no se puede negar que es una notable muestra de nuestra arquitectura más contemporánea, culta y esforzada.


(continuaré mañana si es que el contador de visitas no se me rompe)

miércoles, junio 13, 2007

LA FOTO DE RIBAFRECHA




Como algunos lectores se vieron sorprendidos por la foto de Ribafrecha que colgué en el nLHD052 y no daba la referencia exacta de la misma, ya que presumo de más rigor histórico que la mayoría de los historiadores voy a darla cuanto antes.

Apareció publicada en la página 19 del periódico La Rioja de 4 de octubre de 1985 sin mención alguna del fotógrafo. El reportaje de tres páginas, que tampoco estaba firmado por nadie (tenía como cabecera un lacónico LA RIOJA, Redacción-Logroño) ofrecía como titular en la primera de esas tres páginas una especie de mensaje reivindicativo que casi lo dice todo: “A Ribafrecha no le llega el dinero”. Era 1985. Sólo hace 22 años. Es evidente que el dinero llegó. Prometo un reportaje fotográfico para este verano.

martes, junio 12, 2007

ABRIRSE A LA CALLE



En Una ciudad dentro de una ciudad hice una introducción al maravilloso mundo de las tiendas urbanas y enlacé una idea de Charles Moore (el edículo) con dos patrones de Christopher Alexander, Tiendas de propiedad individual (87) y El colmado de la esquina (89). Pero me dejé en el tintero un tercer pattern sobre las tiendas titulado “Abrirse a la calle” sobre el que quisiera contar hoy algunas cosas.
Hace unos meses me enteré de que el dueño del taller de reparación de vehículos que está debajo de mi casa se va a jubilar y como para los defensores del tan cacareado patrimonio urbano esta noticia les trae sin cuidado, quisiera yo decir que el cierre del taller de Ricardo (que así se llama su dueño) es un palo para mi calle o para la ciudad en general, y de igual gravedad o superior que el derribo de un edificio de Fermín Alamo.
Recuerdo que hace años me indigné ante un reportaje de nuestro periódico en el que cierto vecindario y algunos políticos estetizantes hacían piña contra algunos pequeños talleres de reparación de vehículos por el hecho de que extendían su actividad a la calle, y proponían normativas sobre ello. Ignoro si consiguieron alguna ordenanza municipal contra esos pobres mecánicos que inspeccionan los coches en la calle antes de meterlos a sus talleres para la reparación, pero si lo consiguieron, también celebro que el dueño del taller de mi calle haya hecho caso omiso de esa norma. Me encanta salir de casa y verle con medio cuerpo metido dentro la bocaza abierta de los coches, o agachado en la acera mirando los problemas que se pudieran detectar por los bajos. Cuando está muy concentrado no le distraigo con mi saludo, pero si me lo cruzo en la acera llevando una pieza del coche al taller o viceversa siempre nos saludamos con media inclinación de cabeza hacia atrás y algún buenos días o un buenas tardes entre dientes. Ricardo arregla coches pero lo que en realidad arregla, o lo que a mi me interesa, es que regula la vida de la calle, la ve, la vive, la controla. Cuando dentro de unos pocos meses cierre su taller (se ve que con los avances de la electrónica de automoción y sus sofisticados aparatos de control este tipo de actividad está condenada a desaparecer) mi calle perderá uno de sus piezas más humanas.
En el caso de los bares, creo que los bienpensantes consiguieron lo que se proponían porque durante algún tiempo estuvo prohibido servir bebidas por las ventanas. Cuando llega el buen tiempo o cuando la barra está llena, aquellos bares que tienen la barra pegada a la fachada y perpendicular a ésta introdujeron la buena costumbre de utilizar el alfeizar de la ventana de la barra como un trozo más de mostrador. La gente se quedaba de pie en la acera bebiendo sus vinos y saludando a los que pasaban por allí, haciendo de la calle un lugar más sociable de lo habitual. Bueno, pues eso también se lo quisieron cargar. Últimamente, sin embargo, la normativa ha debido cambiar y en algunas de las calles del casco viejo no sólo dejan ya servir bebidas por las ventanas (el caso del estupendo jamonero de la esquina de la calle Laurel con la Travesía es el más celebrado/entre otras cosas porque otra normativa le impidió poner una barra más grande…) sino que he visto que permiten a los bares poner unos barriles junto a la puerta a modo de pequeñas mesas exteriores. Es también una idea estupenda que extiende temporalmente la actividad del interior a la calle haciendo más viva ésta.
Los mostradores de helados que también se colocan en las ventanas por estas fechas, las pequeñas tiendas de ultramarinos que aún ponen sus cajas de frutas y verduras en la parte exterior de sus fachadas, los talleres de reparación de bicis y motos que sacan cada mañana de su interior a la acera todas las motos y bicis que meten dentro a la hora del cierre, las tiendas de periódicos que convierten sus fachadas en auténticos dazibaos o tantos pequeños negocios que vuelcan a la calle su actividad para reclamo de los viandantes, no sólo no deberían ser perseguidos por los estetas urbanos y los prohibidores de todo, sino que deberían ser catalogados y protegidos como los verdaderos valedores de la calle.
El patrón “Abrirse a la calle” lo ilustraba Alexander con la foto de un viejo restaurante italiano en que se podía ver la cocina desde la calle. Como se me coló como ilustración del post anterior (Una ciudad dentro de la ciudad) y lo podemos ver allí, he escogido para ilustrar éste otra foto de su libro en el que se ve a dos niños mirando por la ventana la actividad de un zapatero. Ilustra un recuerdo que tengo yo de mi infancia respecto de una pequeña relojería que había en la calle Víctor Pradera, en la que el dueño trabajaba en la mismísima ventana que daba a la calle. Yo me solía parar también para verle trabajar con ese extraño trozo de prismático pegado al ojo con que trabajan los relojeros.
Los patterns nunca deben ser ordenanza, pero si no somos capaces de fijarnos en ellos y de relatarlos, es posible que se acaben perdiendo en el imparable avance de la ciudad gris de las normativas.

