miércoles, enero 23, 2008

BIRIBAY JAZZ CLUB


La sección de “locales recomendados” de este blog está pobrísima, y que conste que desde que escribí el post sobre el Lunatic Pub de Barcelona he estado en algún que otro local recomendable para cenar o pasar una velada. Pero por h o por b (por pereza…) se me ha pasado contarlo. Con el local que comento hoy no podía permitir que se me pasara porque está aquí y es un sueño largo tiempo acariciado: ¡un bar de música en el mismo Logroño! el Biribay Jazz Club.
No sólo era un sueño mío, sino que era el sueño del gran Renato, el desaparecido Renato Valeruz, mi gran, mi único, el auténtico profesor de jazz. “Si me toca la lotería, -me decía Renato- mi sueño es poner un bar donde la gente toque “iiass”, un bar donde no suene otra música que la de los músicos que tocan en directo”. No le tocó la lotería y se murió, pero inevitablemente hoy al escribir esto me acuerdo de él y dedico este post a su memoria.
Cuando años después pasé un tiempo en Piccolo y Saxo, y Eusebio Díez me pidió unos croquis para ampliar su academia de música, yo le pasé mi sueño con unos dibujos: comprar la lonja colindante para hacer un bar de músicos justo al lado de su academia; pero por lo visto no había llegado aún el momento.
Un músico de los que han transitado por su academia, el saxofonista Biri, lo ha hecho al fin realidad. Ha reformado un viejo bar (el Tris Tras o el Eagle, no estoy seguro de cómo se llamaba antes) en una calle y una zona últimamente venida a menos (Fundición 4), y se ha lanzado a invitar a su escenario a todo el que tenga algo que transmitir con instrumentos o palabras en vivo y en directo. Eso es hacer causa por la música y no lo del canon del Zetapé y la Sajaé.
Mis recelos para con mi ciudad han hecho que tardase un poco de tiempo en conocer su bar (lleva abierto casi tres meses) pero el pasado sábado tocó uno de los grupos de mi cuñado, el heliconero Alfonso Areta, y la ocasión no pudo ser mejor. La Broker Brothers Brass Band, formada mayormente con excelentes músicos jóvenes de Pamplona, inundó de ritmo y alegría el local, y la conjunción de mi descubrimiento con la presentación de esta nueva banda (Alfonso me comentó que era la primera vez que tocaban juntos con esa formación), constituyeron un momento memorable, un momento LHD.

No todo es perfecto en el bar ni lo fue en el grupo, pero pedir excelencia es a veces una exigencia inoportuna y contraproducente. El gran problema de la música en vivo es exigir el nivel de los grandes. O aún peor, hacer comparación con los grandes. Recuerdo una vez que unos amigos amateur tocaron en un bar y que en cuanto terminaron pusieron música enlatada de Luois Amstrong…. Prefiero olvidar el nombre de aquel bar…
Musicalmente los Brokers me parecieron de altísimo nivel (como para no temer a la música enlatada que pusieran luego) pero les faltó el enlace con el público, la presentación, la escenografía, aunque como digo, y eso hay que decirlo (por supuesto que hay que decirlo/ sin crítica no hay evolución), no es culpa sino en todo caso pequeño demérito.
Y al Biribay Jazz Club también le faltó un poco de no música cuando acabaron de tocar, o cuando menos, que esa música enlatada que indefectiblemente ha de sonar en todo bar de nuestros tiempos estuviese más baja y que permitiera hablar, comentar el concierto, y tomarse otra copa. No pudo ser. En cuanto acabó el concierto pusieron la música atronadora de todo bar nocturno que se precie y como para entenderse había que gritar, nos tuvimos que ir de allí. Una pena.
Me gustó la decoración tan sobria del local, ese gris homogéneo y esa geometría tan minimalista de los paneles acústicos que logran una sonoridad excelente si no perfecta. No sé quien es el decorador, pero, fachada al margen (discreta es lo más que se puede decir de ella), tiene mi enhorabuena. Se agradece que no haya recurrido a las fotos en blanco y negro de músicos negros y blancos..., que ya huelen. Había unos cuadros apaisados en la zona de la barra que no me detuve a mirar…. mejor…, ejem, pero que felizmente no llegaban a la zona del escenario, donde, por cierto, las mesas y las sillas están demasiado bien, o demasiado holgadas, porque creo que caben algunas más, o por lo menos, unos cuantos de esos taburetes que tan bien rellenan los espacios vacíos en el momento de la actuación.
Si Biri no se quema en el esfuerzo que supone haberlo puesto en marcha, no se adocena en el mal gusto y costumbres del sector, o no se duerme en el éxito económico (si es que la fortuna sonríe, cosa que deseo), creo que su bar puede hacer historia en esta ciudad.
Claro que para hacer historia con un bar de jazz no sólo hace falta una buena idea, un gran esfuerzo personal y una buena organización del día a día. Es importante que los músicos sepan entender un local de estas características donde el escenario es punto de encuentro y no una peana. Pero sobre todo, es decisivo que el público no sea borrego y gritón, y sepa estar en un sitio así. Y como eso, hoy por hoy, es mi mayor duda aquí en Logroño, creo hay que intentar apoyar esta iniciativa y a este local. Desde este LHD y desde todas los pueblos y ciudades cercanas.

Para ver la programación de actuaciones (por cierto, felicidades también por ponerlas a horas razonables/ya está bien del paletismo de empezar la noche a la una de la mañana), para enterarse de sus programaciones nusicales, datos que los de La Rioja o los De Buena Fuente no se dignan incluir en sus gloriosas páginas (al menos así fue con la actuación del pasado sábado), ya tenemos la web del bar: http://www.biribay.es/calendario.php Mucho mejor. Y es que es la misma guerra: vivan las webs de la gente que dan comunicación directa (frente a los periódicos institucionales) y vivan los pequeños locales de música (frente a la música enlatada, el canon y la madre que los parió).

(el logotipo lo he tomado de la web de Sara Ramirez, su autora; y la foto de la fachada del blog de Diego Marín, que hizo un reportaje para La Rioja sobre el bar)