lunes, junio 11, 2007

EL QUINTO, QUINTÍN




En esta breve historia de los arquitectos de Logroño por entregas que voy haciendo en el blog, me había hecho a la idea, quizás por aquello del retruécano, de que el quinto arquitecto era Quintín Bello, pues tras el arranque de Maximiano Hijón, los reinados de Francisco de Luis y de Luis Barrón, la breve carrera de Agustín Cadarso, y justo antes del imperio de Fermín Alamo, ese puesto en la historia le cuadraba perfectamente él. Pero una cosa es el encaje de las épocas y otra los datos, y estos son tozudos: Quintín obtuvo el título en 1905, es decir, cuatro años antes que Agustín, por lo que en puridad no sería el quinto sino el cuarto arquitecto más antiguo de la ciudad. Pero bueno, como la historia es muy flexible y cada uno la escribe como le da la gana, yo le dejo como quinto, y me quedo tan ancho. De todos modos tampoco es por capricho porque si se mira por el otro lado, algún argumento hay: y es que si el quinto es el anterior del sexto, y el sexto fue Fermín (de eso no cabe ninguna duda), es a Quintín, y no a Cadarso, al que le toca soportar la fertilidad de su seguidor.
Mientras que Agustín Cadarso hereda de FdLuis el puesto de arquitecto provincial, Quintín hereda de Barrón el de municipal y lo ejerce desde 1909 hasta 1929, con un lapso de dos años (entre 1923 y 1925) en el que se vio afectado por un turbio expediente de inhabilitación al haber sido juez y parte en una obra del casco viejo. Como también hemos visto en algunos otros pasajes de la historia, tampoco Quintín jugó limpio con la herencia de Barrón pues puso su nombre debajo de algunas ideas y planos que había hecho su predecesor sin mayor escrúpulo (v El extraño caso de los almacenes municipales, o la paternidad del porticado de Muro de la Mata (p 50 y 51 del libro de Concha Cerrillo)). A diferencia de los toros, al final el quinto nos va a salir malo…
Llamémosle entonces Bello en vez de Quintín, a ver si cambiamos el carácter de sus recuerdos arquitectónicos. Y en efecto, desde la perspectiva de pobreza decorativa a que nos condujeron todas las modernidades del siglo, los pocos edificios de Bello que quedan en pié han alcanzado casi el carácter de monumentos histórico-artísticos (para los partidos de la oposición, sin casi).
El nombre de Quintín Bello aparece en cientos de expedientes de obras menores, elevaciones, reformas de fachadas, etc. en el Casco Antiguo y aunque buena parte de sus obras ya han desaparecido, aún se pueden ver unas cuantas casas suyas (las mejores, probablemente) y hacernos una idea de su estilo personal. Las pongo en orden cronológico:

1911: Bretón de los Herreros 52
1912: Teatro Moderno (desaparecido, pero muy fotografiado)
1912: Edificio de viviendas para la familia Martínez Zaporta en la plaza del mismo nombre.
1913: Av Navarra 7
1913: Sagasta 27
1924: Avda Paz 40
1924: Hnos Moroy 12
1924: Baños 4 y 6
1925: Avda Paz 44
1925: Sagastuy 9
1925: Puente 13
1926. Duquesa de la Victoria 34 (mi casa)
1928: Pza Alférez Provisionales 2
1928: Rua Vieja 42
1930: Avda Paz 69

No es mucha obra si la ponemos en comparación con la que en esos mismos años levantaba Fermín Alamo, y también ya Gonzalo Cadarso (el séptimo) y Agapito del Valle (el octavo). Así que para la historia de la ciudad, las dos huellas más señaladas de Quintín Bello, y acabo así esta apresurada nota, son esas dos plazoletas de desigual fortuna que abrió junto a la calle Portales. La de Martínez Zaporta, en 1912, puso fin a la idea de enlazar Capitán Gallarza con Santiago que pretendía tejer un pequeño ensanche dentro del casco antiguo, y tiene aún el aire de esas operaciones pintorescas que proponía el urbanismo de Camilo Sitte. Los dos edificios con los que la configuró, el Teatro Moderno y la casa de los Zaporta con su torreón en esquina, le dieron un carácter que aún subsiste a pesar de la reciente sustitución del primero.



La de San Agustín, sin embargo, tiene un aire mucho más geométrico y cambió para siempre la escala y la forma de descubrir y contemplar el gran caserón de Espartero. El plano de ordenación que muestro abajo es de 1915 y Bello no tuvo mayor suerte en construir ninguno de los equipamientos públicos que se edificaron en lo que fuera el gran solar del convento de San Agustín. No creo en maleficios pero la historia reciente de esta manzana parece marcada por la desventura de este soso plano de alineaciones de nuestro quinto Quintín.


viernes, junio 08, 2007

SAN FONTAN 2007


Primero fue Luis Sáez Gamarra (29 de abril) el que dio la noticia de que en Bilbao se presentaba el libro sobre Rafael Fontán al que generosamente ha contribuido el Colegio de Arquitectos de La Rioja. Luego fue el “crítico de arquitectura” Pablo Alvarez (14 de mayo) el que escribió un par de páginas anunciando que se iba a presentar aquí. Y tras la presentación ha sido el periodista E. Espinosa (6 de junio) el que ha escrito la crónica. Nunca menos de una plana completa, a veces dos. Rafael Fontán es ya un Santo Arquitecto de la Historia de Logroño.

En la operación publicitaria y mitológica todo vale…., menos el rigor. Copio y pego algunos párrafos de los tres artículos (pueden consultarse íntegros en larioja.com buscando por Rafael Fontán) e intercalo alguna sardinilla.

“arquitecto que introdujo el racionalismo y renovó el urbanismo de Logroño”.
(toma ya, para empezar)
“renovó los perfiles arquitectónicos de la capital riojana a través del racionalismo, eso sí, de moderna lectura”.
(perfiles arquitectónicos (?) moderna lectura…, ah, ah, ah, qué bonito)

“En el Colegio Oficial de Arquitectos (COAR) se evocó ayer la memoria y trayectoria profesional de quien fuera arquitecto municipal de Logroño entre 1937 y 1939, y autor en los años sucesivos de notables construcciones de la ciudad”.
“…las dos grandes vocaciones de Rafael: la arquitectura y la familia (su prole sumó 12 hijos). La primera fue una vocación realmente sentida por querer hacer ciudad, atendiendo a las necesidades reales de sus habitantes. Similar reflexión subyace en sus edificios, que levanta no para ser vistos sino para ser vividos”.
(andá, o sea que levantaba sus edificios para no ser vistos…, más que un santo ¡un ángel!)

“Cualquier cliente era considerado por Fontán con suficiente dignidad como para ser atendido por él. De hecho, más que debilidad por proyectos concretos, la tenía por clientes”.
(En estadística nunca se puede discutir con la historia y el periodismo. Lo saben todo. Y en relaciones personales, no digamos.)

“Un lujo de libro, y no sólo por la edición: con él se hace justicia a un interesante momento arquitectónico y a un todavía más interesante personaje”.
(se hace justicia ¿eh? cómo os gusta a la prensa hacer justicia, si, si, ya lo vamos viendo.)

“Fontán formó pareja de hecho profesional con el catalán José María Carreras”
(pareja de hecho profesional, mmmm, el Colegio debería recoger esta fórmula)

“Fontán era un arquitecto inteligente y de éxito; sobre todo, porque supo amoldar el rigor del racionalismo canónico, suavizándolo con un lenguaje 'retocado'. El edificio que resuelve la esquina entre Vara de Rey y Jorge Vigón es buena muestra de ese 'racionalismo con retoques'. Puede que ese lenguaje de paños calientes resulte menos atractivo a nuestros ojos, que ven con más agrado otros edificios que se amoldan más a nuestro prejuicio de lo moderno”.

(“un lenguaje retocado”, “nuestro prejuicio de lo moderno”, qué bonito Alvarez, ¿Quién te ha enseñado esos eufemismos? ¿Pozuelo, Larrañeta, León, Araceli, Prieto, Noemí, Yolanda…? Veamos el racionalismo con retoques ese…, ah, ah, ah…. ¿seguro que es lo que veo? y yo sin haberme enterado hasta ahora, ¿será por mis prejuicios de lo moderno?…)



“Entre ellos, uno de los más relevantes -destacado no sólo en Logroño, sino en el conjunto de la obra de Fontán- es el de la esquina de Duquesa de la Victoria con Colón. El juego de líneas curvas con un expresionista torreón, la disposición en bandas horizontales de los huecos... un proyecto sobresaliente”.
(con que torreón expresionista ¿eh? ay ay ay. Hasta que Jesús Ramos no escribiera una nota en elhall66 de enero del 2003 nadie había dicho ni mu sobre esta casa. Ahí te podrías haber documentado algo sobre las vicisitudes del torreón y su estilo, y a poco que lo mires te darás cuenta de que las formas del torreón le van a las curvas expresionistas como dos pistolas a un cristo).


"Afirma García-Pozuelo, decano de los arquitectos riojanos, que Fontán, con su destacada producción racionalista es sin ningún género de dudas el arquitecto más destacado de la arquitectura del Movimiento Moderno en La Rioja. Ayudó a consolidar en los primeros años de la postguerra una arquitectura que en esta provincia había tenido un escaso desarrollo en la época de la República".
(¿el más destacado? ¿pero no era Alamo? ¿pero no fue la guerra la que se cargó el racionalismo?¿Y cómo siendo Fontán el arquitecto más destacado de la arquitectura del Movimiento Moderno en La Rioja Domingo ni siquiera mencionó su nombre en la Guía de Arquitectura que hizo para el Colegio en 1980? ¡ni mencionarlo! Mira, mira, entre Fernández Alba y Garrido creo que se te ha perdido Fontán:


“Ejerció el cargo de arquitecto municipal interino entre 1939 y 1941, desplegando una intensa actividad en dos campos: la jardinería y el urbanismo”.
(poneros de acuerdo porque en el otro artículo decía que entre el 37 y el 39, y que lo suyo fueron construcciones notables…)

“En la modernidad de los cincuenta descuellan los siguientes edificios de viviendas: Castroviejo, 1 (1950); Pérez Galdós, 18 (1956); Huesca nº 16 y Santa Isabel 15 y Vara de Rey, 54-56 (1961), en colaboración con José María Carreras”.
(A ver, Castroviejo 1 es de JMCarreras en el año 1972; Castroviejo 1bis es de Carreras y Fontán en 1947 y véase cuán “moderno”… ¿o será que es modernidad retocada y no me había dado yo cuenta?


Más datos de esta lista de edificios notables. Pérez Galdós 18 es una casa entre medianeras de 7 pisos (primero se solicitó licencia con cinco alturas y luego se pidió la elevación correspondiente...), con una planta de 25,50 m en ocho crujías y tres viviendas por rellano, una al exterior y dos totalmente interiores. Moderna e interesante ¿verdad?)




No sigo poniendo citas porque la semblanza biográfica de Fontán que contó Luis Sáez Gamarra me dio vergüenza ajena y a Luis le tengo cierto cariño desde que coincidimos corriendo medias maratones...

En la prensa y en los libros de historia se puede decir ya cualquier bobada porque es gratis. Lo único por lo que aquí se paga, con desprecio y ostracismo, es si intentas decir verdades y ser riguroso. Y puedo garantizar que pagan bien.





jueves, junio 07, 2007

BARRO Y VIDEO







Si uno se entusiasma con alguna cosa y luego se calla o es incapaz de contárselo a quien está a su lado, ése no vale para profesor. Sobre esa base valoro yo este trabajo mío (un trabajo, ay, en el que de vez en cuando tenemos que valoraciones, pruebas u oposiciones, bajo directrices bien distintas).

Ahora bien, para contar algo que nos ha entusiasmado y llegar hasta el otro, se requiere cierta proximidad, y por ello, mi segundo principio en materia pedagógica es que cuanto menos tiempo pase entre el descubrimiento y la comunicación o cuanto más próximos vitalmente sean el emisor y el receptor, mejor enseñanza. Siempre he dicho que el mejor profesor para las matemáticas de tercero es un buen alumno de cuarto que las acaba de aprobar.

Es por todo ello que cada año que pasa me cuestiono mi trabajo en la enseñanza, porque no sólo me alejo generacionalmente de mis alumnos sino que las cosas por las que me intereso son cada vez más extrañas a los contenidos básicos y elementales que hay que contarles.

Pero mientras yo envejezco y los alumnos se mantienen constantes en los veinte años, de tanto en tanto entran en el claustro generaciones de profesores de edades intermedias que traen nueva sabia y ante los que hay que estar muy atentos. Al principio suelen llegar muy creídos de sí mismos, orgullosos de su nuevo estatus y bastante ajenos a los que les han precedido, pero poco a poco se les empiezan a bajar los humos y van dando lo mejor de sí.

En la Escuela de Artes y Oficios donde trabajo y a medida que el hueco generacional entre los alumnos y yo se va agrandando, el número de profesores jóvenes lógicamente se incrementa. La natural discreción me impide hacer una relación exhaustiva de las virtudes de todos ellos, pero dado que en estos días algunas de sus cosas son tema de actualidad me gustaría simplemente reseñar las alegrías que me vienen dando los del sector del barro y del video.

Cuando entré en la Escuela y ésta era del MEC, teníamos un trozo de ella cedido a un taller de Cerámica ligado a la Comunidad Autónoma que impartía Pilar Uruñuela, y que siempre se me antojó cosa de manualidades. El librito recopilatorio sobre los trabajos de los 25 años de ese taller que se acaba de editar muestra, sin embargo, algo más que ganchillos en barro.

El taller de Pilar salió de la Escuela y la Cerámica pasó a ser enseñanza reglada. José Angel Martín fue tirando de ella y yo no había reparado mucho en sus tareas, pero ante las últimas cosas que van haciendo, me pega que hoy por hoy se está convirtiendo en la vanguardia creativa de este centro.

Por otro lado, en la “Sala Pequeña” (una iniciativa estupenda de los profesores jóvenes de la Escuela) el profesor Pablo Andreva ofrece estos días una video-instalación que también me ha dejado muy sorprendido. Si en la anterior exposición (la de los Proyectos Finales de los recién graduados) se pudo ver el avance de un alegre clip muy original que Pablo estaba preparando para la promoción de la propia Escuela, en la Sala Pequeña ofrece una mezcla de imágenes, música y montaje que me lleva a pensar también que entre los territorios por los que yo voy y los territorios por los que llevo a los alumnos, hay otros campos creativos a los que tengo que prestar más atención.

El barro y el video son soportes que no conozco y apenas entiendo, así que no puedo criticar ni valorar nada; pero como me han sorprendido, y hasta entusiasmado, voy y lo cuento. Al menos, como muestra o señal de que aún me siento profesor.

martes, junio 05, 2007

CURTIS Y LOS SAARINEN


El País sigue cuesta abajo y sin freno. El artículo de William Curtis sobre Eero Saarinen del pasado sábado (Babelia 2jn07) no vale ni para un periódico de provincias y da más que sonrojo leerlo.

Fijaros que frases:

“La historia a veces hunde en el desprestigio a figuras que poco antes había encumbrado”
(vaya concepto de la historia…)
"Es el caso del arquitecto finlandés Eero Saarinen, que hizo carrera en Estados Unidos… "
(¿hizo carrera? qué expresión tan vulgar…)
“A veces, la arquitectura refleja las fuerzas de una sociedad y de un periodo de forma casi inconsciente”.(¡qué agudeza de observación!)

Y la mejor:
“Saarinen nació en Finlandia. Su madre era artista y su padre, Eliel, un arquitecto muy conocido (…). Sus padres se trasladaron a vivir a Estados Unidos y, a mediados de los treinta, etc.”(¡qué fuerte!)

Cuando hace unos meses escribí un dardo contra William Curtis arriesgué bastante pues no le conocía de mucho, pero ahora veo que no sólo no me equivoqué sino que me quedé corto. Si en ElPaís lo han fichado para la sección de arquitectura del Babelia (ya en abril soltó otra sarta de tontadas sobre el Pritzker de este año) y han dicho de él que era uno de los críticos más agudos de arquitectura, es como para seguir llorando por lo nuestro.

lunes, junio 04, 2007

AL FIN, POLEMICA


(Cuando exponemos y sopesamos razones podemos hablar de diálogo, pero cuando se enfrentan dos fes, o una fe contra una razón, hay que llamarlo polémica. Al artículo DE LA MUERTE DE LOS EDIFICIOS (La Rioja 27ene2001) respondió el arquitecto José Miguel León con otro artículo en el periódico (La Rioja 3mar2001) titulado “De la vida de los edificios” cuya lectura os ahorro porque en la respuesta que escribí (AL FIN, POLEMICA) y que hoy traigo aquí, están contenidos las dos lanzas más punzantes con que intentaba alcanzarme. Me la publicaron el 19may2001 con una estúpida entradilla escrita por un periodista y una foto del edificio de la Bene, rehabilitado por mi adversario, que me había sugerido el periodista y que yo rechacé. Ya que León usó el Panteón como ilustración de su artículo lo retomo yo también para alegrar el mío.)


A pesar de que el periodista que confecciona esta página, cuando redacta los subtítulos o las entradillas de los artículos que yo envío me llama casi siempre provocador y polémico, las más de las veces, por no decir siempre, siento que mis palabras escritas me son devueltas por las mudas paredes de esta ciudad con mi propio eco, hasta el punto, incluso, de hacerme creer que soy como esos locos que van hablando solos por la calle. Si para la conversación ya somos bastante sordos y sólo queremos escuchar lo que nosotros decimos, con la escritura pasa otro tanto o aún más, porque en el momento de redactar no tenemos ni por qué mirar a quien no nos escucha.

Pero hete aquí que en los últimos meses, dos de los más reconocidos arquitectos de esta ciudad me han devuelto mi voz intentando atemperarla con sus razones. El sacerdote y arquitecto Gerardo Cuadra contestó a mi artículo “Las casas de Dios” con una defensa posicional en la que exponía que contra lo que él entendía que yo decía, la arquitectura moderna también servía para dar casa a su Dios. Temiendo que no me hubiera entendido bien y que nuestra polémica se desplazara a un campo teológico donde nuestras diferencias se hicieran insalvables, preferí no devolverle sus palabras (o lo que yo había entendido en ellas) con nuevos argumentos.

Pero la respuesta que José Miguel León ha dado a mi artículo “La muerte de los edificios” sí que me mueve a polemizar con pasión (y no a dialogar como él dice que hace) por cuanto que el núcleo de la cuestión no es ya el de las casas para un posible Dios sobre el que no podríamos ponernos de acuerdo, sino el de la divinización de las propias casas hechas por los hombres, tal y como yo entiendo que él plantea en su artículo “La vida de los edificios”.

Comienza León su escrito con una frase fuerte -y a eso lo llamo yo polemizar y no dialogar- en la que se dice que la metáfora sobre la que yo construyo mi artículo (“a semejanza de sus hacedores, los edificios nacen, viven, envejecen y mueren”) “encierra la trampa de ser de las que tanto sirven para un roto como para un descosido”.

Sé muy bien que el discurso metafórico al que tan aficionado soy en mis artículos periodísticos encierra notables riesgos, pero si suelo incurrir en él no es por otra cosa que por sus notables cualidades pedagógicas (Jesucristo hablaba siempre en metáforas y el calado de su prédica es innegable) y porque de seguir un discurso más ontológico no sólo nadie (ni León) me iba a entender, sino que probablemente, ni las paredes de la ciudad me devolvieran ya mi eco. Claro que León se pasa en su descalificación: qué no diría de San Marcos 13, 25 por ejemplo cuando oyera decir “que el reino de los cielos es semejante a uno que sembró en su campo semilla buena...”. Oiga maestro, -le objetaría con similar desparpajo- a otro con ese cuento, que un reino, y mucho más el de los cielos, no tiene nada que ver con un pobre campesino que sale a sembrar a mano.

Pero mira por donde, si hay una metáfora a la cual me aferro más que a ninguna para explicar el carácter de la arquitectura, rechazando con pasión polémica la ridiculización que de ella ha pretendido León, es esa de que los edificios, como sus hacedores, nacen, viven, envejecen y mueren. Porque más que una metáfora es para mí un sentido, una proposición o una actitud ante la arquitectura y la vida en general. En el núcleo de mi artículo “La muerte de los edificios” venía a decir (o traté de decir) que antes del siglo XVIII, cuando todas las sociedades se fundaban o articulaban en torno a la fe en un Dios eterno, los edificios morían con mucha mayor facilidad que en estos siglos postreros, en que los que la fe en los Dioses va mermando y, por supuesto, desapareciendo de la articulación de las sociedades.

No sé si quedaba claro entonces que mi rechazo a poner a la Arquitectura en el lugar de los dioses caídos es absoluto. Pero si no quedaba claro, lo digo y lo subrayo, para que se entienda mejor que lo que pretende hacer León (si es que he entendido bien su artículo) es justamente eso que yo rechazo. Nuestra polémica, por tanto tiene motivos más que fundados, aunque probablemente, mucho me temo, acabe como la de Gerardo Cuadra, porque ontológicamente no hay posibilidad de encuentro entre una razón y una fe.

La cita de Mark Rothko con que León cierra espléndidamente (a nivel literario y argumental) su artículo, y con la que pretende dar eternidad a los edificios y a los cuadros (a ciertos edificios y ciertos cuadros, supongo, porque no todos podrán caber en la ciudad) es la representación misma del hombre como fabricante de dioses. Dice así: “...un cuadro (edificio) vive en función de quien lo acompaña (habita), y se ensancha y crece a los ojos del observador (usuario)”. En la lectura más cruda de esta frase entendemos que los cuadros y edificios no son nada sin sus contempladores, lo que desde cualquier punto de vista es absolutamente falso. El cuadro o el edificio, mientras no sean destruidos físicamente o sean traicionados en sus contenidos, siguen viviendo aunque nadie los habite ni los vea, porque sus colores o sus piedras cuentan sin cesar lo que sus hacedores pusieron en ellos. El edificio o el cuadro posibilitan cierto diálogo entre el que lo hizo y el que lo ve, y no pueden ser tan sólo una creación de quien lo ve... a menos que..., a menos que se pretenda que sean divinizados por quien los contempla (que probablemente es lo que pretendía Rotko, dicho sea de paso). La invención de un Dios no es un diálogo (Dios no habla - tan sólo es Verbo); la invención de un Dios es un monólogo absoluto y brutal, el monólogo más vanidoso que imaginarse pueda. Quien pretenda que la vida de los edificios, de los cuadros o de las cosas, dependa de su propia atención, ese sólo habla para sí, y en todo caso, para aquellos a los que quiera arrastrar en la fé por él creada.
Pero mal que le pene a Rotko y a León, los cuadros y los edificios nos hablan de sus hacedores y por mucho que se empeñen quienes los quieran divinizar, envejecerán y morirán como sus hacedores. Y si no, ¡al tiempo!.

Ahora bien, quien tiene un Dios no parece tener reparo ni sonrojo en entrar a saco en los templos de los otros y poner allí al suyo. Y eso vale tanto para el Panteón de Roma como para la Bene de Logroño (edificio que también citaba yo en el artículo que daba origen a esta polémica, y que vaya uno a saber si no será el verdadero causante de la misma). Quien tiene un nuevo Dios se permite cambiar los significados de la obra de los templos anteriores y hasta decir que gracias a esos cambios los edificios siguen vivos. ¡Loado sea el Señor y por siempre alabado!, cualesquiera que sea su nombre. Pero ni la cúpula del Panteón será nunca un mandala por mucho que se la fotografíe desde abajo velando la línea del óculo central, ni el ocultamiento de la fachada de la iglesia desde el acceso a la Bene o la conversión en pasillos longitudinales de las galerías que abrían transversalmente la sección del edificio de los pabellones a los patios podrán ser tomadas por nadie sensato como un alargamiento de la vida del anterior edificio.

Pero vaya yo acallando mi voz, no sea que me convierta en un nuevo monologante y acabe loco o con espada. (Di que al no tener fe ni en mi discurso, apenas tendría fuerza para levantarla). Pare yo la escritura y quédeme a la escucha, no sea que gracias a esta polémica hubiera logrado que alguien dudase de su fe, y conseguido hacerle caer en la tentación de poner su palabra en diálogo.

viernes, junio 01, 2007

MAÑANA EN ROMA









Mañana salen a Glasgow y a Roma los dos viajes de estudios que organiza este año nuestra escuela, un tipo de viaje que iniciamos Javier Dulín y yo hace cinco años proponiendo que el dibujo individual en cuadernos de campo constituyese su “leit motiv”. Javier ha seguido viniendo a los viajes de la Escuela después de dejarla, pero este año, por primera vez, ni él ni yo viajamos. Lo mío ha sido por pereza y cansancio de viajar. Él, sin embargo, no ha querido dejar esa buena costumbre de viajar y dibujar, y como anunciaba el otro día (v nLHD048), se ha ido por su cuenta.

De vuelta me ha traído un par de libros para que me documente sobre el siglo XX: Guida di Roma Moderna, dal 1870 ad oggi, de Irene de Gutry; y Roma nel XX Secolo, Fotocronaca dal cielo di una cittá in transformazione, de Donatella Cialloni, en los que, entre otras muchas cosas se puede seguir perfectamente la construcción de las avenidas internas mussolinianas, las sedes ministeriales decimonónicas o los planteamientos del crecimiento exterior, y se obtiene la forma de ir a ver el interesante barrio de Quaroni en Casa Tiburtino, de 1949 o las muchas obras de Libera.

Para no olvidar aquella forma de viajar y a modo de deberes cumplidos, me ha regalado también cuatro apuntes del cuaderno de viaje que muy a gusto coloco aquí con su permiso. Me parece muy interesante esa forma fragmentaria de encuadrar que parece tener que ver con las fotografías de interiores en las que nunca podemos captar todo el espacio vivido, o ese trazo tan nervioso que poco o nada tiene que ver con el cuidadoso detalle de sus obras construidas.

Pero en fin, no me voy a enrollar más, que el LHD está cerrado por viajes, estudio y… “vacaciones”.